El filósofo Julián Marías en uno de los primeros actos de San Damaso en el curso 96-97
La carta inédita de García Morente a Julián Marías tras tumbar su tesis doctoral en la España de posguerra
Un documento publicado ahora recoge el apoyo de Morente al trabajo del filósofo y reconoce su «incomparablemente valor filosófico» en 1942
La publicación de un documento inédito ha devuelto al primer plano uno de los episodios más singulares de la universidad española del siglo XX. La Revista de Hispanismo Filosófico ha dado a conocer la carta que Manuel García Morente envió a Julián Marías pocos días después de la defensa de su tesis doctoral, en enero de 1942. El texto, acompañado de un estudio introductorio del doctor Juan Carlos Infante Gómez, ilumina desde dentro un episodio marcado por la presión política.
La tesis, dirigida por Xavier Zubiri, fue defendida en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid en un acto que pronto adquiriría un carácter excepcional. El trabajo de Marías estaba centrado en el pensamiento del filósofo francés Alphonse Gratry.
Manuel García Morente, en una imagen fechada en 1941
El tribunal estaba presidido por el propio García Morente, ya ordenado sacerdote y reincorporado a la vida universitaria tras la Guerra Civil. El resultado rompió cualquier previsión.
Tal y como explica Infante en su estudio, Julián Marías, que suscitó una «implacable hostilidad» en la posguerra llevándole incluso a prisión, recibió un anómalo suspenso. Algo que desentonó con la papeleta oficial, donde las únicas opciones eran sobresaliente y aprobado. Morente fue el único en contra de aquel suspenso.
La carta, ahora publicada, confirma lo que entonces quedó oculto. En ella, García Morente no solo expresa su desacuerdo con el veredicto del tribunal, sino que eleva la tesis de Marías a un nivel excepcional. La califica como «incomparablemente superior» a las defendidas en los últimos años y advierte de que exigir un listón semejante haría el doctorado inaccesible para la mayoría de los estudiantes.
Carta de García Morente
Madrid, 20 de enero de 1942
Mi querido amigo:
Al remitirle a usted copia de la parte del informe de Zubiri, que más puede interesar a usted, deseo reiterarle por escrito lo que de palabra le dije en el acto de su tesis doctoral y lo que manifesté, mediante mi voto en contra, en el acta oficial que contiene el resultado de su ejercicio doctoral. Considero que su obra sobre Gratry es incomparablemente superior en valor filosófico a cuantas tesis ahora recuerdo de estos últimos tiempos en la Facultad. La madurez y profundidad se hermanan en su trabajo con un certero golpe de vista y una justa intuición de la actual coyuntura filosófica. Si en adelante la Facultad hubiera de exigir a sus doctorandos trabajos para tesis doctoral superiores al que usted ha presentado, mucho me temo que el título de doctor resulte de hecho inaccesible a la inmensísima mayoría de los estudiantes. Lamento de todo corazón que el juicio de la mayoría del tribunal no haya coincidido con el mío y me complazco en manifestarle de nuevo la alta estima intelectual que tengo para su trabajo de usted.
Le estrecho la mano muy cordialmente
El documento aporta así una prueba directa del contraste entre el juicio académico y el resultado oficial. También refuerza la idea, ya conocida por otras vías, de que el caso de Marías no puede entenderse solo en términos universitarios, sino en el contexto más intrínseco de la España de posguerra.
El veto a Julián Marías
El suspenso de la tesis de Julián Marías se ha interpretado de forma reiterada como un caso de veto político en la universidad franquista. Tras la Guerra Civil, el sistema académico quedó sometido a un proceso de depuración ideológica que afectó tanto al profesorado como a los estudiantes. En ese contexto, la trayectoria personal y el entorno intelectual de Marías —discípulo de José Ortega y Gasset— pesaron más que los méritos estrictamente académicos.
El episodio resulta especialmente significativo por la posición de Manuel García Morente. Como presidente del tribunal, su voto contrario al suspenso y su defensa explícita del trabajo evidencian una fractura interna. No se trató de una discrepancia menor, sino de una divergencia de fondo entre criterios académicos y decisiones condicionadas por el clima político.
Retrato de Julián Marías
Años más tarde Marías aludiría al suspenso en su Memorias: «Nada de académico tuvo aquello; el tribunal parecía más bien el de una 'cheka'. Salvo Morente, desplegaron una insólita agresividad contra la tesis y, todavía más, ¡contra el P. Gratry!».
Lejos de quedar en un incidente aislado, el caso marcó el inicio de una etapa difícil para Marías. Su carrera académica en España quedó bloqueada durante años, lo que le obligó a desarrollar buena parte de su trayectoria intelectual al margen de la universidad oficial. Con el tiempo, aquel suspenso se convirtió en un símbolo de las limitaciones impuestas al pensamiento en la posguerra.
La carta ahora recuperada no cambia los hechos, pero sí los ilumina con una claridad inédita. Pone voz a una disidencia interna y documenta, sin intermediarios, el choque entre excelencia académica y control ideológico en uno de los momentos más delicados de la historia universitaria española.