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El torero José Ruiz Muñoz

El torero José Ruiz Muñoz

Entrevista a José Ruiz Muño, torero

Ruiz Muñoz, sobre la situación de su esposa con daño cerebral: «Las ayudas llegan tarde o no llegan»

«Por falta de recursos hay auténticas tragedias», denuncia el torero, que pide hacer eco de la realidad de las familias afectadas por daño cerebral

José Ruiz Muñoz es un hombre tranquilo, inteligente y consecuente con sus decisiones. Vive entregado a cuatro razones: el cuidado de su esposa –que sufre una lesión cerebral aguda–, la crianza de sus dos hijos (de cinco y dos años), el compromiso con los pacientes de parálisis cerebral adquirida y sus familiares, y su vocación de toreo, siempre el toreo.

Cuando llega el momento de desplegar el capote, de armar la muleta, de tentar en el campo, de estudiar una corrida de toros, se confirma a sí mismo en que «el toreo es un talento que Dios me ha regalado sin merecerlo, y tengo que hacerlo rendir con mis circunstancias».

El próximo 7 de febrero se celebrará en la ciudad de los Califas la II Jornada Taurina Cordobesa, uno de los encuentros más singulares de la Fiesta, pues gracias a ella la sociedad está descubriendo la fuerte ligazón entre humanismo y tauromaquia.

Este año, la Jornada se centrará en la labor social que promueve la Fiesta, es decir, en su misión de llevar a los afectados por situaciones dolorosas el calor, la cercanía y la ayuda económica de ganaderos, toreros, novilleros y rejoneadores.

El matador chiclanero participará en dicha Jornada. Su presencia no es casualidad: los lectores de El Debate han podido seguir las circunstancias profesionales y personales de este diestro, es decir, su doble empeño en abrirse paso en el escalafón taurino y en sacar adelante a una familia golpeada a causa de la parálisis cerebral adquirida por su mujer durante el parto del segundo de sus hijos.

Protagonista de las terribles dificultades en las que se desenvuelven estos pacientes y su entorno, Ruiz Muñoz ha dado un nuevo sentido a su vida profesional. Con enorme grandeza, ha decidido ligarla, de una vez y para siempre, con todos los que sufren esta contingencia.

–Y el año pasado empezó a demostrarlo, pues se encerró con cuatro toros en Guillena, una localidad vecina de Sevilla, para entregar sus emolumentos a los pacientes de daño cerebral. La corrida fue un éxito, tanto en lo taurino (Ruiz Muñoz cortó cuatro orejas) como en la involucración de la infanta doña Elena, que ejerció de presidenta de honor de la iniciativa. ¿Cómo vivió aquella cita tan especial?

–En primer lugar, quiero dar las gracias a El Debate por volver a dar visibilidad a mi situación profesional y a las necesidades por las que pasamos las familias con un paciente con daño cerebral. Como dices, fue una tarde muy especial, donde se juntaron muchas emociones. Diseñé el festejo con enorme responsabilidad, desde que la idea me vino a la mente hasta el día de hoy, en el que sigo entregado a la causa. Todas las personas que formamos parte del proyecto hicimos un trabajo intenso, y la acogida por parte de los profesionales, del público y de los medios de comunicación fue maravillosa.

Fue la primera vez que me he encerrado en solitario, toda una apuesta, ya que venía de una tarde en Sevilla que fue muy triste por las circunstancias que todo el mundo conoce. Pero en Guillena hice el paseíllo en paz. Iba a mostrar todas las dificultades que sufren estos pacientes y sus familiares, especialmente aquellas que el Estado no cubre. Mi manera de contarlo fue toreando, pues parte de la repercusión iba a depender del resultado artístico.

–Dada la cercanía con el accidente vascular que sufrió su esposa (que vive en un estado de mínima conciencia), aquel festejo taurino cumplió su papel. ¿Tiene el propósito de repetir dicha corrida de toros y de institucionalizarla cada temporada?

–¡Claro que sí! Tenemos que hacer eco de la realidad que produce la situación de estas personas: por falta de recursos, hay auténticas tragedias en los pacientes y en los familiares que los atienden. En mi caso –y solo es un ejemplo–, a dos años de aquel suceso que ha dejado a mi esposa en esta situación, no he conseguido que se resuelvan muchas de las trabas administrativas, lo que dificulta su vida y la de mis hijos.

Cuando suceden estas cosas, que rompen a la persona por dentro, es injusto que tengas que pelearte contra el muro de las instituciones públicas para, continuamente, recibir un «vuelva usted mañana».

