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Premio Nacional de Tauromaquia al maduro clasicismo de Curro Vázquez

Viéndolo torear, recordaba yo una sentencia de Shakespeare: «La madurez lo es todo»

Act. 08 abr. 2026 - 20:10

Curro Vázquez el pasado febrero

Curro Vázquez el pasado febreroGTRES

El ignorante sectarismo del ministro Urtasun, que suprimió el Premio Nacional de Tauromaquia, encontró la respuesta coral y adecuada cuando recuperaron ese Premio el Senado, la Fundación Toro de Lidia y una serie de Comunidades Autónomas: Madrid, Andalucía, Extremadura, Cantabria, Murcia, Valencia, Aragón, Castilla y León, Castilla - La Mancha y Melilla.

El año pasado, el Jurado apostó por lo «moderno» y por la difusión internacional, al premiar el documental de Albert Serra Tardes de soledad. Fue una decisión que suscitó división de opiniones. Según creo, ni siquiera satisfizo a su protagonista, el diestro Andrés Roca Rey. Opino yo que da una visión vistosa, pero muy limitada de lo que es el arte del toreo. Las declaraciones posteriores de su director han confirmado que la Tauromaquia, a él, le importaba muy poco. A veces, hablando de su película, ni siquiera la menciona. Lo que le interesa de verdad a este director catalán es autoproclamarse el mejor montador cinematográfico del mundo (sic).

Este año, en cambio, la decisión del Jurado del Premio Nacional de Tauromaquia, reunido en Santander, va a suscitar – creo – el aplauso más unánime, al distinguir a Curro Vázquez.

Es una decisión totalmente justa y oportuna porque el maestro ha añadido a una trayectoria artística magnífica una circunstancia concreta, referida al año 2025: con 74 años, dio una lección de clasicismo en Las Ventas, el pasado 12 de octubre, en el festival organizado por Morante de la Puebla.

Esa fecha taurina ha pasado ya a la historia por el triunfo y la inesperada retirada (felizmente, por poco tiempo) de Morante de la Puebla. Además de eso, todos los que tuvimos la fortuna de estar en Las Ventas esa mañana tampoco podremos olvidar lo que hizo Curro Vázquez.

Curro Vázquez, este domingo en Las Ventas

Curro Vázquez, en Las VentasEFE

Todos los que le conocemos y estimamos teníamos la duda de si, a su edad, las facultades le acompañarían. Él mismo sentía ese temor: así me lo dijo, durante el acto de inauguración del monumento a Antoñete, en la explanada de Las Ventas…

Muy pronto, las dudas se disiparon: Curro conservaba íntegras las cualidades de un torero de gusto exquisito. Esa mañana, manejó con soltura y facilidad el capote; cuando vio que el animal respondía, sin más probaturas, soltó la mano izquierda para trazar una serie de naturales monumentales .

Fue un momento de verdad mágico: los que, por razón de edad, no le habían visto torear se quedaron patidifusos. No cabe torear con más sencillez, con más naturalidad y con mejor gusto. Era una imborrable lección de clasicismo: «lo que no se pueda hacer mejor»…

Ha acertado el Jurado de este Premio Nacional al subrayar lo que supuso, para muchos jóvenes espectadores, contemplar un tipo de toreo que hoy raras veces se ve, por desgracia, y que nunca puede pasar de moda.

Por la amistad de mi padre con los Dominguín, tuve yo la suerte de presenciar, en 1969, en la plaza madrileña de Vista Alegre, el comienzo de la carrera de Curro Vázquez.

