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La impresionante feria TEFAF Maastricht: cuando los museos son solo la superficie del enorme iceberg del arte

Acudir a TEFAF Maastricht puede ser el momento efímero en que, como en esta edición de 2026, se puede ver el restaurado retrato de Don Sebastián García de la Huerta, conocido como El inquisidor de Velázquez, que fue descubierto y autentificado en 2012, después de estar perdido desde finales de los años veinte del XX

Madrid Act. 17 mar. 2026 - 16:51

Recibidor de bienvenida a TEFAF

Recibidor de bienvenida a TEFAFMario de las Heras

La del iceberg es la conocida teoría de Hemingway de cómo debe de ser un buen relato: solo tiene que verse en la superficie de la página, en lo que uno ve en esas líneas, un octavo del total del volumen del cuento, de modo que los siete octavos restantes, como sucede con los icebergs, deben de estar por debajo de la superficie del agua.

Retrato de Kees van Dongen

Obra de Kees van Dongen

En TEFAF Maastricht, la feria de antigüedades y diseño más prestigiosa del mundo, es exactamente lo que sucede. De camino al centro de exposiciones MECC de la ciudad neerlandesa, una mujer que lleva asistiendo veinte años afirma que siempre le sorprende.

Dibujo de Gustav Klimt

Dibujo de Gustav Klimt

Es como si el gran arte, antiguo en este caso, y también moderno y contemporáneo, estuviera oculto en lugares secretos de película o de leyenda. Proveniente de una novela de aventuras, de mitos increíbles que salieran a la luz cada año en la medieval ciudad universitaria.

En comparación con la gran feria, un gran museo deja de ser una sorpresa, entre otras cosas porque los cuadros se pueden comprar a precios desorbitantes y también a precios «asequibles». A propósito de Hemingway, más allá de su iceberg, en TEFAF se pueden encontrar obras emocionantes, casi secretas, como un cuadro de su amigo Jules Pascin, protagonista de uno de los capítulos de París era una fiesta, la obra póstuma del Nobel estadounidense.

Cuadro de Jules Pascin

Cuadro de Jules Pascin

Una curiosidad gozosa y 20.000 euros por un pequeño cuadro de 20 centímetros cuadrados: a 1.000 euros el centímetro cuadrado de óleo. Pero la cosa no va, por supuesto, de euros por centímetro cuadrado, sino por cotización en lo que mayormente viene contenido en un cuadrado: en un cuadro.

Otra cuestión es el impresionante y «desconocido» impacto económico de TEFAF Maastricht: 86 millones para los Países Bajos, de los que 37,9 recaen sobre la ciudad anfitriona desde hace treinta y nueve años. El medievo de calles empedradas se transforma con la modernidad del arte antiguo, curioso oxímoron. Carteles de TEFAF por toda la ciudad, banderas: el arte por bandera. Toda una fiesta verdadera de clasicismo que sale como de sus hogares ignotos. Negocio y estética incomparable.

Dibujo de un hombre por Lucien Freud

Dibujo de un hombre por Lucien Freud

La compraventa de arte es un juego de luz y de oscuridad. Lo que se vende se oculta hasta que vuelve a aparecer, no se sabe cuándo. La luz se apaga, pero se enciende otra. Otras muchas. Aparecen obras «desaparecidas» que vuelven a ocultarse.

Acudir a TEFAF Maastricht puede ser el momento efímero en que, como en esta edición de 2026, se puede ver el restaurado retrato de Don Sebastián García de la Huerta, conocido como El inquisidor de Velázquez, que fue descubierto y autentificado en 2012, después de estar perdido desde finales de los años veinte del XX.

El inquisidor de Velázquez

El inquisidor de Velázquez

Allí está resplandeciente junto al Alonso Cano con el que rivaliza en presencia como si acabaran de llegar, como si estuvieran recién pintados, como si don Diego y don Alonso acabaran de dejarlos allí colgados a ambos lados de una esquina monumental y también efímera, como si cupiera decir: «Only in TEFAF».

Obra de Alonso Cano

Obra de Alonso Cano

Pero la lista es casi infinita. Se venden libros y códices escritos en abadías medievales (como la de El nombre de la rosa) por 10.000, 20.000 o 40.000 euros. Están abiertos para que se vean sus maravillas de pan de oro encerrados en vitrinas como las joyas de verdad, las gemas, que también muestra TEFAF. Casas deslumbrantes como Bucellotti o Van Cleef enseñan sus piezas que parecen las sirenas de La Odisea, el tesoro de una zarina, mientras los visitantes son los verdaderos tripulantes del trirreme griego.

Espectaculares bagatelas como espectaculares dibujos de Klimt se suceden ante los ojos que no saben dónde mirar. Porque uno ve algo, el otro graba adónde ha de ir a continuación pero, cuando llega, otra llamada visual le descentra, le pierde en la profusión descontrolada: un jardín artístico salvaje que parece no tener fin.

Cuadro de Fantin-Latour

Cuadro de Pierre Bonnard

Hay «Picassos» por doquier. También «Mirós» y «Matisses» y «Chagalles» como si se estuviera asistiendo a un festín desmesurado. En un gran museo se «come» de maravilla, pero en TEFAF parece irreal entre moquetas mullidas y aromas fragantes y paredes preciosas. Da alegría encontrarse de pronto con unas hermosas flores de Fantin-Latour al módico precio de 425.000 euros.

Obra de Miró

Obra de Miró

Tan moderno (o casi) como Jean Dubuffet, más de un Dubuffet (uno de ellos con un precio de 1.600.000 euros), dibujos de Lucien Freud (120.000) y de Seurat y de Signac y de Calder, como sus esculturas movibles, allí mismo colgadas donde uno puede estar debajo, como en un mundo de color o de fantasía, como si cayeran estrellas inofensivas, igual que la Mademoiselle Malo de Degas, un poco más que una fotografía de carnet maravillosa.

Mademoiselle Malo de Degas

Mademoiselle Malo de Degas

Y está Dalí. Y Sonia Delaunay y Egon Schiele y Ernst y Leger y Kandinsky y Braque. Y hasta Hirst y sus puntos (35.000). Y Basquiat. Y Man Ray. Y también Pisarro y Vallotton. Y Kees van Dongen, uno de cuyas obras alcanza los 2.600.000 euros. Y por estar hay insólitas esculturas romanas del 50 a. C. por 50.000 euros. Y mosaicos romanos. Y espadas medievales y mosquetones y escudos y armaduras.

Mosaico y esculturas romanas

Mosaico y esculturas romanas

Uno casi tiene que correr y no mirar atrás porque no hay manera de salir del festival que volverá a ocultarse bajo tierra el próximo jueves (como si una ciudad entera cerrase por completo y al unísono todas sus puertas y ventanas), hasta que sus prodigios vuelvan a asomar el año que viene en la ya 40ª edición de la feria TEFAF Maastricht, los siete octavos sumergidos del volumen del iceberg del arte.

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