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Fortes volvió a caer sobre el albero mientras toreaba de muleta

Fortes sufrió una dura paliza del pimero de sus toros el 15 de mayoEFE

¿Es este muletazo de Fortes el mejor de la semana en la Feria de San Isidro?

Fue un un natural imprevisto y sobrevenido, solitario, cuyo eco en los tendidos hizo temblar la tierra bajo el albero de Las Ventas

A Saúl Jiménez Fortes le dio una paliza monumental el primer toro de El Torero el pasado viernes. Le cogió tres veces. En una de ellas un golpe en el pómulo le hizo parecer un púgil golpeado (él dijo que fue el pitón, sin clavarse, el que le golpeó, aunque no se puede saber) y en otra sufrió una cornada en la pierna donde la tibia paró el pitón, dejando «solo» la herida por asta de cinco centímetros.

En el ínterín, además del parte médico, el matador malagueño sufrió una tunda por las que quien no es torero no se levanta. Fortes lo es y se levantó y en la enfermería, donde fue intervenido de su cornada entre toro y toro, Urdiales le dijo que le mataba el segundo, pero bien que dijo que nanay porque «creía» en él: la fe, siempre la fe.

«Cuando uno lo da todo, la vida te tiene que sonreír un poco», dijo después el diestro, justificando su oreja de ley que tuvo un principio sin el cual es posible que no se hubiera concedido, quizá el muletazo de la semana, un natural imprevisto y sobrevenido, solitario, cuyo eco en los tendidos hizo temblar la tierra bajo el albero de Las Ventas. Un segundo de conmoción, más largo y más profundo que la mayoría de las faenas completas.

Fortes citó, torero, en ayudado, como para un pase de pecho al natural, y a la salida lo esperó en lo que había sido el preámbulo, la preparación, para el muletazo rotundo, extraordinario, suelto, abierto, semicircular con el que el andaluz se conjuntó con su oponente para crear una efímera y al mismo tiempo eterna, gracias al vídeo, obra maestra.

El natural prodigioso

Da la impresión de que ni él mismo fue consciente de lo que sucedía hasta que terminó el pase, tras el bramido espontáneo y acompasado del público, cuando supo que con aquel natural prodigioso había que cerrar la tanda de solo dos mantazos, uno de apunte y otro de trazo para el recuerdo.

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