Rafael Núñez Huesca en la redacción de El Debate
Rafel Núñez Huesca: «El impacto de la leyenda negra ha sido devastador en el ánimo de los españoles»
El Debate entrevista a Rafael Núñez Huesca, ganador del III Premio de Ensayo Sapientia Cordis, que convoca CEU Ediciones, por su libro 'La nación sin autoestima'
El Premio de Ensayo Sapientia Cordis, que convoca CEU Ediciones, se ha convertido en su tercera edición en un referente de los premios de ensayo nen España.
El ganador de la edición de 2026 es Rafael Núñez Huesca, periodista y portavoz adjunto del Partido Popular en la Asamblea de Madrid.
Su libro La nación sin autoestima, donde defiende que la falta de autoestima de los españoles se encuentra en el fondo de la crisis de identidad nacional de España, ha sido seleccionado por el jurado como la obra merecedora del galardón.
En La nación sin autoestima Rafael Núñez Huesca bucea en las causas que han llevado a una nación, que un día fue el imperio más poderoso sobre la tierra, en abdicar de su pasado, sus hazañas y su legado. En definitiva, realiza un diagnóstico de la grave crisis nacional que padece España en 2026, sus causas y consecuencias.
Pero es también un llamamiento a la esperanza pues, como señala el autor, ganador del III Premio Sapientia Cordis, España necesita una sacudida.
—En el libro profundiza en las causas de la crisis de identidad de España. ¿Cómo pasa España de ser un imperio orgulloso a tener a una parte de su población que odia ser español?
—La pregunta es complejísima, y desborda incluso al propio libro de La nación sin autoestima. Al principio del libro tomo algunos testimonios reales de militares, oficiales, funcionarios del imperio español en los siglos XVI y XVII y se apreciaba en ellos la arrogancia que se aprecia hoy en los norteamericanos. Una vanidad nacional que es propia de los imperios.
De eso pasamos al siglo XIX donde «son españoles los que no pueden ser otra cosa»: el apocamiento, a la desmoralización y, en definitiva, la falta de autoestima que yo denuncio en el libro. ¿Qué ocurre en ese período? Ocurre un siglo XVIII y, particularmente, un siglo XIX singularmente nefasto para nuestro país.
Rafael Núñez Huesca durante la entrevista
Pero el origen, la génesis –al menos es la tesis de Elvira Roca Barea (en Imperiofobia y leyenda negra) a la que yo me adhiero–, es el cambio de dinastía. En 1700 los Borbones, con su Corte ilustrada, llegan a España y hacen una enmienda a lo que había sido y representado España en la historia hasta ese momento.
Durante el imperio la leyenda negra existía, pero el imperio estaba blindado frente a esa guerra de papel
Eso produce una conmoción en las élites que, durante ese siglo XVIII, van asumiendo esa leyenda negra y la van interiorizando, la van somatizando. Hay que recordar que durante el imperio la leyenda negra existía, pero el imperio estaba blindado frente a esa guerra de papel que inician los protestantes y los flamencos.
Cuando el imperio empieza a menguar, a declinar, a languidecer, es cuando las élites –hablo de las élites– empiezan a asumir, de alguna manera, esos discursos que situaban a España como un país esclavo de la superchería, católico hasta el extremo –entendido lo católico como una cuestión peyorativa, que es como se entendía en la Ilustración francesa–. Podría decirse que es en 1898, final del siglo XIX, cuando se alcanza el éxtasis de la crisis nacional española: el Desastre
Luego vendría, casi 40 años después, una guerra civil que volvería a alimentar la tesis del excepcionalismo español y del predeterminismo: España estaría predeterminada a un futuro oscuro, casi como una cuestión genética.
Lo que denuncio en el libro es el proceso histórico que nos ha llevado hasta aquí y que hay que sacudirse.
—¿Hasta qué punto la leyenda negra ha tenido ese poder de influir negativamente en la autoestima de los españoles, en su identidad nacional?
