El símil de «la Roja» que impulsó Zapatero se desvanece mientras «España» resurge
La más contundente indiferencia de la naturaleza humana ante la expresión para referirse al equipo español de fútbol es la máxima expresión del fanatismo bobo de su «inventor»
Zapatero levanta la Copa del Mundo de España en 2010
Tiene su aquel que la metáfora para llamar a España «la Roja» solo se utilice mayormente en eslóganes comerciales y políticos y en ciertas proclamas periodísticas para intentar transmitir alguna clase de enardecimiento, tenga o no el locutor intenciones aviesas.
Aviesa si fue la intención del autor del símil, el siniestro Zapatero, en los tiempos en que cualquier ocurrencia suya, por ridícula que fuese, era celebrada como un hallazgo simpático. Lo de «la Roja» no es muy simpático como en realidad ha resultado ser el expresidente presuntamente blanqueador de riquezas ilegales aún por descubrirse.
Precisamente lo que pretendía el amigo y defensor del sátrapa asesino Maduro, entre otros, era blanquear la «rojez» de sus adentros metiéndola sibilinamente en la representación más multitudinaria de España como concepto (ese concepto «discutido y discutible»). Una suerte de envenenamiento de España. De apropiación ideológica o de perversión linguística.
Pero ha resultado que nadie en la calle utiliza el engaño de «la Roja», que además es como llaman originalmente a la Selección chilena y no a la española: tampoco era hallazgo, sino robo. En la calle la gente, los millones de españoles que han celebrado con pasión desbordante el triunfo en el Mundial, dicen España con más o menos orgullo y mayormente con más.
«La Roja» es un eslógan ideológico fracasado y deshecho por la naturalidad del ser español sin las ingenierías sociales a las que es tan aficionado el «inventor» Zapatero y, como metáfora, también lo es del desmoronamiento de todo el personaje y su doctrina y legado de cartón piedra tóxico.
El hundimiento o más bien la más contundente indiferencia de la naturaleza humana ante la expresión «la Roja» para referirse al equipo español de fútbol es la máxima expresión de su cierta maldad, de su fanatismo bobo. Una mancha que sale, vaya si sale, limpiada por todos los españoles sin más como quien se sacude el polvo antes de decir, gritar o cantar «España».