Detalle de Demócrito y Protágoras (1663) de Salvator Rosa
¿Qué significa la frase de Protágoras: «El hombre es la medida de todas las cosas»?
Expresa lo relativo de cualquier percepción e incluso de todos los juicios, donde hay tantas percepciones y juicios como hombres
Protágoras fue el más famoso de los filósofos sofistas griegos. Los maestros de Retórica que enseñaban a hablar en público y convencer con la palabra. El relativismo y el escepticismo fueron las dos características más importantes de su pensamiento.
Occidente les debe buena parte de, precisamente, su pensamiento. A Sócrates, Platón y Aristóteles no les gustaban porque la persuasión como objetivo no era la verdad que ellos buscaban, sino muchas veces la mentira. Se servían de la falacia para lograr sus objetivos en un cambio filósofico fundamental.
Protágoras fue quizá el más conocido de todos ellos, junto a Gorgias. Ellos no hablaban de mentira, sino de la no existencia de una verdad objetiva. A pesar de no estar de acuerdo con su filosofía, los tres grandes filósofos de la antigüedad tenían en gran estima su valor como filósofos.
Protágoras fue un hombre rico gracias a sus clases y «conferencias». Su frase «El hombre es la medida de todas las cosas» es el quid de su fama universal a lo largo de los siglos, las palabras que expresan lo relativo de cualquier percepción e incluso de todos los juicios, que a veces se interpretan erróneamente como si todo girase en torno al hombre como ser superior.
La sentencia fue en su tiempo un escándalo, una radicalidad, porque negaba la existencia de las verdades absolutas, un cambio de paradigma intelectual donde la subjetividad cobraba un inesperado protagonismo que a partir de entonces lo ha tenido hasta la actualidad. Fue la puerta que Protágoras abrió hace 2.500 años, descubriendo un nuevo mundo en el pensamiento.
No solo hay una medida, sino tantas como hombres. Así, «El hombre es la medida de todas las cosas» significa que hay tantas percepciones como hombres según cada uno las perciba. Es decir, las cosas no son el objeto o la situación o el sentido en sí (puede hacer frío para una persona, pero para otra no), sino como a cada uno le parecen.