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De las Humanidades de un niño de los ochenta a la «influencer» que en 2026 no entiende 'Cumbres borrascosas'

No se puede imaginar mayor fortuna de aprendizaje que haber podido tratar con tantos «Quijotes» musicales y libretistas que ayudaron a comprender el mundo, las palabras, los sentimientos y el arte

Escena de Cumbres borrascosas (2026)GTRES

Referirse a las Humanidades en el mundo de hoy es como referirse a la Paleontogía si se va suponer que en el mundo de hoy se sabe qué significan ambas disciplinas o ciencias, o incluso mejor si no se sabe.

En la clásica serie Friends, el grupo de amigos solían mofarse (con cariño) de Ross por ser paleontólogo, en el sentido de lo aburrido de trabajar con huesos prehistóricos en un museo. Las Humanidades en el XXI del TikTok van por ahí.

La diferencia es que unos «Friends» del presente no se reirían de los Humanidades, sino que, mayormente, desconocerían su existencia y por consiguiente su valor. Con Alberto Ruiz-Gallardón habló recientemente César Wonenburger, crítico musical de El Debate.

El abogado, expolítico y exalcalde de Madrid, habló de su formación musical escolar en su colegio, Nuestra Señora del Recuerdo, y de la importancia que aquella educación tuvo en su futuro. Habló de César Sánchez, su profesor y director y fundador de la Escolanía del mismo colegio y de la Sagrada Familia de Madrid.

A esta última, testigo directo, perteneció este escribiente, quien solo puede confirmar la inmensa suerte que fue vivir aquella experiencia inolvidable con César Sánchez como profesor y director, de aproximadamente un lustro. Toda la educación y la sensibilidad. La vida entera marcada para mirar para siempre las cosas con ojos distintos.

Una joven «influencer» casi se vanagloriaba hace unos días de no entender el lenguaje de la novela Cumbres borrascosas y pedía que se adaptara el lenguaje (en vez de esforzarse ella), la novela, para poder entenderla. Decía que no tenía la culpa de que a generaciones las hubieran obligado a leerse El Quijote con trece años.

Uno mismo, más de treinta años después, no puede imaginar mayor fortuna en su aprendizaje que haber tenido que tratar con tantos «Quijotes» musicales y libretistas que le ayudaron a comprender el mundo, las palabras, los sentimientos y el arte. Una suerte que es evidente que no ha tenido la joven que no entiende Cumbres borrascosas.

«Quijotes» como Werther de Goethe y de Massenet, Boris Godunov de Pushkin y Mussorgski, La Bohéme de Puccini, el «wagnerianismo» de Arrigo Boito y su Mefistófeles, libretista de Otelo a quien puso música Verdi, La dama de picas, otra vez de Pushkin y escrita en la partitura por Chaikovski. El Wozzeck de Büchner y Alban Berg...

Las letras y la escena, el canto, la memoria, las lenguas. Entonces tampoco se entendía nada, pero quedó todo. Uno no puede hablar en diez lenguas, pero sí puede decir que puede cantar obras maestras (ya tararear) en diez lenguas como si fuera un milagro. Puede decir que muchos de sus patios de juego de la infancia fueron los de los teatros.

Puede recordar cómo Montserrat Caballé le decía que comiera mandarinas en su camerino mientras reía y puede decir que el mayor y mejor lugar de recreo, el más emocionante, el más exclusivo, fue el Teatro de la Zarzuela de Madrid vacío para él solo y para sus amigos entre ensayo y ensayo. Estas son vivencias imperecederas, pero lo mollar está en las sensaciones que prendieron para siempre por dentro.

Los fastuosos escondites mientras por todos los rincones sonaba la música de los ensayos y uno (todos) sabía cuando le tocaba volver a escena por las melodías de la orquesta, por las palabras pronunciadas, cantadas. Puede recordar los nervios de un estreno, la oscuridad de la platea llena. El murmullo de los asientos de gala en mitad del escenario mientras se recitaba a los padres de las letras rusas, italianas, españolas, alemanas...

Pilar Miró en un palco supervisando la transmisión televisiva de la ópera en la que uno participaba. Imágenes imborrables (se podrían escribir páginas enteras de anécdotas) de las particulares y privilegiadas Humanidades de un niño que cantaba en las iglesias en latín a los mejores compositores de la historia y encontró un tesoro (la educación, la escuela, también está para dirigir a los jóvenes a encontrar ese tesoro) y se lo llevó consigo para poder entender Cumbres borrascosas para el resto de sus días.