Reaparece Morante, llena la Plaza de Gijón y deslumbra, bajo el orbayu
Sale a hombros con Pablo Aguado; manejables toros de Núñez del Cuvillo
Los diestros Morante de la Puebla (d) y Pablo Aguado (i) saliendo a hombros tras el festejo de la Feria taurina de Begoña
A las doce en punto de la noche anterior, en la larga playa de San Lorenzo, miles de gijoneses y de visitantes han asistido al hermoso espectáculo de los fuegos artificiales sobre el mar.
A las dos de la tarde, en el mismo lugar, culmina la Semana Grande de Gijón con una ceremonia singular: miles de gijoneses y de visitantes forman una larguísima hilera para bailar, cogidos de los meñiques, mirando al mar, la Danza Prima: una ceremonia de fraternidad, que menciona ya Jovellanos, el más ilustre gijonés, a fines del siglo XVIII.
Existen versiones de la letra de este baile, que varían en cada pueblo. Una de las más antiguas es cercana al romance que recogió don Ramón Menéndez Pidal: «Ay, un galán de esta villa, / ay, un galán de esta casa…».
Por la tarde, miles de gijoneses y de visitantes llenan el coso de El Bibio para ver al esperado Morante, que sí acude por fin a Gijón, a pesar de su dolencia, junto a Manzanares y Pablo Aguado. (El año pasado, no pudo venir, por la cornada que sufrió en Pontevedra).
Una vez más, se comprueba la fuerza del fenómeno Morante, el momento dorado que vive la Tauromaquia –¡gracias, Urtasun!– y la vitalidad de la Feria de Gijón. (Por desgracia, no cabe decir lo mismo de la de San Sebastián: la política antiespañola produce sus frutos).
La Plaza se llena, en una tarde de lluvia intermitente. Los toros de Núñez del Cuvillo, desiguales de presentación (cien kilos de diferencia de uno a otro), muy manejables; algunos, se paran pronto. Manzanares saluda dos ovaciones, después de trasteos voluntariosos. Con un lote muy bueno, Aguado está muy dispuesto y corta tres orejas. Morante corta dos en el primero y pudo obtener otras dos del cuarto, si no pincha. El bondadoso público, feliz.
José María Manzanares torea con un empaque que le ha hecho triunfar en todas las Plazas; también, en ésta. Sin embargo, en su actual momento, ha perdido la facilidad que antes tenía, delante del toro: se esfuerza, logra momentos estéticos pero las faenas no fluyen con naturalidad. ¿Por qué? Lo ignoro. La cabeza de cada torero es un mundo…
El segundo toro pesa cien kilos más que el anterior, recibe un buen puyazo, flaquea un poco pero es muy noble. Dos buenos pares de Diego Vicente. Manzanares realiza un trasteo correcto, elegante, deslucido por algunas caídas del toro: no lo ha cuajado del todo. Citando a recibir, desde muy largo, logra la estocada a la segunda y saluda.
El quinto acude de largo y empuja, recibe un buen puyazo de Paco María. El voluntarioso trasteo de Manzanares tiene escasa emoción porque el toro se ha parado aunque al final saca algo más de casta. Entrando desde lejos, muy rápido, mata José María de pinchazo hondo y dos descabellos. No conserva la seguridad con la espada que era una de sus mayores virtudes.
Pablo Aguado encarna ahora mismo esa estética sevillana discontinua que, cuando se manifiesta, encandila a tantos públicos. Para aparecer, necesita un toro colaborador. Viene a Gijón con la moral alta porque en Aranjuez y en El Puerto de Santa María, toreando las dos tardes con Morante, logró algo que pocas veces consigue: una faena completa, redonda.
Pablo Aguado toreando
Lancea con soltura al tercer toro, que acude al picador de reserva. Quita Aguado por chicuelinas; lo mejor, los remates, con lances a una mano. Como tantas tardes, aplaudimos dos grandes pares de Iván García. Comienza Pablo con muletazos a dos manos, de rodillas. Luce una estética sevillana fácil y natural, como si estuviera en un tentadero, aprovechando que el noble toro embiste a cámara lenta. No veo que peguen con ese estilo las manoletinas finales, salvo buscar el aplauso. Estocada desprendida: dos orejas.
Recibe con buenos lances al sexto, que acude alegre y levanta el caballo: aguanta muy bien Espartaco. También este toro es noble aunque a ratos se para: el trasteo es desigual. Al final, Aguado logra ligar una serie de muletazos y se adorna con molinetes encadenados. La espada queda delantera y perpendicular pero la gente, encantada, le pide la oreja , que el Presidente concede.
