Montaje de Camilo José Cela y Lolita Franco
Un Cela desconocido e inédito y una intelectual olvidada: así eran las cartas con Lolita Franco
La correspondencia, fechada entre 1934 y 1943, muestra al joven escritor en plena formación y reivindica a la intelectual madrileña como una figura decisiva en su evolución literaria
La publicación por primera vez de la correspondencia entre Camilo José Cela y Lolita Franco revela una relación intelectual y afectiva que se prolongó durante casi una década, entre los años previos a la Guerra Civil y la consolidación del autor gallego como figura literaria.
El volumen, titulado De lo mundano y lo sublime, recoge cartas intercambiadas entre 1934 y 1943 y permite reconstruir un vínculo atravesado por la formación de un escritor aún desconocido y la influencia de una intelectual ya reconocida en su entorno.
Correspondencia mantenida entre un joven y aún desconocido Camilo José Cela y Lolita Franco
Editado por la Fundación Banco Santander, el epistolario se presenta como un hallazgo literario y humano. Francisco Javier Expósito, responsable de literatura de la entidad, lo ha definido en rueda de prensa como el descubrimiento de un Cela «inédito, sin máscaras», «inseguro» y que «aún no ha florecido» como escritor. En paralelo, ha subrayado el papel de Franco como «una de las grandes intelectuales del periodo».
La relación entre ambos ha sido descrita por los editores como una amistad atravesada por un afecto de carácter platónico. El propio Cela se refiere a ella como una mujer por la que estaba «enamorado platónicamente».
Un vínculo en la España convulsa
El intercambio epistolar se desarrolla en un periodo decisivo de la historia española: el final de la II República, la Guerra Civil y los primeros años del franquismo. En ese contexto, las cartas reflejan tanto la formación intelectual de Cela como el entorno académico y cultural de Lolita Franco, discípula de José Ortega y Gasset en la Universidad de Madrid y vinculada a figuras como Pedro Salinas o María Zambrano, quien recomendó la lectura del joven escritor.
Parte de la correspondencia
El catedrático Adolfo Sotelo, responsable de la antología y director de la Cátedra Camilo José Cela de Estudios Hispánicos, recuerda que ambas familias mantenían relación y que el primer contacto se produjo tras un incendio en el chalet donde veraneaban los Cela en Las Rozas en 1934, cuando la familia de Franco vivía en la vivienda colindante.
Sotelo sostiene que «Cela estaba enamorado platónicamente de Lolita Franco, le fascinaba su autoridad intelectual», y añade: «No es una figura secundaria, sino una mujer decisiva en la formación intelectual de Cela».
Consejos, duelo y aprendizaje literario
Las cartas recogen un intercambio en el que se mezclan confidencias personales, referencias literarias y episodios marcados por la guerra. En una de ellas, sin fecha, Franco ofrece a Cela una suerte de guía creativa: «Céntrate en ti mismo y búscate. No escribas sino cuando tu alma vibre, cruja o tiemble. Y entonces lo contienes. No pienses demasiado en dar la vuelta al mundo. Si la has de dar, ya llegará. Dala antes por tu mundo interior, toma plena posesión de él, a lo alto y a lo hondo».
En otra misiva, fechada el 13 de enero de 1937, Cela intenta consolarla tras el fusilamiento de su hermano: «La guerra es la barbarie desencadenada, es verdad, pero sobre la guerra hay muchas cosas, y los almendros y los manzanos seguirán cubriéndose de flores todas las primaveras».
Genial tanto la persona como el personaje, hasta las frases falsas de Cela pasaron a la historia
Un año más tarde, el escritor deja entrever su fragilidad emocional en una carta en la que se siente desplazado: «Te he visto y el verte me ha dejado profundamente triste. ¡Tanto tiempo sin aparecer por aquí!, ¡tanto tiempo sin decir una palabra! Te absorbe Marías. Es normal..., yo no soy nadie».
Para Sotelo, la influencia de Franco fue determinante en la primera etapa del autor de La familia de Pascual Duarte. El catedrático destaca que ella era «su referente de estabilidad dentro de la crueldad de la adolescencia» y recuerda que Cela le dedicó varios poemas en su primer libro, Pisando la dudosa luz del día, aunque esas dedicatorias fueron suprimidas en ediciones posteriores.
El epistolario también contribuye a reivindicar la figura de Lolita Franco, autora de un único libro, España como preocupación, prologado por Azorín y considerado por los editores como una obra relevante en su generación, antes de su matrimonio con el filósofo Julián Marías, con quien tuvo cinco hijos.