Casi tres horas de plúmbeo espectáculo, a pesar de la torería de Morenito de Aranda y de la discutida oreja a Talavante
Tres sobreros, toros flojos y descastados, diestros conformistas, en otra tarde de «No hay billetes»
Morenito de Aranda, en esta decimonovena cita de la Feria de San Isidro 2026 y duodécimo «No hay billetes»
Tres sEn tarde de mucho calor, otra corrida interminable: éxito de público pero desastre ganadero total. Los toros de Garcigrande, predilectos de El Juli y de las figuras, no llevan ahora una buena racha. Contemplamos una corrida desigual de peso: 120 kilos del segundo al quinto toro. Y el primer sobrero, que también se acaba lidiando, pesa 715. En general, son manejables pero flojos, sosos, sin chispa ni casta. Se devuelven tres: se lidia un sobrero de la misma ganadería y dos, de Torrealta. Ninguno de todos ellos mejora el resultado.
En su conjunto, destaca la buena tarde de Morenito de Aranda, con mucha decisión y torería. Talavante no hace nada en su primero y, en su segundo, una mole, se inventa un trasteo «sui generis», premiado con una discutida oreja. Pablo Aguado vuelve a pasar de puntillas.
Morenito de Aranda destacó desde el comienzo por su fino estilo. Sufrió algún grave percance. En su última etapa, ha obtenido también éxito, en Francia, con divisas duras.
Acude a portagayola en el primero, que se lo piensa y se para: salva el diestro el momento de angustia y lidia bien con el capote. El toro renquea de atrás, la segunda vara no existe; embiste bonancible. Morenito lo mete con facilidad en la muleta. Cuando le baja mucho la mano, el toro responde y la faena gana la emoción que faltaba. Entrando muy recto, deja una gran estocada, de efecto rápido. Saluda una ovación. Por el correcto trasteo y, sobre todo, por la estocada, ha merecido dar la vuelta al ruedo.
Pase de pecho de Morenito de Aranda, este viernes en Las Ventas
El cuarto sale de todos los lances de recibo mirando al tendido, (imitando a algunos diestros actuales). Morenito ha estado activo y artista con el capote toda la tarde. Dándole distancia, lo engancha bien y se lo echa por delante en buenos pases de pecho. Consigue ligar buenos muletazos aunque el noble toro se queda a medias y pronto se apaga. El muy correcto trasteo ha sido un guiso al que le ha faltado la sal, la bravura del toro; así, es difícil que el público de Las Ventas se emocione. El toro ha acabado rajado a tablas. Aunque se ha escuchado una voz inoportuna, agarra una buena estocada. Por el conjunto de su tarde, se merece claramente la ovación que recibe.
Con un obedientísimo toro de Cuvillo, Talavante abrió la Puerta Grande, en el comienzo de la Feria. Lógicamente, está crecido. Torea a su aire, con su peculiar estilo, le guste o no al público.
El segundo, colorao ojo de perdiz, es el de menos peso pero se tapa por la cara, es abierto de pitones. Lo recibe el diestro con fáciles delantales, sin estrecharse. Quita Aguado con suaves verónicas. No aciertan los banderilleros. El toro embiste con nobleza y suavidad pero Alejandro no se confía, hace que hace y corta pronto: suenan pitos. Escucho una voz: «¡Ni uno!» Mata muy mal, a la segunda. Hace algunos años, si una primera figura hace eso en Las Ventas, con un toro manejable, se hubiera llevado una buena bronca…
El quinto, alto y largo, pesa 641 kilos pero queda corto en los lances de recibo; derriba con facilidad y pierde las manos: lo devuelven. Parte del público comienza a huir.
El segundo sobrero, de Torrealta, es descarado de pitones y astifino. Talavante no se confía, en los lances de recibo. Lo pican bajo y también flaquea. Talavante se echa de rodillas… y el toro, también. A media altura, el toro embiste de dulce pero sin la menor emoción. Con facilidad, Talavante enlaza muletazos sueltos, inconexos, dejando pasar a una mole que apenas se mueve: hay una fuerte división de opiniones. Estocada tendida y atravesada: oreja con protestas.