He dejado para el final a Morante, en el que se concentran todas las miradas. Ante todo, el público agradece que cumpla su compromiso con Gijón. Le hubiera sido fácil presentar un parte médico pero su actual actitud –y también, supongo, su buena relación con Carlos Zúñiga, el empresario de Gijón y de El Puerto de Santa María– le han hecho que se sobreponga a su dolencia.
El momento actual de Morante supone un auténtico fenómeno taurino y social. Por eso mismo, ha generado una catarata de adjetivos desmesurados. Conviene mantener la cabeza fría y definir los hechos. Hasta hace poco, Morante era un representante de la estética sevillana, que mostraba solamente algunas tardes, cuando los toros se lo permitían. Ahora mismo, en cambio, es mucho más que eso.
Morante de la Puebla toreando
Sorprende que, con el paso de los años, un torero artista muestre más valor, más técnica y más entrega. Es singularísimo que esté toreando así un diestro que sufre los problemas de salud que Morante ha tenido. Esta temporada, lo advierta o no el gran público, se la está jugando de verdad todas las tardes (eso sí, con toros muy elegidos pero que también hieren). Además de artista, ahora mismo, Morante es un gran lidiador, que domina y practica todos los recursos de la lidia clásica.
Por eso mismo, su repertorio es amplio y variado. Se diferencia radicalmente de los demás diestros, que coinciden en una serie de modas: pases cambiados, de rodillas, mirando al tendido; arrimones, con toros ya parados; bernadinas, arrucinas, mondeñinas y otras «inas»… Y resulta que lo clásico, lo que hace Morante, no sólo es mejor sino que llega más a los públicos. ¿Por qué no intentan los demás diestros seguir ese camino del clasicismo? Evidentemente, porque no es nada fácil.
Esta tarde, devuelto el primer toro, al que lo sustituye lo enseña a embestir, con el capote, y traza verónicas solemnes, cargando la suerte. Comienza la faena con majestuosos ayudados a dos manos y remata por bajo con primor. En seguida, se lo enrosca a la cintura por los dos lados: algunos naturales son impecables. Una faena medida, justa, rematada con una gran estocada, de la que sale perseguido. Este espadazo le vale quizá para cortar dos trofeos.
Morante de la Puebla (i) y Pablo Aguado (d) saliendo a hombros
El cuarto queda muy corto en el capote, no le deja lucirse. Con el toro parado, José Antonio comienza muy firme, tranquilo, vertical: le va sacando naturales bellísimos, tirando literalmente del toro, sin perder la compostura clásica. A media altura, aguanta las muy cortas embestidas. Toca la Banda la preciosa marcha Caridad del Guadalquivir y vivimos momentos de auténtica belleza. Casi sin toro, es muy difícil torear mejor que lo ha hecho hoy Morante. Con un estilo cercano al del inolvidable Pepe Luis Vázquez y con valor sereno, parece que Morante está jugando al toro. Si mata a la primera, no sé qué trofeos le habrían dado pero pincha , antes de media estocada.
Para los que vemos y analizamos muchas corridas, no es fácil que la emoción estética nos arrastre como ha sucedido esta tarde, cuando Morante toreaba maravillosamente, a los sones de Caridad del Guadalquivir. Lo recordaré como uno de los grandes momentos de esta temporada.
A mediodía, al concluir la Danza Prima, desde el cerro de Santa Catalina, estalló el Restallón, una estruendosa explosión, que significaba el cierre de lo que los gijoneses llaman cariñosamente la semanona.
Por la tarde, en El Bibio, bajo el orbayu, ha estallado el resplandor del arte de Morante, que no deja indiferente a nadie. Mientras siga así, nos toca disfrutar a los que sabemos apreciarlo y rabiar a los antitaurinos, incluido el Ministro de Cultura. Lo siento por ellos.
ficha
- Gijón. Feria de Begoña. Plaza de El Bibio. Sábado, 15 de agosto de 2026. Lleno. Toros de Núñez del Cuvillo, desiguales, muy manejebles, algunos se paran pronto.
- MORANTE, de nazareno y azabache, estocada (dos orejas). En el cuarto, pinchazo y media en lo alto (aviso, saludos).
- MANZANARES, de azul noche y oro, pinchazo y estocada en la suerte de recibir (aviso, saludos). En el quinto, pinchazo hondo y dos decabellos (aviso, saludos).
- PABLO AGUADO, de rosa fuerte y oro, estocada desprendida (dos orejas). En el sexto, estocada pescuecera (oreja)
- Salen a hombros Morante y Aguado.