A medida que pasa el tiempo, me he dado cuenta de que, al tratarse de una situación sanitaria de carácter grave que suele extenderse años y años, los afectados necesitamos apoyos de todo tipo. Cuidar a un paciente con estas lesiones no solo es un golpe emocional que te parte en dos, sino que no hay economía capaz de soportar los gastos que conlleva. Además, están los problemas emocionales de quienes formamos el núcleo familiar, a lo que se suma la lentitud de la administración y su falta de compromiso.

Por todo esto, hay que institucionalizar la corrida.

A través del festejo del año pasado, miles de personas quedaron impactadas por haber desconocido hasta entonces todo lo que envuelve a las lesiones cerebrales severas, información que sí existe con otras enfermedades que, gracias a Dios, cuentan con el apoyo de las instituciones, las cuales no tienen en cuenta a los miles y miles de afectados por estas lesiones irreversibles.

Las ayudas son anecdóticas, y en muchas ocasiones llegan tarde o ni siquiera llegan.

Por ello, estoy trabajando para que se repita el acontecimiento taurino y para afianzarlo en el calendario de la temporada.

–Ruiz Muñoz es el único descendiente torero de Curro Romero, figura histórica y personaje principalísimo en la historia de la Sevilla contemporánea. Podría parecer que esta relación familiar tendría que haberle facilitado el camino, pero los aficionados saben que no ha sido así, que el interés y el compromiso del Faraón de Camas respecto a su carrera ha sido, hasta el momento, un vaivén. ¿Cómo puede explicarlo?

–Mi tío ha hecho por mí lo que haría cualquier ser querido por un familiar que quiere ser torero. Ahora que soy padre, comprendo que, si mi hijo pretendiera ser matador de toros, le pondría todas las trabas posibles, hasta que me demostrara que el toreo es su vocación. En ese caso le ayudaría, pero dejándole claro que el toro pone a cada cual en su sitio.

Al respecto, ¿quién conoce mejor el mundo del toro que mi tío, que es un personaje irrepetible en la tauromaquia?

Él siempre ha querido que fuera yo quien tomara mi propio camino. Por eso me ayudó en mis inicios, que es la etapa más complicada en este oficio. Durante unos años, disfrutamos juntos en el campo. Luego, cada torero tiene su carrera y sus circunstancias, más allá de los lazos familiares que puedan apoyarle.

Por eso solo tengo palabras de agradecimiento hacia Curro Romero, al que profeso tanto respeto y admiración, que en muchas ocasiones he sentido que podía molestarle si le robaba su tiempo.

Primero lo conocí y admiré como torero, y fue el toro el que nos brindó la oportunidad de fortalecer nuestro trato familiar. Me dolió mucho no haber tenido la posibilidad de acompañarlo en el ruedo, en el día de su homenaje en la Maestranza, pero guardo en mi corazón el brindis que le hice del primer toro que maté en Sevilla.

–Después de la situación que ha padecido su esposa (las extensas paradas cardiacas durante el parto, las largas semanas en las que estuvo entre la vida y la muerte, los meses de UCI, los meses en planta, el traslado a casa…), muchos profesionales taurinos le aconsejaron que se retirara, pues el toreo exige una entrega absoluta incompatible con una situación personal tan dura y demandante. Sin embargo, a la semana de aquel triste suceso, Ruiz Muñoz se vistió de torero para actuar en una corrida televisada, siendo consciente de que en aquellas horas podía ocurrir un desenlace fatal. Para sorpresa de todos, fue uno de los grandes triunfos de su breve carrera como matador. ¿Descríbanos qué pasó en la plaza onubense de Niebla?

–Ha sido una de las más duras e importantes de mi corta carrera. Habían pasado diez días del nacimiento de mi segundo hijo, cuyo parto tuvo como consecuencia el estado actual de mi mujer. Con ella en la UCI, debatiéndose entre la vida y la muerte, fue un gran esfuerzo cumplir con mi deber profesional, aunque mi profesión me había ayudado a soportar esos hechos desgarradores.

Ten en cuenta que los toreros nos cultivamos desde pequeñitos en un sacrificio constante, muy superior al de cualquier chico de nuestra edad (decir «no» a los amigos, a muchas diversiones, a reuniones familiares… para vivir centrados en el toreo).

Mi mujer entendía mi vocación, es decir, que el torero y la persona son el mismo Ruiz Muñoz. Por eso, cuando sucedió su colapso, la persona lloraba y gritaba, y el torero tenía la necesidad de expresar su dolor en el ruedo, y eso fue lo que sucedió en Niebla.

Embistió un toro de Murube y, pese a las adversidades –también un viento huracanado y la lluvia–, surgió lo más puro que tiene la tauromaquia: un artista creando belleza.

