Feria francesa (1876), de Francisco Manuel Oller y Cestero
'Feria francesa': primera pintura de un puertorriqueño que el Prado adquiere para su colección
La obra, adquirida en subasta, podrá verse en una sala del Museo dedicada a artistas españoles y extranjeros vinculados a París
El Museo Nacional del Prado ha incorporado a sus colecciones una obra del artista puertorriqueño Francisco Manuel Oller Cestero (1833 - 1917), primer artista natural de la isla que pasa a formar parte de los fondos de la pinacoteca. La obra en cuestión, Feria francesa, constituye una obra inédita que ha sido comprada en subasta, explica la pinacoteca, y que podrá verse a partir de ahora en una sala del Prado dedicada a artistas españoles y extranjeros vinculados a París.
Francisco Manuel Oller Cestero fue uno de los pocos artistas latinoamericanos relacionado con la vanguardia parisina del siglo XIX, desarrollando una trayectoria marcada por sus estancias en París, donde mantuvo contacto con artistas como Camille Pissarro y Paul Cézanne. Este óleo es uno de los escasos ejemplos conservados de esta etapa y demuestra el «dominio técnico» de Oller en la representación de la luz y el movimiento.
El pintor puertorriqueño Francisco Manuel Oller Cestero
Su obra ocupa un lugar singular en la historia del arte al combinar las búsquedas del impresionismo francés con motivos y sensibilidades caribeñas. «Su presencia refuerza la vocación del museo por ampliar su mirada hacia creadores que, desde diferentes orígenes, contribuyeron a la transformación del arte moderno», añade en un comunicado.
Oller Cestero en París
La pintura representa una parada de circo en plena actividad, con un tiovivo, el anuncio del espectáculo circense, tenderos y visitantes que se distribuyen en distintos planos de profundidad. Feria francesa ha sido restaurada para «recuperar su vitalidad cromática» y pertenece a una de las estancias en París de Oller Cestero, en la que Oller exploró escenas urbanas animadas, mercados y espacios de encuentro social.
«Oller utiliza una pincelada ágil y vibrante, con predominio de grises, ocres y tonos suaves que evocan la atmósfera húmeda y cambiante de París. Los edificios, pintados con trazos rápidos, actúan como marco para los personajes, tratados con una atención especial a gestos, indumentarias y relaciones entre ellos», explica el Prado.