Borja Jiménez pierde, con la espada, lo que había ganado al natural
Decepciona la corrida de Victorino, desigual de presentación y de juego
Borja Jiménez, en la octava de abono de la Feria de Abril de Sevilla
El centro histórico de Sevilla está este sábado colapsado por multitudes con camisetas blanquiazules (la mayoría) y rojiblancas, que conviven pacíficamente, en vísperas de la final de la Copa del Rey de esta noche. Eso no impide que, por cuarta vez, se coloque el cartel de «No hay billetes» en la Plaza de los Toros de Sevilla. Y a eso se añaden los muchos miles de espectadores que van a ver la corrida, en abierto, por Canal Sur. Ya lo han dicho algunos ministros: la Fiesta de lo toros no le interesa hoy a nadie. Decían los clásicos: ¡que santa Lucía les conserve la vista!
En el ruedo de la Maestranza, el color que predomina es el cárdeno de los toros de Victorino Martín (sólo el cuarto y el quinto son negros). Creía yo que las corridas de Garcigrande, Álvaro Núñez y Domingo Hernández se lo habían puesto muy fácil a los de Victorino. Si salían, como tantas veces, encastados y fieros, todos cantaríamos ahora que ésta es la Fiesta auténtica, la que de verdad nos emociona, porque da su justa importancia a la suerte de varas y porque exige un toreo de dominio, antes de ponerse bonito.
Por desgracia, esta tarde, las esperanzas no se confirman: la presentación de las reses es variada y el juego, lo más importante, también lo es. Se ovaciona en el arrastre al encastado segundo y al noble cuarto. Varios toros han quedado a medias. El quinto ha encrespado al público. Lo más positivo: los Victorinos han propiciado suertes de varas interesantes, algo que no había sucedido hasta ahora, en esta Feria. Se ha aplaudido con fuerza a tres piqueros, Juan Melgar, Espartaco y Tito Sandoval.
Manuel Escribano ha protagonizado ya muchas gestas en la Maestranza, con Miuras y con Victorinos. Forma parte de la mejor historia de esta Plaza el indulto a Cobradiezmos, de Victorino, hace diez años. Al cumplir veinte años de alternativa, publicó un interesante libro, Tauromaquia y verdad, escrito con la colaboración de Antonio Ramírez de Arellano, con un prólogo de Victorino Martín García.
El primer toro, serio, veleto, mete bien la cabeza en las verónicas de recibo pero flaquea. Cumple bien en varas, le mide el castigo Juan Melgar. Toma los palos, como se espera de él, Escribano: clava los tres pares de dentro a fuera; el tercer par, el mejor, porque el toro no acude al cite para el quiebro, en tablas. El toro embiste a la muleta con alegría, repite, pero flaquea un poco y , por eso, echa la cara arriba. Mediada ya la faena, el diestro le coge el sitio en unos naturales templados, mandones, «echándole de comer» (es decir, adelantando la muleta hasta su boca). Mata trasero, cuando suena el aviso, y descabella dos veces. Ha sido una faena de buen profesional, con mérito, porque el toro, encastado, no se entregaba fácilmente.
Manuel Escribano, de rodillas ante el segundo de su lote
Escribano pone las banderillas a ese mismo toro
Acude a porta gayola en el tercero: sale cruzado el toro, logra consumar la suerte. Encadena vibrantes verónicas a un toro veleto que sí humilla, embiste como una polvorilla. Empuja bien en el caballo la primera vez pero la segunda, tardea mucho, no quiere más castigo. De nuevo da espectáculo Manuel con los palos; sobre todo, el arriesgadísimo tercer par, en el que cita sentado en el estribo, el toro viene andando y el apurado quiebro asusta al público. (Así lo hacía Ignacio Sánchez Mejías y lo llamaron «el par de la mariposa», por el evidente riesgo de que lo clavaran en las tablas).
Brinda Manuel a Borja. Los doblones iniciales, rodilla en tierra, levantan ya un clamor. El toro tardea , es reservón, pero vuelve rápido, con evidente peligro. Escribano no redondeado la faena pero se ha mostrado valiente y gran profesional. Mata con decisión pero el toro tarde en caer y suena el aviso. ¿No se merecía una ovación? No lo entiendo.
Vuelve Manuel a porta gayola en el quinto. El toro tarda en salir una eternidad y la larga espera se hace realmente angustiosa. Levanta protestas la escasa presencia de la res que, además, se para a mitad de los lances. Los pares de banderillas del matador, desiguales, no calman el enfado del público. (En tardes anteriores, han soportado en silencio toros mucho menos encastados que éste). La verdad es que el toro tiene embestidas muy cortas, no «dice» nada. La voluntad del diestro se estrella contra el toro y contra el ambiente. Mata trasero y caído. Pocas veces he visto al público sevillano tan en contra de un toro, aunque tuviera más motivos que esta tarde. Mata trasero y caído. De remate, surge una bronca en los tendidos de Sol.