–Los buenos aficionados están convencidos de que Ruiz Muñoz es uno de los toreros que debería entrar en el corazón de la afición sevillana, que apenas ha tenido ocasión de disfrutarlo. Lo hicieron durante la feria de 2023, en una corrida de la oportunidad (seis toreros necesitados de contratos frente a seis astados de Fermín Bohórquez), en la que la Maestranza se sorprendió del arte escondido que traía aquel hombre de aspecto gitano. Pero, un año después, con el mismo ganado y junto a dos compañeros en el cartel, el gesto con el que usted hizo el paseíllo presagiaba que las cosas se le iban a poner cuesta arriba. ¿Podría contarnos qué supuso para usted aquella tarde?

–Unos meses después de la corrida de Niebla vino la tarde en la feria de Sevilla, que fue muy compleja. El primer toro no sirvió, y cuando salió el segundo, que no ofrecía opciones de triunfo y desarrolló peligro, me derrumbé.

Al torear, reflejo mi estado de ánimo, y en esos momentos estaba muy mal por lo que estaba sucediendo en mi vida y porque se me iba aquella oportunidad de que el público me viera.

Aquella tarde supuso un antes y un después: comprendí que debía volcarme aún más con mi familia, con mi mujer y con los niños.

Como soy torero, al poco tiempo retomé los entrenamientos, volví a tentar en el campo y toreé un festival a final de temporada que me ayudó mucho anímicamente.

El fracaso debía ser un crecimiento, como persona y como artista. Por eso necesito volver a la Maestranza.

–Todo volvió a cambiar en 2025. En primer lugar, por ese inicio tan bonito de temporada que ya hemos comentado: la corrida a favor de los pacientes de daño cerebral. A partir de ahí, el mundo del toro supo que Ruiz Muñoz seguía vivo. Enseguida, por cierto, se anunció su participación en la Copa Chenel, en la que tuvo una muy buena actuación que –¡menuda lástima!– terminó en un quinario a cuenta del manejo de la espada. También pudo sumar un par de festivales, en los que ratificó que nos encontramos ante un torero con un concepto muy distinto –si en algo destaca Ruiz Muñoz, es en su personalidad artística–, que sigue acompañado por un fiel equipo de apoderados: por un lado, Luis García, «El Niño de Leganés», importante hombre de plata; y, por el otro, el escritor Miguel Aranguren. ¿A partir de ahora, de dónde parte esta temporada de 2026 y hasta dónde pretende llegar?

–Durante la temporada 2025 he ratificado que el toro es mi vida. Empecé fuerte, con el compromiso de la encerrona, y enseguida me presenté a la Copa Chenel, un certamen donde hacen las cosas con mucha seriedad. Fue una corrida fuerte, en la que me encontré muy a gusto, a pesar de que mi segundo toro no cayera después de dos espadazos. Me tocaron tres avisos, algo muy doloroso.

Sin embargo, aquel animal me dio mucha moral, pues tuvo muchas complicaciones y di un paso adelante.

Desde entonces, conté con «El Niño de Leganés», un gran profesional que confía en mí, que respeta mi situación personal, que me entiende y, sobre todo, que me aporta en la técnica y la mentalidad. Luis y Miguel Aranguren, que lleva varios años a mi lado, son el engranaje perfecto para mi carrera.

Aunque la temporada no vino cargada de festejos, estos han tenido el sentido que busco. En la despedida del maestro Martín Pareja Obregón, un festival en Higuera de la Sierra televisado por Canal Sur, cuajé un novillo de Manuel Blázquez. En otros dos festivales, me vi frente a unos animales fuertes.

Y qué mejor manera para despedir el año que un festival junto a los alumnos de la escuela taurina de Algar, de la que soy profesor. Toreé un novillo de Santiago Domecq al que se le perdonó la vida.

–La plaza de toros de la Maestranza ha vivido un hecho histórico: después de casi cien años, los maestrantes han confiado su gestión a un nuevo empresario, José María Garzón, al que le definen la juventud con la que empezó en la organización de festejos taurinos, la seriedad en su trato con ganaderos, toreros y aficionados, los actos de promoción taurina en las ciudades donde gestiona plazas de toros y su gusto por el toreo de cante grande. ¿Ha tenido posibilidad de hablar con él?

–José María se lo merece. Lleva muchísimos años realizando una labor empresarial muy buena. Lo demuestran los números. Por eso los maestrantes han confiado en él. Eso sí, tiene una labor muy compleja por la exigencia de la plaza de Sevilla.

Por cierto, esa exigencia es la misma para todos: empresario, toreros y ganaderos.

Por mi experiencia, José María es una persona muy cercana; he tenido la suerte de hablar con él y desearle la mayor de las suertes.

Y aprovecho esta oportunidad para decirle que aquí está Ruiz Muñoz, deseando pisar de nuevo el albero más maravilloso del mundo.

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