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Dolly Parton en 1987

Dolly Parton en 1987GTRES

Dolly Parton, el auténtico sueño americano cumple 80 años

Nació en una cabaña en los Apalaches sin agua corriente, como si fuera un personaje de la novela superventas, también película, del actual vicepresidente de Estados Unidos, J.D. Vance: Hillbilly, una elegía rural

Dolly Parton es sueño por lo típico. El sueño americano: niña pobre, pobrísima, que con su talento, inteligencia y personalidad acaba convirtiéndose en uno de los símbolos más absolutos de esa «América» orgullosa de llamarse como todo un continente.

Pero Dolly Parton también es sueño por su valor real. Por el encanto que viene de la voz superior, de su impronta, de una simpatía irrenunciable, de un poderío inatacable. A Dolly Parton la adoran en Estados Unidos, en «América», porque les representa con intangibles de un tangible esplendoroso.

Nació en una cabaña en los Apalaches sin agua corriente, como si fuera un personaje de la novela superventas, también película, del actual vicepresidente de Estados Unidos, J.D. Vance: Hillbilly, una elegía rural. Su diferencia construyó su personaje. Se hizo fuerte en sus carencias, en la pobreza, en su pequeñas conquistas.

Exprimió sus limitadas posesiones, su escasez, para hacerla riqueza con coraje y alegría. Se reían de ella, pero nunca le importó, segura de sí. Siguió adelante haciéndose a sí misma, haciendo «América». Se puso a cantar en la calle, música callejera. Se fue a Nashville en busca de una oportunidad, con lo puesto que era todo.

«Nada ni nadie ha podido interponerse en mi camino ni en el de mis sueños». Y era cierto. Fue subiendo poco a poco, desde las giras con Porter Wagoner, con quien salió tarifando por el empuje incontenible de la Parton que ya en los 70 se convirtió en una estrella, como un árbol duro y fuerte y grande que crece y no se advierte su fin.

Fue estrella de Hollywood en los 80, cuando todo un país ya la había visto crecer casi definitivamente en esa forma final que nunca existirá. Madrina de Miley Cyrus, como curiosidad, ya tiene 80 años y continúa y toda «América» tiene grabado a fuego ese timbre y esos tiempos, esa melena rubia platino, joya, que la hace, junto a todo lo demás, tesoro nacional.

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