Talavante mira al tendido durante la lidia del segundo de su lote, al que cortó una oreja
A Aguado le echaron un toro al corral, en Las Ventas, y no pareció inmutarse. Antes, eso se hubiera vivido como una tragedia. Ahora, supongo que los diestros de primera fila tienen ya firmada casi toda la temporada…
Flaquea en varas el tercero y lo devuelven. Corre turno, deja para el final el sobrero de 715 kilos. El tercero bis mete bien la cabeza, Aguado traza suaves lances pero lo deja mal en el caballo. El toro está cogido con alfileres. Se escuchan los gritos que reclaman «¡Toros!». Una tarde más, Iván García, muy sobrado, se gana una ovación con los palos. El muy noble toro le permite a Aguado estar a gusto, componer la figura, pero el animal pierde las manos, se le acaba el gas, el diestro se coloca perfilero y todo queda en nada. Entra a matar –sin entrar– tres veces y deja la espada a la cuarta.
Aguado recibe al que iba a ser el segundo de su lote, de 715 kilos. También fue devuelto
El esperado sobrero de más de setecientos kilos, es alto, largo, apretado de carnes; también se queda corto y también flaquea; hace pobre pelea en varas. También lo devuelven.
Otro Torrealta el tercer sobrero; también supera los 600 kilos y está bien armado. Aguado no logra asentar los pies en los lances de recibo. El toro sale suelto, entra al caballo al relance, flaquea. Aguado se dobla con él y el toro también dobla las manos. En seguida, surgen los enganchones, los muletazos inconexos y los pitos. Nada que hacer. Felizmente, esta vez acierta con la espada y con el descabello; a las diez menos cuarto de la noche, el público acoge esto con asombro y con alivio.
El resumen no puede ocultar la realidad: con otro cartel de «No hay billetes», han sido casi tres horas de espectáculo plúmbeo. Hemos presenciado un desastre ganadero: tres sobreros; toros sin fuerza ni casta ni bravura. También hemos visto a toreros conformistas. Y a un público desorientado, que a veces se encrespa y a veces deja pasar cosas que merecerían mayor reproche.
Hace unos años, una tarde como hoy hubiera acabado con broncas épicas. Ahora, nos vamos todos pacíficamente al Metro, comentando sin acritud ese torazo de más de 700 kilos. El nuevo público suele ser benévolo, por falta de criterio.
Pregunta inevitable: si yo hubiera invitado esta tarde a algún amigo y fuera ésta la primera corrida de toros a la que asistía, ¿le quedarían ganas de volver? Los profesionales deberían reflexionar.
POSTDATA. Aunque no sirva de nada, hay que repetir que la exhibición de la tabilla con el peso de cada toro, que, en su momento, evitó trampas, ahora mismo es un factor de desorientación: predispone al público a favor de un toro que no lo merece o en contra de un toro que tampoco lo merece. Un toro con muchos kilos sí puede embestir, si tiene motor y casta suficiente: recuerdo un torazo de Fuente Ymbro que ganó todos los premios de la Feria de Pamplona. Y recuerdo también que Bastonito, de Baltasar Ibán, uno de los toros más bravos que hemos visto, que casi «se comía» al valiente César Rincón, fue protestado de salida, por chico…
Dentro de unos límites razonables, el peso no es lo esencial de un toro de lidia: importa muchísimo más el trapío, la casta, la fuerza, la movilidad, la bravura… Por eso, hoy en día, la tablilla no sirve para nada. Pero, para suprimirla, habría que cambiar los Reglamentos taurinos de cada Comunidad Autónoma: con la desunión total que existe entre los profesionales taurinos, ésa es una absoluta utopía.
FICHA
- Madrid. Plaza de las Ventas. Viernes, 29 de mayo de 2026. Decimonoveno festejo de la Feria de San Isidro. «No hay billetes».
- Toros de Garcigrande (6º, sobrero, también devuelto): manejables pero flojos, sosos, sin chispa ni emoción. 5º bis, sobrero de Torrealta, noble, soso. 6º tris, de Torrealta, igual.
- MORENITO DE ARANDA, de azul marino y oro, buena estocada (saludos). En el cuarto, buena estocada (aviso, saludos).
- TALAVANTE, de grana y oro, pinchazo y estocada caída perpendicular (silencio). En el quinto, estocada defectuosa (oreja con protestas).
- PABLO AGUADO, de grana y oro, tres pinchazos y estocada (silencio). En el sexto, estocada y descabello (silencio).