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César Wonenburger
Crítica musicalCésar Wonenburger

Bach frente a Rosalía: verdades eternas e ilusoria pedantería

Casi seis mil personas volvieron a conmoverse estos días, en Madrid, con La pasión según Mateo, obra eterna que combate la complacencia con su mezcla de rigor, belleza y misterio

'La pasión según San Mateo', en el Auditorio Nacional

'La pasión según San Mateo', en el Auditorio NacionalRAFA MARTIN

Hemos asistido durante los últimos días a un bombardeo más ensordecedor que aquel que por este mismo tiempo ilumina con sus centelleantes relámpagos las noches eternas de Scheherazade. Por doquier, desde los articulistas más sesudos hasta el gacetillero de guardia, fan por más señas, lo que suma épica innecesaria, han glosado en una urgente competencia de los ditirambos la ascensión de Rosalía a los cielos de Velázquez, por Semana Santa.

Bien por la chica, que va a comprarse un edificio. Pero eso de hablar de «obra de arte total» para describir aquello que el poeta Bergamín ya despachó de forma magistral, «en España, lo que no es folclore es pedantería», solo refleja una cosa: el precario estado de las Artes en general; de la música por lo que le toca, que no ha vuelto a dar un genio casi desde Monteverdi.

'La pasión según San Mateo', en el Auditorio Nacional

'La pasión según San Mateo', en el Auditorio NacionalRAFA MARTIN

Todo para la novicia rebelde, con su estética reciclada de Madonna, y casi nada para Bach, que tampoco reclama otra cosa. Ya lo hizo durante el transcurso de su azarosa existencia, antes sus insensibles amos, y no le fue bien: le pagaban una birria para lo mucho que se empeñaba, pero mientras, quizá porque tampoco sabía hacer otra cosa, se mantuvo discretamente escalando peldaños hasta forjarse su propia gloria eterna antes de tiempo.

De estas cosas no se habla, pero en Madrid ha habido estas semanas otra muchedumbre que peregrinó hasta arenas diferentes, las del Auditorio Nacional, para abarrotarlo en dos ocasiones casi sucesivas. Tenía como fundamental objetivo rendirse de nuevo, a lo mejor hasta por vez primera, ante los encantos de esa pieza maestra colosal de la civilización que es La pasión según san Mateo de J. S. Bach.

Tres siglos después de su estreno en la Iglesia de santo Tomás de Leizpig, casi seis mil personas se han reunido ahora para volver a asombrarse con lo que ésta contiene. Y mucho más allá, por todo lo que deja sin decir a través de esa mezcla de desasosiego purificador y anhelo de esperanza que nos acompaña durante el resto del tiempo, cuando los ecos de los instrumentos han cesado sin que podamos dejar aún de pensar, y sentir, todo aquello.

Bach no solo consuela, nos confronta

Se dice a menudo que la música consuela, y es cierto: hasta la sucesión de zarpazos en que consiste la vida pueden mitigarse con el bálsamo de las gotas de Faurè. Pero Bach además perturba, remueve, confronta. Al menos en sus Pasiones, y de un modo particular, más directo quizá, en la de san Mateo, porque seguramente, de las dos, esta es la que nos da a un Jesucristo más humano, sobre todo si lo escuchamos en las versiones que grabó Fischer-Dieskau, menos autoritario que el de Florian Boesch, el magnífico barítono que ahora se ha traído Herreweghe a la capital, pero con ese mayor punto de ternura, y terrenal delicadeza, que lo tornaba aún más conmovedor.

Todo está ya en La pasión según San Mateo del sublime cantor. El amor y la amistad son agua que corre, como sugiere el fado. Las pérdidas, el egoísmo, las traiciones, los celos, … pavimentan la vía de ese dolor subcutáneo que todos sobrellevamos de alguna manera. En lo primero conviene insistir, perseverar.

'La pasión según San Mateo', en el Auditorio Nacional

'La pasión según San Mateo', en el Auditorio NacionalRAFA MARTIN

Frente al odio, más amor sugiere el Mesías. Pero si ya en ocasiones resulta arduo hasta conservar el cariño duradero por quienes más paz nos aportan, qué no será albergarlo por el odioso oponente, como los inoportunos acreedores o los jugadores más habilidosos del equipo rival, que sólo parecen perseguir nuestra desdicha. En eso consiste el reto, si fuera fácil no hubiese hecho falta que alguien, y no cualquiera, viniera a recordárnoslo mediante el testimonio más desgarrador.

En una síntesis de casi tres horas, se expone lo sustancial de una vida marcada por el supremo sacrificio, para quien desee entenderlo y se sienta concernido: quizá la música de Bach ayude a lograrlo; desde luego, nunca resulta indiferente. El zote que no se conmueve ante la suplica del Erbame dich, mein Gott seguramente no posea alma, más allá de oído. Pero también hay quien después de enjugarse las lágrimas, tras escuchárselo incluso a Christa Ludwig, puede regresar como si nada a las más viles tareas: tampoco pequemos aquí de ingenuos.