Curro Vázquez, César Rincón y Olga Casado, a hombros tras triunfar en el festival por monumento a Antoñete

Curro Vázquez, César Rincón y Olga Casado, a hombros tras triunfar en el festival por monumento a AntoñeteEFE

Era un jovencillo rubio, de figura frágil y expresión aniñada, que había nacido en Linares. Había cumplido solamente 17 años y tenía ya lo que – dicen los taurinos – se tiene o no se tiene, por naturaleza: clase, estilo, suavidad, finura, buen gusto…

Curiosamente, alternó entonces algunas tardes con un novillero de un corte muy distinto, Antonio Porras, que buscaba la espectacularidad, al intentar practicar el salto de la garrocha… Se lo comentaba yo a Remedín Vázquez, la hija del maestro Manolo Vázquez, el pasado domingo, en el sevillano Teatro de la Maestranza, durante el Pregón Taurino, cuando pude darle un abrazo al maestro Curro Vázquez.

Aquel jovencillo novillero nos ilusionó a todos los aficionados madrileños que pudimos verlo. Aprovechando ese tirón, El Pipo, su apoderado (que también lo fue de El Cordobés), organizó su alternativa: en sólo una temporada, pasó de debutar con caballos a matador de toros.

Me parece claro que el apoderado se precipitó. El 12 de octubre de 1969, alternando con José Fuentes, Curro Vázquez tomó la alternativa y sufrió una grave cornada. Eso, indiscutiblemente, frenó algo su carrera.

Durante tres décadas, Curro fue un torero predilecto de muchos buenos aficionados, aún con los altibajos propios de su línea estética. Recuerdo, por ejemplo, la pasión absoluta que sentía por él Santiago Amón.

No tuvo fortuna Curro Vázquez en la Maestranza, una Plaza que parecía pintiparada para apreciar su estilo. Siempre se le consideró un torero de Madrid. En Las Ventas, dibujó preciosas faenas, pero sufrió también un dramático percance.

En 1983, lidió un toro de Moreno Silva, un saltillo que había blandeado y que suscitó algunas protestas de los más exigentes. Curro lo citó al natural, desde lejos, y sufrió una tremenda cornada. Mientras se lo llevaban en brazos a la enfermería, ensangrentado, Bojilla increpaba a los que habían protestado…

Volvió a los ruedos Curro Vázquez con nuevos ánimos en 1989 y, en la Feria de Otoño, logró abrir la Puerta Grande de Las Ventas.

Después de algunas paradas y retornos, se despidió definitivamente en 2002, en un mano a mano con El Juli.

Mi amigo Javier Villán le dedicó su libro Curro Vázquez, sombra iluminada, en el que define así su arte:

«¿Quién ha toreado de frente con más pureza y menos gestualidad que Curro Vázquez? Esencialidad, desafío a la lógica de la geometría. Curro se ofrece como una víctima destinada al sacrificio».

Se casó con Pati Dominguín, la hija de Domingo, el hermano mayor de Luis Miguel, que había sido su apoderado.

Después de retirarse, ha sido apoderado de varios toreros: Cayetano, Morante, Ginés Marín… Ahora mismo, está ilusionado con que el novillero mexicano Emiliano Osornio añada nuevos laureles a la tauromaquia de su país.

Dentro del mundo taurino, tan peculiar, Curro Vázquez ha destacado siempre por ser una persona educada y respetuosa. Da gusto charlar de toros con él. Lo hice con calma, la última vez, en la cena de entrega del Premio de Tauromaquia de El Debate, el pasado 4 de febrero.

La semana próxima, en Sevilla, en la Venta de Antequera, va a recibir otro premio, el de la Real Unión de Criadores de Toros de Lidia.

Suele repetir Curro Vázquez: «Lo importante, para mí, es sentirme torero». Así volvió a sentirse, con más de setenta años, el pasado 12 de octubre, en Las Ventas. Fue el colofón perfecto para una brillante carrera.

Viéndolo torear, recordaba yo una sentencia de Shakespeare: «La madurez lo es todo» («Ripeness is all»). La madurez del sabio clasicismo. Por eso, ahora, ha recibido con tanto merecimiento el Premio Nacional de Tauromaquia. Que lo disfrute con salud muchos años, maestro.

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