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La secretaria política de Podemos y eurodiputada, Irene Montero, el pasado octubre

Irene Montero es una firme partidaria del «género inclusivo» como alternativa al genéricoEuropa Press

El argumento lingüístico que desmonta el femenino genérico y otras modas del lenguaje 'woke'

Los intentos de imponer un supuesto lenguaje inclusivo para eliminar el masculino genérico han fracasado por que se han encontrado con la realidad: el masculino genérico ya es inclusivo

Parece una frase sacada de alguna terrorífica distopía de Aldous Huxley, pero es una frase que define la España real: «La necesidad de que en todas las etapas educativas, de forma obligatoria, nuestros hijos, hijas e hijes tengan derecho…». El entrecomillado es de una intervención de la exministra de Igualdad, Irene Montero en el Congreso de los Diputados.

En los últimos años, coincidiendo con la entrada primero de Podemos y luego de Sumar en el Gobierno de Pedro Sánchez, se ha generalizado en una parte de la izquierda el uso del femenino o de fórmulas más peregrinas (‘hijes’, ‘hijxs’ o ‘hij@s’) como alternativa al masculino genérico.

El mismo Podemos, partido que con más ahínco ha promovido estas aberraciones lingüísticas, se bautizó con el nombre de «Unidas Podemos» tras su acuerdo electoral con Izquierda Unida, y sus dirigentes suelen emplear el femenino para referirse a un conjunto de personas en las que hay hombres y mujeres o, incluso, solo hombres.

Son propuestas que han dejado atrás a la moda de la doble mención, masculino y femenino, en discursos políticos, artículos periodísticos y hasta en textos escolares, que se generalizó hace años. Lo farragoso de desdoblar el género constantemente, dio lugar a discursos largos, farragosos, difíciles de comprender y con propensión a errores ridículos como «jóvenas» o «miembras».

Sin embargo, hay un argumento lingüístico, que la Real Academia Española ha enfatizado en varias ocasiones, que desmontan la moda woke del femenino genérico o del desdoblamiento de género.

En su Glosario de términos gramaticales, la RAE recuerda que el masculino genérico es el «uso del género masculino en nombres animados para hacer referencia a individuos de uno u otro sexo».

Además, en el libro El buen uso del español, la RAE incide en que «en la designación de seres animados, sean humanos o no humanos, los sustantivos de género masculino no solo se emplean para referirse a los individuos de ese sexo, sino también –en los contextos apropiados– para designar a los individuos de la especie, sin distinción de sexos».

Y es que «el masculino es en español el género no marcado, y el femenino, el marcado». Y pone la RAE un ejemplo muy claro: «Su último hijo ha sido una niña». Nada que objetar, es gramaticalmente impecable.

La RAE recuerda que el masculino genérico «es habitual en las lenguas románicas», aunque no sólo.

Alex Grijelmo, defendió desde su columna en El País en 2022, en un artículo titulado Contra le expresión ‘masculino genérico’, el carácter inclusivo del, según él, mal llamado «masculino genérico».

En su hipótesis defiende que debería llamarse únicamente «genérico», ya que tiene un origen indoeuropeo previo al desdoblamiento en géneros.

Y es que, recuerda el periodista y escritor, primero nació el «genérico» como forma de referirse a los seres animados en contraposición de los inanimados.

A partir de ese género para referirse a los seres animados se formó, cuando la mujer empezó a desempeñar un papel central en las primeras sociedades sedentarias indoeuropeas, el género femenino. Para el género masculino, sin embargo, se mantuvo el genérico.

Esa particularidad en el origen se mantuvo en las lenguas surgidas de la primigenia lengua indoeuropea, como el latín, y del latín pasó a las lenguas romances, como el español.

La misma RAE recordó esa particularidad en una respuesta a una tuitera en la que preguntaba que «si el masculino puede emplearse para referirse a seres de ambos sexos, ¿por qué el femenino no?».

En su respuesta, la RAE recuerda que «el funcionamiento del sistema lingüístico no lo decide nadie. Es fruto de su evolución histórica a lo largo del tiempo. El sistema de género del español, como el de otras lenguas romances, evolucionó desde el latín, lengua de la que deriva».

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