La Dama de Elche en el Museo Arqueológico Nacional
Así fue la compleja negociación hace 85 años entre España y Francia para recuperar la Dama de Elche
La Dama de Elche volvió a España hace 85 años a cambio de obras de Goya, El Greco y Velázquez
El regreso de la Dama de Elche a España, del que ahora se cumplen 85 años, fue uno de los hitos de recuperación de patrimonio histórico-artístico más importantes de nuestra historia.
En un país donde el descontrol, los intereses egoístas de administraciones y particulares, y el apetito insaciable de coleccionistas extranjeros sin escrúpulos, provocó durante décadas importantes daños en el patrimonio, el regreso a España de un icono como la Dama de Elche se recibió como un verdadero triunfo.
Sin embargo, el regreso de la escultura íbera no respondió a una restitución sin condiciones, sino que fue el resultado de una compleja operación de intercambio artístico entre el régimen de Franco y el Gobierno de Vichy en plena Segunda Guerra Mundial.
Lejos de tratarse de una simple devolución, la operación implicó la cesión de destacadas obras del patrimonio español a cambio de la emblemática escultura íbera y otras piezas de gran valor histórico.
En concreto, España entregó a Francia un retrato de Velázquez, una pintura de El Greco, un tapiz de Goya y diversos objetos artísticos. A cambio, obtuvo la Dama de Elche, una obra de Murillo y varios tesoros visigodos. Aunque el Ejecutivo de la época presentó el acuerdo como un rescate patrimonial, la realidad fue distinta.
Tal como explica a Efe la ayudante de museo del Departamento de Protohistoria y Colonizaciones del Museo Arqueológico Nacional, Esperanza Manso, «lo cierto es que fue un importante intercambio de piezas artísticas de gran valor».
A comienzos de la década de 1940, el Estado español puso en marcha un servicio de recuperación artística con el objetivo de localizar y repatriar obras que habían salido del país durante la Guerra Civil y en los años previos, en un contexto de desprotección del patrimonio.
En ese marco se planteó la negociación con Francia, concebida desde el inicio como un canje de bienes culturales.
España elaboró entonces un extenso inventario con las piezas que aspiraba a recuperar. Entre ellas figuraban la Dama de Elche, los sillares de Osuna y las esfinges de El Salobral, todas pertenecientes al arte íbero y que habían abandonado el territorio nacional sin garantías legales.
En algunos casos, como el de la Dama, las piezas habían sido adquiridas por arqueólogos franceses, que pagaron alrededor de 5.000 pesetas por la escultura, según precisa Manso.
En otros, como ocurrió con los arqueólogos Pierre Petit y Arthur Engel, estos habían comprado los terrenos donde realizaban excavaciones, de modo que los hallazgos pasaban automáticamente a ser de su propiedad.
Tras prolongadas conversaciones diplomáticas, el acuerdo se concretó. España cedió el Retrato de Mariana de Austria, de Velázquez; un Greco «a escoger»; y una parte de la tienda de campaña de Francisco I, capturado por Carlos V en la batalla de Pavía en 1525.
Finalmente, la obra seleccionada de El Greco fue el Retrato de Antonio de Covarrubias conservado en el museo de Santa Cruz. En lugar de enviar la mitad de la tienda de Francisco I, se optó por remitir el tapiz La riña en la venta nueva, de Goya.
El primer envío relevante desde Francia llegó en octubre de 1940. Entonces arribó a España la Inmaculada de Murillo, considerada «la imagen más perfecta de la Patrona de España», junto con unas 60 cajas de obras que los republicanos habían trasladado al país vecino durante la contienda civil.
Meses después, en febrero de 1941, regresó por fin la Dama de Elche acompañada de numerosas piezas íberas. En 1943 se sumó parte del Tesoro de Guarrazar, aunque, como advierte Manso, «no todo, aún quedan bastantes piezas del tesoro en Francia».
La escultura había permanecido 44 años en Francia. Inicialmente fue exhibida en el Museo del Louvre y, durante la Segunda Guerra Mundial, fue trasladada al castillo de Montauban junto a otras obras destacadas para preservarlas de los riesgos bélicos.
Ocho décadas y media después de su retorno, la Dama de Elche vuelve a exponerse junto con piezas procedentes del Louvre.
Con motivo del aniversario, el Museo Arqueológico Nacional acoge la exposición ‘Diálogos de escultura ibérica. El Museo del Louvre en el Museo Arqueológico Nacional’, en la que la escultura se presenta rodeada de diez obras íberas cedidas temporalmente por la institución francesa.
El conjunto incluye la Esfinge de Agost, la Esfinge de El Salobral, dos sillares tallados del monumento A de Osuna, varias cabezas del Cerro de los Santos y la Dama del Llano de la Consolación, entre otras piezas vinculadas al mismo contexto arqueológico.
Muchas de ellas compartieron espacio expositivo en París hasta 1936 y ahora permiten un simbólico «reencuentro» de conjuntos y series escultóricas del mundo ibérico peninsular.
En palabras de Manso, «son todo piezas que se hallaron junto a las nuestras; son como las hermanas que faltaban de los monumentos que ya tenemos aquí en el Museo Arqueológico Nacional».
Un reencuentro que, más allá del simbolismo, recuerda que el regreso de la Dama fue fruto de una negociación compleja y de un intercambio que marcó un capítulo singular en la historia del patrimonio artístico español.