Ralph Waldo Emerson en 1856
Emerson, líder del trascendentalismo: «Siempre nos estamos preparando para vivir, pero nunca vivimos»
Su filosofía es el romanticismo estadounidense que apostaba por vivir el presente siendo uno mismo sin importar lo que piensan los demás
Todo Ralph Waldo Emerson y podría decirse que toda la intelectualidad estadounidense partió de Naturaleza, su primera obra y Biblia del trascendentalismo para los restos. Trascendentalistas fueron Henry David Thoreau, Bronson Alcott, el padre de Louisa May, la autora de Mujercitas, Margaret Fuller, Nathaniel Hawthorne o Ellery Channing.
Casi como si para ellos hubiera escrito Shakespeare por boca de Enrique V la frase más famosa de la arenga o el discurso de San Crispín: «We few, we happy few, we band of brothers» («Nosotros pocos, nosotros pocos y felices, banda de hermanos»), se plantaron en Concord, Massachussetts, en vez de en Agincourt, para luchar no con las armas (algunos también con acciones o pasividades como Thoreau) sino con las palabras contra el materialismo a través de la naturaleza.
Observándola buscaban la conexión con lo divino en la poesía y en la espiritualidad de los bosques y los ríos. Emerson fue predicador primero y después pensador y conferenciante famosísimo en su tiempo. Sus diarios se consideran la obra maestra de la erudición y la cultura estadounidenses, donde aparece la frase del titular: «Siempre nos estamos preparando para vivir, pero nunca vivimos».
Vivir el presente
La sentencia parte de las conclusiones a las muchas dudas existenciales, religiosas y morales que Emerson se planteó para construirse y que le convirtieron al principio en una suerte de líder moral cuestionado y rebelde y apartado de los círculos académicos, como Harvard, donde estudió, aunque acabó siendo recordado como una de las grandes figuras intelectuales.
De Naturaleza, su primera obra y anónima, nació el trascendentalismo, esa banda de hermanos unidos por las ideas y el pensamiento, en vez de por la sangre. Un idealismo crítico con la vida del hombre y las costumbres imperantes, una adaptación poética (amaba las Hojas de hierba de Walt Whitman) y literaria de los filósofos clásicos.
El romanticismo estadounidense que apostaba por vivir el presente siendo uno mismo sin importar lo que piensan los demás y por la naturaleza como expresión suprema de Dios y espejo del espíritu como pilares de la existencia y el juicio, donde encaja perfectamente la frase «Siempre nos estamos preparando para vivir, pero nunca vivimos».
Significa verdad, autenticidad, vivir con evidencias, como dijo también de otra forma Thoreau para explicar por qué se fue a vivir solo en el bosque, casi a la orilla de la laguna de Walden (de lo que salió su obra Walden): «Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente; enfrentar solo los hechos de la vida y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar. Quise vivir profundamente y desechar todo aquello que no fuera vida... para no darme cuenta, en el momento de morir, que no había vivido».