—La tesis del libro dice que todos los problemas de España, y singularmente los más graves, son consecuencia de una falta de autoestima nacional. Esa falta de autoestima existe. El problema separatista en España, tanto el vasco en su versión asesina, como el catalán, es también consecuencia de una falta de autoestima nacional, de una falta de patriotismo dinámico, vigoroso.
Esto es consecuencia de un proceso histórico, no aparece de buenas a primeras, no emerge sin razones y sin causas. Hay razones históricas, hay causas históricas que es preciso identificar, diagnosticar para poder revertir.
Son demasiados siglos escuchando opiniones negativas sobre la esencia misma de España
La leyenda negra, y se ha escrito mucho desde el clásico de Juderías en 1916 hasta nuestros días, es de sobra conocida, y, frente a lo que pueda pensar la gente, su impacto ha sido devastador en el ánimo de los españoles. Son demasiados siglos escuchando opiniones negativas, no sobre un aspecto coyuntural de la sociología española, sino sobre la esencia misma de España.
Ese tipo de discursos y de relatos, primero con los protestantes, luego con la Ilustración francesa, la Enciclopedia, los viajeros románticos en el XVIII y el XIX… Todo ese tipo de discursos acaban permeando en el ánimo de los españoles y acaban asumiendo que su país es un país falto de ánimo, falto de ambición y con un pasado equivocado.
Incluso los patriotas a los que yo llamo críticos, es decir, españoles de los que no se puede dudar de su patriotismo, como Pérez-Reverte, ponen de relieve en su obra que España es un país que se ha equivocado en sus grandes decisiones nacionales: se equivoca de Dios en Trento y se equivoca de enemigo en la lucha contra Napoleón, contra los franceses.
De manera que España, si bien sería un país aguerrido, bravo, animoso, romántico…, en el fondo sería un país equivocado, una suerte de «buen salvaje» europeo, con sus cualidades y sus virtudes, pero que, en el fondo, habría tomado decisiones catastróficas a lo largo de su historia.
–Se percibe un cierto clima de 'Crisis del 98' en la España de hoy, como si la existencia de la nación española estuviera en serio riesgo, al borde del precipicio. ¿A qué se debe esa percepción?
–Estamos en un momento de crisis constitucional, un momento de crisis institucional, un momento de crisis demográfica… En España en el año 2026 confluyen muchas crisis. Al contrario que en otras crisis recientes, que tenían únicamente que ver con lo material, con los dineros, con lo económico –hablo del año 2008 o de la crisis de principios de los 90–, el actual momento histórico es particularmente grave porque en él confluyen muchas crisis de manera simultánea sobre un mismo país que parece haber perdido su propósito histórico.
El primer gobierno de Rodríguez Zapatero rompe todos los consensos que se forjaron durante la Transición
El mito fundacional español moderno es la Transición Española, el éxito de la Transición Española, el éxito de la reconciliación y el éxito de la integración en Europa. Esto queda seriamente dañado con el primer gobierno de Rodríguez Zapatero, que rompe todos aquellos consensos que se forjaron durante la Transición, y ha quedado definitivamente arrasado con el Gobierno de Pedro Sánchez.
Rafael Núñez Huesca es el ganador del III Premio 'Sapientia Cordis'
Esto hace de España un país desarraigado, un país territorialmente debilitado, un país geopolíticamente desnortado, un país demográficamente en estado comatoso, y un país económicamente sin rumbo.
No funcionan ya las industrias de servicios que nos funcionaron durante los 80, 90 y principios de los 2000. De manera que España necesita agitarse y necesita reconstruirse. Y nunca mejor empleada la metáfora reconstrucción, porque la reconstrucción ha de ser no sólo desde un punto de vista institucional, económica y moral, también desde un punto de vista físico.