Con su entrega y su capacidad, Borja Jiménez se ha colocado en la primera fila de los matadores. El segundo toro no tiene gran presencia aunque pesa 575 kilos; embiste rebrincado al capote. Sí acude al caballo y lo pica muy bien Manuel Espartaco. El toro embiste con codicia, Borja intenta imponer su mando y lo consigue en buenos naturales de mano baja, coreados con ese «¡bieeen!», que en Sevilla suena a gloria, como la Banda de Tejera. Una faena con mucho oficio y entrega. Mata con decisión pero caído. El toro se resiste a doblar y recibe una gran ovación. Hay petición de oreja, no concedida: la merecía la faena, pero no, la colocación de la espada: aunque le piten, acierta el Presidente José Luque.
Borja Jiménez, con el capote ante su segundo toro, este sábado en Sevilla
El cuarto cumple en la primera vara pero, en la segunda, se va. Pone en apuros a los banderilleros: se cambia el tercio precipitadamente. En seguida, Borja logra naturales suaves, clásicos, profundos, de compás abierto, que hacen sonar la música. El toro tiene menos casta –y menos emoción– que sus hermanos pero más bondad. Aunque las embestidas no son largas, Borja se lo enrosca a la cintura, con gran oficio, levantando un clamor. Como tantas tardes, pierde el seguro trofeo porque falla, al matar: entra de largo, da varios pasos antes de llegar al toro, coloca el brazo muy vertical, casi se da la vuelta, a la salida de la suerte. Así, es muy difícil culminar bien la estocada.
Al último, le miden el castigo y acaba derribando: nueva ovación a un picador, la tercera de la tarde. Los ceños se desarrugan con los grandes pares de Iván García, una vez más. Brinda Borja por segunda vez al público. El toro queda corto y flaquea pero el diestro lo cuida (¡a un Victorino!) , traza algunos naturales suaves, a cámara lenta, pero sin emoción: el toro no da para más. Y vuelve a matar mal.
La gente no sale de la Plaza con buen sabor de boca: los toros de Victorino no han respondido a lo que de ellos siempre se espera. Y los dos últimos han sido los peores. Los fallos con la espada de Borja Jiménez le han impedido cortar trofeos en el segundo y en el cuarto: si lo hubiera hecho, el resultado total del festejo hubiera sido muy distinto.
Al acabar, un vecino de localidad, muy educado, me dice: «Este chico tiene un problema con la espada». ¿Cómo no estar de acuerdo con él? Con todo el respeto que tengo por los profesionales, no logro entender que un buen torero, como es Borja Jiménez, que está haciendo tantos esfuerzos para llegar a la cumbre, y su apoderado, un conocido profesional, no lo adviertan y le pongan remedio.
Lamento ser tan repetitivo pero no me queda otro remedio: no se puede entrar a matar desde tan lejos, dando tiempo a que el toro levante la cabeza y no deje pasar al torero. Los clásicos lo definieron: «En corto y por derecho». Sin eso, la buena técnica y la gran entrega de Borja Jiménez se quedan a medias. Así ha sucedido, una vez más, esta tarde. Desearía de verdad no tener que repetirlo.
POSTDATA. Este sábado, la Empresa ha comunicado que Morante sí toreará en la Feria de San Miguel, el domingo 27 de septiembre, en la última corrida del abono sevillano, ocupando el puesto que en principio se le había reservado, si estaba en condiciones. Quiere esto decir que se encuentra ahora mismo perfectamente y que espera torear toda la temporada. Es una magnífica noticia para la Fiesta. Supongo que habrá hecho felices a los ministros Urtasun y Óscar Puente… Y abre la posibilidad de que actúe Morante a final de temporada en Las Ventas.
FICHA
- Sevilla. Plaza de la Real Maestranza de Caballería. Feria de Abril. Sábado, 18 de abril de 2026. «No hay billetes».
- Toros de Victorino Martín, de presentación y juego variado. Ovacionan en el arrastre al encastado segundo, al noble cuarto. Protestan a los dos últimos.
- MANUEL ESCRIBANO, de azul marino y oro, estocada trasera y dos descabellos (aviso, saludos). En el tercero, estocada (aviso, silencio). En el quinto, estocada trasera y caída (silencio).
- BORJA JIMÉNEZ, de gris plomo y oro, en el segundo, estocada caída (petición y vuelta). En el cuarto, dos pinchazos y descabello (vuelta al ruedo). En el sexto, dos pinchazos y estocada defectuosa (palmas).