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'Sirat 'o el desagradable ejemplo de qué «cultura» quiere el Gobierno que triunfe en España

El ministro de Cultura, que ha calificado la película de Óliver Laxe de «joya», añadió que las dos nominaciones a los Oscar son más importantes que alcanzar la final de la Champions League

Madrid

Escena de Sirat

Escena de SiratGTRES

El ministro de cultura, Ernest Urtasun, calificó Sirat, la película española nominada a los Oscars en las categorías de Mejor Película Extranjera y Mejor Sonido como «maravilla» y «joya». El presidente Sánchez dijo de ella que es «Una película que emociona a través de un viaje vibrante y una experiencia poética, física y sensorial».

No se recuerdan adjetivos similares de nuestros gobernantes dedicados a obras de arte. En cine Sánchez ha elogiado con profusión a Pedro Almodóvar, elogios que también han ido públicamente en la dirección inversa: vasos ideológicos comunicantes que también llegan al ministro de Cultura.

En Sánchez y Urtasun confluyen concretos gustos públicamente mostrados con una coincidencia llamativa. El Guernica, obra sobre la Guerra Civil, aparece en las «democráticamente memorialistas» preferencias de ambos gobernantes.

La sorpresa surge (es broma) cuando también ambos políticos confiesan su gusto concreto por el cómic Contrapaso. Los hijos de los otros, «un magistral cómic de suspense sobre la España que el franquismo quiso silenciar», según una reseña, o «un ejemplar thriller social que muestra las mentiras de un franquismo capaz de estrangular con sus tentáculos cualquier forma de disidencia», según otra.

Como se puede comprobar, una absoluta variedad temática, absolutamente cultural y también neutral (también es broma). A Urtasun también le gusta el cine de Almodóvar, cómo no. Y el de Ken Loach, cine político (de izquierdas) sin ambages o «el cine político» sin más. Y también la pintura de Tàpies, un artista catalán.

Por supuesto Almodóvar es uno de sus favoritos. Y el gusto por lo alternativo, en la música, por ejemplo, también es un rasgo compartido con el presidente. Arte contemporáneo y memoria histórica sin raigambre verdaderamente histórica, sino solo ideológica.

Es el arte que rompe de cuajo con el pasado. Donde el humanismo clásico se pierde. Nuevas miradas sin conexión con los principios artísticos, como el de la belleza, el de su búsqueda. El antitaurino que rechaza la cultura clásica para imponer una nueva: el «wokismo», la leyenda negra española antiespañola, el nacionalismo, lo antisistema que en realidad nunca fue más prosistema.

Un ejemplo de esto es Sirat. La película sin género, sin argumento, sin conclusión, sin mensaje, sin actores, sin guion o sin rumbo. Nada es reconocible en lo que se trata de traer precisamente como un nuevo rumbo: una mezcolanza sin mezclar, un batiburrillo de abstracciones sin sentido ni sensibilidad.

Ni una sola referencia cinéfila. Nada a lo que asirse en lo que parece un precipicio, más bien un despeñadero como el de la propia película, por donde cae la cultura sin solución: la dirección que se le intenta dar a la cultura sin referentes que salgan fuera de los dominios del poder. Nada de arte irreverente, contracultural. Nada que active la escena.

Sirat es una soberbia muestra de nada, de fealdad, la «nueva cultura» admirada por nuestros sectarios políticos que ven en su absoluto relativismo el camino para el control total de una sociedad conveniente y necesariamente alejada de los principios culturales que la han creado para que aquellos logren sus totalitarios propósitos.

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