Bach no adorna, con su amplia, flexible y sutil paleta realiza el fresco preciso de ese fundamental viaje de lo humano a lo espiritual, iluminando cada señal del recodo con el poder expresivo de la música, la ciencia que fue adquiriendo mediante la práctica asidua.

El hallazgo de los matices, en música

Casi sin maestros, logró hallazgos que aún hoy nos sorprenden como su temprana capacidad para introducir los matices, hacer que un mismo pasaje pueda albergar dos significados opuestos, lo que hasta entonces parecía proscrito en virtud de la claridad. La tan mentada transparencia bachiana nada tiene que ver con la simpleza: la introducción de diferentes gradaciones la rinden todavía más reveladora, próxima a nuestra sensibilidad moderna, capaz de aceptar la paradoja (aunque últimamente, no tanto).

Como tenía que elegir, en mi caso lo hice por la segunda sesión de estas Pasiones madrileñas, sabedor de antemano de que Herreweghe me iba a situar en un plano espiritual quizá más próximo al de mi modelo, entiendo que pasado de moda, pero para mí plenamente vigente a pesar de algunos integristas, el que en su día supuso el registro inigualado de Otto Klemperer con el evangelista imbatible de sir Peter Pears, por ejemplo.

Estaba seguro de que el maestro belga se tomaría todo el tiempo preciso en ir desentrañando los aspectos del drama de todos los dramas, sin caer en vacilaciones ni caprichosos retardos, simplemente exponiendo el meollo y dirigiéndose hasta la cima sin prisa, pero sin pausa, complaciéndose en señalar cada detalle relevante con estudiada paciencia de orfebre. Herreweghe no defraudó a nadie. Al contrario, pocas veces en estos tiempos se observa un silencio tan escrupuloso para seguir una obra densa, solo roto en los finales para agradecer el dominio, la exquisitez, la entrega.

'La pasión según San Mateo', en el Auditorio Nacional

'La pasión según San Mateo', en el Auditorio NacionalRAFA MARTIN

En los modos actuales del maestro se halla cifrada la mayor virtud de su enfoque musical: la parsimonia de sus andares para llegar hasta al atril, arrastrando los pies, refleja la calma; la controlada vivacidad del gesto, mínimo pero siempre elocuente, y el súbito enardecimiento de los sentidos cuando prescinde de la silla para aproximarse a cada solista y procurarle una transfusión en vena de su sabiduría, son muestras de la energía, el preciso sentido de la progresión y la arquitectura de ese monumento que va fraguándose ante nuestra asombrada atención. Llegando a la cumbre, la emoción parece desbordarse en los corazones, como casi siempre ocurre al final de tan decisivo trayecto.

Bach se valió de unos pocos personajes conocidos, los solistas, a los que se van sumando otros, algunos anónimos. Los primeros fueron encarnados aquí por cantantes apreciados (el citado Boesch, Guy Cutting, Alex Potter, Grace Davidson, …), todos ellos estupendos. Entre los secundarios, destacados miembros del coro como suele ser habitual, quizá no se alcanzase, en todos los casos, parejo nivel de excelencia, pero tampoco desentonaron en el magnífico conjunto.

Un encuentro con el Arte genuino

Decir que la Orquesta y el Coro Collegium Vocale de Gante constituyen toda una referencia en este repertorio puede resultar una obviedad, pero hay que insistir: la calidad mostrada por unos y otros solo se aprecia, con tal nivel de detalle, implicación y delicadeza en las mejores grabaciones disponibles. La afinación, el empaste, la claridad, la proyección, … resultan sencillamente apabullantes.

En otros conjuntos, el empleo de instrumentos «originales» supone en ocasiones un torneo de imprecisiones, sonidos ásperos, … Nada que ver aquí, donde cada solista (sublimes flautas y oboes, como los principales entre los instrumentos de cuerda) se la juega al filo de la navaja, sabedor de que ninguna dificultad o contratiempo le desviará de la senda de la máxima calidad, la que sitúa a la técnica siempre al servicio de la más natural expresión.

'La pasión según San Mateo', en el Auditorio Nacional

'La pasión según San Mateo', en el Auditorio NacionalRAFA MARTIN

Éxito sin paliativos para los programadores, La Filarmónica, en su afán por enriquecer la oferta de esta ciudad. Ojalá mantengan siempre el nivel. Sesiones como esta no solo sirven para apuntalar la afición y conquistar a nuevos adeptos, si no que valen, como apuntó el amigo Gardiner en su enjundioso reciente estudio de esta obra, para «sacarnos de nuestra propia complacencia».

El Arte genuino no está para conformar, ni mucho menos entretener, debe necesariamente remover, apuntando siempre que sea posible hacia ciertas elevadas transformaciones que nada tienen que ver con las modas pasajeras; sobre todo cuando lo más efímero se pretende hacer pasar, por torpe imitación, como dotado de una similar trascendencia mediante la calculada suplantación de valores fuera de su alcance.

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