Fundado en 1910
Mario de las Heras
Crítica de teatroMario de las Heras

'1984' de Orwell en el teatro: el totalitarismo distópico que ya es real en la España de Sánchez

La «Policía del Pensamiento», la «neolengua» o el «enemigo imaginario» del poder de 1984 ya existen en la realidad de 2026

Madrid

Escena de 1984 en el Teatro Fernán Gómez

Escena de 1984 en el Teatro Fernán Gómez

Treinta años después de publicar Un mundo feliz, su autor, el escritor británico Aldous Huxley, afirmó en un discurso en la Universidad de Berkeley: «La profecía de Un mundo feliz se está haciendo realidad mucho más rápido de lo que pensé».

Un mundo feliz es una distopía. George Orwell publicó dieciséis años más tarde que Huxley, en 1949, otra novela distópica, 1984, donde se imaginaba y desarrolló un mundo de represión política y pensamiento único bajo el control omnipresente del Gran Hermano.

El «Gran Hermano» ha llegado ha ser, es, hasta un programa de televisión de gran éxito donde se puede ver la vida de unos concursantes metidos en una casa: la versión lúdica, amarillenta, de la pesadilla que ahora, basada en la novela de Orwell, se representa en Madrid, en el teatro Fernán Goméz.

Cristina Arranz y

Cristina Arranz y David Lázaro en 1984Teatro Fernán Gómez

La minimalista representación impresiona por las voces y los cuerpos vivos. Leer ya avisa, pero ver y escuchar mantiene en un estado de tensión permanente durante casi dos horas, donde no hay lugar para el respiro mientras se reconocen en el hipotético mundo futuro demasiadas circunstancias del presente.

Hay una sensación de desasosiego que se vuelve aún peor al pensar en el hoy, al ir con el pensamiento inevitablemente al presente más allá de las mínimas tablas. A la situación social, cultural, política e íntima. Los excesos están en la obra y las realidades ya están en la calle como si empezaran a asomarse (en verdad ya llevan tiempo) cada vez con mayor presencia.

La interpretación y el atrezzo lo hacen más latente. O latente sin más, como si antes todo lo visto y escuchado y leído estuviera muerto, pero solo como Romeo después de tomarse el veneno tramposo del boticario. El espectador es un poco Julieta al ver esa realidad falsa y actuar en trágica consecuencia.

David Lázaro en 1984

David Lázaro en 1984Teatro Fernán Gómez

El espectador en realidad no actúa, pero no quiere ver eso porque duele. Los rostros del público durante la función lo confirman: el gesto de gravedad e inquietud, el cuerpo tenso, el deseo incluso de marcharse ante una ficción atenazante por su metafórico verismo reconocible.

La Policía del Pensamiento de 1984 existe en la España (y en el mundo) de 2026 en el Estado y en el «wokismo» cancelador. También la «neolengua» en el concepto y también en el mismo lenguaje: son las palabras prohibidas, también relacionado con el revisionismo.

La «neolengua» de Orwell existe en el presente. Y qué decir de la manipulación de la información o de la «guerra permanente». De la posverdad. Del famoso 2+2 son 5 de la novela que Pedro Sánchez, por ejemplo, ha conseguido hacer realidad. Sánchez ha conseguido que sus votantes piensen que 2+2 son 5 exactamente igual que lo consigue el falso rebelde O'Brien del protagonista Winston Smith.

1984 de George Orwell

1984 de George Orwell

También Orwell retrata a la izquierda del pasado y con más detalle a la del presente en la creación de un enemigo imaginario que ejerce el contrapeso necesario para mantenerse en el poder. Goldstein, el supuesto líder rebelde que señala al Gran Hermano no es nada más que una creación del propio Estado al modo de la «ultraderecha» ultra repetida de hoy: la agitación del miedo, la propaganda inversa.

No es baladí que aparezca una producción como esta (con estupendas dirección [a cargo de Javier Sánchez-Collado y Carlos Martínez-Abarca] e interpretaciones [de David Lázaro, Javier Ruiz de Alegría, Cristina Arranz y Javier Bermejo]) basada en una novela clásica que adelanta un futuro aterrador, sin amor, sin alegría, que ya está aquí, cada vez más presente.

Una novela y una obra para pensar, para saber, para discernir, para sacar conclusiones y paralelismos evidentes y para de algún modo actuar porque ya muchos de verdad piensan sin dudar que 2+2 son 5.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas