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Imagen de Balkan Erotic Epic de Marina AbramovicTeatro del Liceu

El nuevo desvarío de Marina Abramović, «maestra» de la 'performance', se estrena en el Liceo

Balkan Erotic Epic es el nombre de la obra de más de cuatro horas de duración que no permite la entrada a menores por sus desnudos integrales o escenas sexuales explícitas, entre otros números e imágenes inclasificables

Que nadie diga nada negativo sobre Marina Abramović. No hay nada como crearse un prestigio inentendible para vivir de lo grotesco para siempre. Y hasta conseguir un Premio Princesa de Asturias.

Paolo Sorrentino la retrató con sorna de precisión en La Gran Belleza. La artista que se lanzaba corriendo y desnuda contra el acueducto romano sobre una plataforma y se golpeaba en la cabeza envuelta con un velo.

El golpe causaba impresión entre el público sentado sobre una verde ladera al atardecer. La artista caía al suelo, aturdida y ensangrentado el velo y, pasados unos segundos, se incorporaba y gritaba: ¡No os quiero nada! Y eso es todo.

La «vibración»

El silencio se apodera de la escena, hasta que comienzan los aplausos y los «bravo». Mientras tanto, el protagonista de la película, el escritor y periodista Jeb Gambardella, observa anonadado lo que acaba de suceder.

La artista vive en una tienda de campaña a modo de tipi indio, lleno de alfombras y velas. Allí Gambardella la entrevista y ella le dice que no necesita leer, sino que su arte se alimenta de vibraciones.

Cuando le pregunta qué es una vibración, ella dice que la poesía de la vibración no puede describirse con la vulgaridad de las palabras. La artista comienza a mostrarse incómoda con la ironía de Gambardella.

Insiste en que le explique qué es una vibración, ella accede y dice: «Es mi radar para interpretar el mundo». El otro no entiende nada y le dice que sus lectores son personas serias, y entonces se muestra agresiva y triste al no conseguir hablar de las tonterías ininteligibles de las que quiere hablar.

Le amenaza con hablar con su editor y en la siguiente escena se ve a la editora elogiar a Gambardella y partiéndose de la risa con la entrevista.

El retrato sorrentiniano de Abramović es demoledor y se diría que absolutamente fiel al recordar sus obras y, en concreto, la última expuesta en el Liceo de Barcelona y titulada Balkan Erotic Epic, es decir Erótica Épica Balcánica.

Una cosa que no se sabe lo que es, como las vibraciones, además de una cosa fea, desagradable, que no hay forma de entender precisamente sin las palabras de explicación que la acompañan, aunque en realidad lo que hacen es aumentar el barullo de conceptos y casi superchería.

Sensualidad, erotismo y performance en los Balcanes. Todo supuesto, claro. Porque «explican» lo que se ve que a pesar de todo no se sabe qué es. «Tradiciones folclóricas», «violencia y poder». Se pretende «desafiar la percepción», pero más que desafiar la retuerce en un tostón de dimensiones (y duración: cuatro horas) épicas.

Eso sí que es épico y no la exposición a la que acompaña el habitual lenguaje del tipo: «La obra explora cómo el deseo, la pasión y el poder se entrelazan de manera compleja, desafiando las convenciones de género y sexualidad...», donde no pueden entrar los menores de 18 por sus desnudos integrales y sus escenas sexuales explícitas.

O: «...un uso simbólico del espacio y la iluminación para reforzar su atmósfera visceral y conmovedora...«. »Gramática plástica«, »reivindicación feminista de alto voltaje«. »... los cuerpos de los performers, completamente involucrados en una serie de rituales, movimientos y gestos que a menudo rozan la frontera entre lo grotesco y lo sublime».

Lo grotesco, más bien, donde lo «sublime» se añade como parte del «prestigio inentendible» o como causa del «prestigio inentendible» en un caos artístico sin género y con mucha provocación gratuita carente de la más mínima percepción, entre tantas percepciones, de belleza.