El Último de la Fila vuelve a los escenarios con una gira de doce conciertos
El Último de la Fila regresa al escenario treinta años después: «La prioridad es pasarlo bien y ser felices»
Según han revelado Manolo García y Quimi Portet, el regreso «surgió en una sobremesa, como tantas cosas importantes de la vida»
El grupo musical español El Último de la Fila regresa a los escenarios casi treinta años después de su separación, con una gira de doce conciertos en la que «la prioridad es pasarlo bien y ser felices, y, por delante de eso, sentir que el público lo pasa bien y se emociona».
Los integrantes de la banda, Manolo García (vocalista) y Quimi Portet (guitarrista), han concedido una entrevista a EFE antes de un ensayo previo a la apertura de la gira, que tendrá lugar este sábado en el festival Marenostrum de Fuengirola (Málaga). Según han revelado, el regreso «surgió en una sobremesa, como tantas cosas importantes de la vida».
«Últimamente nos veíamos a menudo, y surgió. ¿Por qué no hacemos unos cuantos conciertos? ¡Ah, pues muy buena idea! No recuerdo si lo dijo él o yo, y pusimos en marcha el mecanismo», explica Portet.
Según los artistas, no se plantean el futuro más allá de esta gira, porque «en épocas más juveniles había que planear las cosas a mucho más largo plazo, pero ahora sería iluso hacerlo».
«Una de las ventajas que tenemos por nuestra trayectoria es la libertad para decidir las cosas sobre la marcha y que nuestro futuro no se vea teledirigido por unas acciones previas. Nos gusta la sensación de libertad absoluta en un oficio que muchas veces, cuando debería ser uno de los más libres, acaba convirtiéndose en una especie de cárcel de tus propios éxitos, fracasos o decisiones», añade el guitarrista.
García coincide con su compañero. «Cuando estamos juntos, algo puede salir siempre, porque hay ganas de tocar y de componer, pero esos puentes ya los cruzaremos si los tenemos delante».
Un repertorio coherente
Para su regreso han preparado un repertorio «lo más coherente posible, atendiendo a lo populares que fueron las canciones, si calaron de un modo u otro o si han pervivido en el tiempo», precisa el vocalista.
«Vamos a tocarlas de la manera que ellos esperan, no haciendo inventos o solos de media hora, sino tocarlas tal y como se compusieron y se grabaron en los 80 y los 90», asegura García.
Con respecto a su separación, que se produjo en 1998, revelan que sucedió porque «todo tiene un final y las cosas se van erosionando», además de haber encadenado unas giras que eran «maratonianas y muy intensas».
El músico Manolo García
«Llegó un momento en el que pensamos que, si seguíamos, podía pasar eso de rebañar el plato, y nuestra dignidad no lo permitía. Como los toreros, queríamos dejarlo en un buen momento, de manera amigable y sabiendo que no era una ruptura para siempre», afirma el cantante.
Por su parte, Portet apunta que fue un momento en el que usaron su libertad «para explorar caminos diferentes». «Vete a saber si El Último se habría evaporado en un par de años más. Son decisiones que se toman en función de la libertad que te da haber tenido esa difusión».
Las plataformas de streaming
En lo que respecta a los cambios en la industria y la irrupción de las plataformas digitales, el grupo tiene las ideas muy claras. «No es de recibo que la gente haga sus videoclips y sus canciones, que estén en las plataformas y que la soldada que reciben por ese trabajo sea ínfima, irrisoria e indignante. Es una injusticia que se está cometiendo en todo el planeta», lamenta García.
Añade que «los músicos y los compositores están a merced de las plataformas, que son unos imperios etéreos e intangibles que están en algún lugar y que generan mucho dinero, pero el chico que quiere sacar una canción se paga su videoclip, piensa que va a ser famoso y recibe unos magros beneficios».
Para Portet, «hay cosas mejores ahora, la música se ha democratizado y la difusión de la música es más fácil para un músico, pero el valor de la música ha perdido mucho».
«La emotividad que una canción da al público sigue siendo la misma, pero la aparición del streaming ha desvalorizado mucho la creación de la obra. Es muy difícil hoy que un músico llegue a ganarse la vida lo bien que se la ganaba en los 70, los 80 o los 90, cuando la música popular llegó a la cumbre», precisa el guitarrista.
La aparición de nuevos géneros
Además del impacto del streaming, en estos años han surgido nuevos géneros como el reguetón, sobre el que Portet subraya que «la música popular no tiene academias y siempre es válida, sea la que sea».
«Cada generación intenta resultar desagradable a la anterior. Nosotros los conseguimos con creces con el rocanrol, y pusimos histéricos a nuestros abuelos. Ahora, cuando somos personas de una edad tirando a provecta, es normal que a veces nos irriten músicas que surgen de la juventud».
El guitarrista añade, «la persona que está haciendo ahora reguetón con la máxima buena fe para llegar al público o demostrar a su novia que está enamorado es lo mismo que la gente que empezó a hacer rocanrol».