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Imagen de la bancada socialista en el Congreso de los DiputadosSergio R Moreno

«El paraíso de los charlatanes» y otras diez frases sobre política que hoy suenan más duras que nunca

Porque la cuestión no es la política, sino los políticos. La degeneración de aquella les corresponde a estos desde la idea pura original

«La política es el paraíso de los charlatanes» es una de las muchas frases sobre el tema de George Bernard Shaw. Es posible que la política no haya estado nunca tanto en boca de todos. Y podría decirse que en el peor momento. Por ejemplo, no se sabe de dónde ha salido el manido término polarización para definir el estado de la misma política hoy.

Polarización, según la RAE, es «restringir en una dirección las vibraciones de una onda transversal, como la luz u otras radiaciones electromagnéticas» en su primera acepción, y la más cercana a lo que se pretende decir relacionado con la política es la tercera: «Orientar en dos direcciones contrapuestas».

En cualquier caso, la polarización parece más bien (es) una cosa física (de la física) y no de la política. Si la polarización, la palabra, la han traído los políticos a su ámbito, es como los jóvenes se traen al suyo la jerga sin mucho sentido, simplemente con la ignorancia y la inocencia de la juventud.

Diez frases sobre política:

«Para el que no tiene nada, la política es una tentación comprensible, porque es una manera de vivir con bastante facilidad» (Miguel Delibes).

​«La política es quizá la única profesión para la que no se considera necesaria ninguna preparación» (Robert Louis Stevenson).

​«Un político divide a las personas en dos grupos: en primer lugar, instrumentos; en segundo, enemigos» (Friedrich Nietzsche).

​«El mejor gobierno es el que no gobierna en absoluto» (Henry David Thoreau).

​«El ministro debe morir más rico de buena fama y de benevolencia que de bienes» (Nicolás Maquiavelo).

​«No es cierto que el poder corrompa, es que hay políticos que corrompen al poder» (George Bernard Shaw).

​«El castigo por negarse a participar en política es acabar siendo gobernados por hombres inferiores» (Platón).

​«La vocación del político de carrera es hacer de cada solución un problema» (Woody Allen).

«Quien es capaz de hacerte creer absurdos es capaz de hacerte cometer atrocidades» (Voltaire).

​«Imagina que estás en un barco, en medio de una tormenta. ¿A quién le confiarías el timón? ¿Al más votado… o al que sabe navegar?» (Sócrates).

Lo cual no dice mucho (o todo) de la actual caterva («Multitud de personas o cosas consideradas como conjunto desordenado o de poco valor e importancia», no cabe mucho mejor definición) que representa a los españoles por esos casi infinitos Parlamentos.

Polarización es como «random» «y en ese plan», como decía Umbral. Y de un lenguaje así no se puede esperar demasiado fuera de él. Más bien todo lo contrario: poco. La realidad lo demuestra día tras día, pero los filósofos clásicos y modernos y los escritores ya se encargaron de definir una actividad (y una doctrina) no precisamente bien referida a su contenido: los políticos.

Porque la cuestión no es la política, sino los políticos. La degeneración de aquella les corresponde a estos desde la idea pura original. Son ellos los que la manosean, la estiran, la ensucian, la envilecen o, también, la elevan. En este último caso ya (o siempre) en contadas ocasiones.