Hablo de que la degradación y la decadencia del país afecta también a cuestiones materiales como son sus infraestructuras, las que un día proyectaron al país hacia el top de las economías más pujantes del mundo.
Hoy vemos cómo los grandes orgullos del país, como era la alta velocidad, nuestra red de autopistas y carreteras o nuestras infraestructuras hidráulicas, languidecen al borde del tercermundismo. Eso también hay que abordarlo.
Pareciera que el país, efectivamente, estuviera al borde de una crisis integral, general, similar a la del 98.
–¿Es el Gobierno de Sánchez un síntoma de esa crisis de identidad en España, de esa falta de autoestima?
–El Gobierno de Sánchez es a la vez causa y consecuencia de un proceso de desmoralización nacional. Sobre todo, en los últimos años, ha sido causa. Causa porque ha abdicado de todas las cuestiones que podían hacer de España un país exitoso, vanguardista u orgulloso en el mundo. Empezando por el aspecto geopolítico, donde somos irrelevantes y estamos situados en una suerte de altermundismo.
Pareciera que somos ajenos al proyecto europeo, y, por supuesto, no solo ajenos, sino hostiles al atlantismo y a la administración norteamericana. El Gobierno de España se adhiere a políticas frentistas con gobiernos populistas hispanoamericanos.
La falta de autoestima de España y de su proyecto nacional explica también la abdicación frente a los adversarios geopolíticos
Esto, desde luego, es inédito, como es inédito el cambio de posición respecto del Sahara y el alineamiento con Marruecos. Una potencia, por cierto, emergente, una potencia que compite con nuestro país desde muchos puntos de vista, en la industria pesada, pero también en la industria agroalimentaria, y que además tiene a más de un millón de sus nacionales viviendo en nuestro país, y no hay que olvidar que es una potencia que tiene reclamaciones explícitas sobre plazas de soberanía española.
La falta de autoestima de España y de su proyecto nacional explica también la abdicación frente a estos adversarios geopolíticos.
–Estos días ha estado de actualidad la propuesta de prohibición del velo islámico integral, como el burka o el niqab. Algunos políticos, principalmente de formaciones de izquierda, defienden la libertad de usarlo en los espacios públicos. Son políticos que, curiosamente, han defendido limitar las expresiones religiosas católicas en el espacio público. ¿Es cristianofobia o una hispanofobia alimentada por la relación histórica entre España y la Iglesia católica?
–Yo creo que la segunda posibilidad. Cuando hablo en el libro de que la izquierda es ya descaradamente hispanófoba, no lo fue siempre, pero sí lo es hoy, esa fobia o ese rechazo a tu propia identidad incluye entre sus elementos el elemento católico.
España, yo creo que es innegable, es una nación de base católica, y, además, lo es por voluntad propia, porque hay otras naciones en Europa y en el mundo que son de base cristiana por avatares y coyunturas. En el caso de España lo es a fuerza de guerrear durante 700 años para volver a una identidad romano-gótica y cristiana.
Esa identidad forma parte de España desde los visigodos, y en tanto que parte integral, nuclear, de la identidad española, una parte de la izquierda siente rechazo y siente ajenidad. Necesita que esa herencia cristiana desaparezca, minusvalorarla, orillarla… Y al mismo tiempo, necesita abrazar otras religiones que históricamente han estado compitiendo, incluso en el campo de batalla, en nuestro país.
Por lo tanto, parce bastante lógica la posición de la izquierda respecto del burka y del niqab como parece bastante lógica que cualquier persona, sin adscripción política alguna, pero con algo de sentido común, entienda que las mujeres, sean de donde sean, tengan la edad que tengan, no pueden ir completamente veladas por la calle. Y ya no hablo de cuestiones religiosas, hablo de cuestiones de dignidad, de derechos humanos y también, por qué no decirlo, de seguridad. La gente debe ir con el rostro descubierto por la calle, sólo faltaba.
—Hablando del Premio Sapientia Cordis, ¿qué hace a este premio diferente de otros premios de ensayo?
—Yo, este libro, La nación sin autoestimo, lo tengo escrito en mi cabeza, con sus capítulos y sus conclusiones, desde hace cuatro o cinco años, pero no me había detenido unos meses a escribirlo y a darle forma. Si lo he hecho es porque existe un premio que se llama Sapientia Cordis que me estimuló a hacerlo, además de otras muchas personas que me animaron a hacerlo, y esto, ya de por sí, da sentido a un premio.
Entiendo que los premios lo que buscan es estimular la creatividad y, además, en este caso en particular, y atendiendo a la pregunta que me haces, es un premio que solo se me hubiera podido conceder en una institución como esta porque lo que pretende es conmover algunos pilares incómodos.
Este libro es, en primero lugar, un lamento de una situación, un diagnóstico duro de la situación reciente del país, pero también es una propuesta. Una propuesta que apuesta por España, por su identidad histórica, por sus raíces como lanzadera para el futuro.
Gracias a que existe este premio, ensayos como este tienen y van a seguir teniendo salida, y van a poder seguir siendo premiados.
Por lo general la izquierda domina gran parte de las industrias culturales y del entretenimiento, casi en régimen de monopolio. Que aparezcan premios y reconocimientos como este es un cauce para que muchas personas nos animemos también a trabajar y a reivindicar una serie de ideas que creemos que son las más virtuosas para nuestra sociedad.
–Durante la entrega del premio usted se lo dedicó al Rey Felipe VI. ¿Por qué cree que hoy es más importante que nunca reivindicar la monarquía en España?
—Yo soy portavoz adjunto en la Asamblea de Madrid y, por lo tanto, soy político. No me resulta ajeno que los políticos somos uno de los grandes problemas, a juicio de los españoles, en todas las encuestas. El Rey de España está por encima de los políticos. El Jefe de Estado, además la Constitución así lo ubica, está al margen de la refriega política. Actúa como árbitro, como mediador, y España, más que ningún otro país, necesita una figura neutral y aséptica como la del Rey.
Desde un punto de vista de las necesidades interiores del país, más que nunca, pero también desde un punto de vista exterior y geopolítico. Es el mejor de nuestros embajadores pero, sobre todo, y siendo coherente con la línea del libro, Felipe VI es el eslabón de una estirpe que hunde sus raíces en Covadonga hace 1.400 años.
España no se entiende sin su monarquía. España no se entiende sin algunas poquitas cosas. España no se entiende sin su base cristiana, no se entiende sin sus mestizajes, no se entiende sin su vocación de desbordar sus propios límites territoriales, no se entiende sin una lengua franca que hablan 600 millones de personas, no se entiende sin su Marina, que ha sido, probablemente, la más gloriosa de las que han navegado los mares, y no se entiende sin su corona.
Las dos experiencias republicanas que ha padecido el país no auguran nada bueno a nadie que quiera sustituir al Rey de España. De manera que es nuestra garantía, estuvo en los momentos (hablo de Felipe VI) más oscuros y más convulsos del país, dando ánimo, dando aliento, y no me cabe duda de que estará en los momentos que vengan dando consuelo, como ha ocurrido hace pocas semanas con los accidentes de los trenes, y cada vez que el país lo necesita.
Es por esa razón por la que yo ofrezco este libro a Su Majestad el Rey de la misma manera que Julián Juderías ofreció La leyenda negra, su clásico de 1916 al bisabuelo del actual Rey, Alfonso XIII.
Salvando las distancias, yo no tengo ni la erudición ni el talento de Juderías, pero quería que también este libro sirviera de reconocimiento a la figura del Rey, Felipe VI, a la que va a ser su heredera, pero, sobre todo, a toda una estirpe y una tradición de reyes y reinas de España que son los que han moldeado el devenir histórico de nuestra nación.