Talavante, primera Puerta Grande de la Feria, con un obedientísimo toro de Cuvillo premiado con la vuelta al ruedo
Primer cartel de «No hay billetes» en el primer festejo de San Isidro
Alejandro Talavante, a hombros en Las Ventas, que ha colgado el cartel de «No hay billetes» en el primer festejo de la Feria de San Isidro
Primera corrida de la Feria de San Isidro y primer cartel de «No hay billetes». Antes de que comience el primer festejo, sabemos que se han agotado ya las entradas para diez corridas. El empresario anuncia que, en cuanto a la asistencia de público, ésta va a ser una Feria histórica. Urtasun sigue triunfando…
Es también un acierto empresarial que no comience la Feria a ritmo lento, con carteles flojos, como era casi una tradición, sino a toda máquina, con dos carteles de primeras figuras. Lo dice el refranero: «el que da primero, da dos veces». Y la fórmula de Cecil B. de Mille para sus películas espectaculares: «Empezar con un terremoto y, a partir de ahí, seguir subiendo la emoción».
¿Ha sido esta primera corrida de la Feria un terremoto?
No tanto pero sí ha habido un final triunfal. Los toros de Núñez del Cuvillo, justos de presentación y fuerzas, son nobles, en general: se pita a los tres primeros pero el cuarto saca una nobleza y una obediencia extraordinarias, Talavante lo cuaja por completo, le corta las orejas y abre por primera vez en esta Feria la Puerta Grande; se premia al toro con la vuelta al ruedo. También es noble el quinto pero un poco más encastado y la faena estética de Juan Ortega queda a medias. Tristán Barroso, que confirma la alternativa, se justifica por su entrega.
Hay que aplaudir que, en una Feria tan larga como ésta, haya oportunidades para diestros jóvenes y tres confirmaciones de alternativa: Tristán Barroso, Manuel Diosleguarde y Bruno Aloi. Esta tarde, eso también sirve para liberar a Talavante de abrir cartel y matar el primer toro de la Feria, que se llama Ventoso, como mi admirado amigo (espero que a don Luis no le moleste esta coincidencia).
Tristán Barroso, que confirmaba alternativa, recibió de rodillas al primero de su lote
Comienzo por Tristán Barroso, que confirma la alternativa. Nació en Madrid, se ha formado en la Escuela de Badajoz, que tantos buenos frutos está dando, y su familia ha residido en Francia, donde él tomó la alternativa, hace un año. No cabe hablar aquí de localismos sino de una Fiesta internacional.
Sale suelto el primero, no se entrega en los lances de recibo. Lo pican poco, rectificando la colocación; se astilla el pitón izquierdo en el peto. Quita Talavante por apuradas gaoneras. El toricantano lo cita de rodillas en el centro, liga varios buenos derechazos, que el toro toma con nobleza y fuerzas justas. Ya de pie, continúa por el mismo palo, firme , con el compás muy abierto, algo rígido. El toro ha sido noble pero ha durado poco, se ha apagado y la porfía voluntariosa tiene escaso fruto. Sobran las bernadinas finales –una moda actual– y suena un aviso. Pincha antes de una estocada caída, falla con el descabello y suena el segundo aviso. Lo mejor, la firmeza; lo peor, alargar la faena y el mal uso de la espada.
Al último también lo pican trasero (¡vaya tarde de malos puyazos!) y flaquea. Saluda Mathieu Guillon, con los palos. Brinda Tristán a Talavante, su padrino. Comienza con los habituales cambiados de rodillas, en el centro: en el quinto o sexto muletazo, el toro lo prende: parece llevar un puntazo. Continúa muleteando con mucha entrega, algo atropellado, por las ganas de triunfar. Un trasteo desigual, emocionante: se ha justificado pero mata a la tercera, con más corazón que técnica.
Protestan por chico el segundo toro, más propio de Sevilla que de Madrid; además, queda muy cortito en los lances de recibo, sin relieve. Apenas lo pican y flaquea: aumentan los pitos. El trasteo de Talavante, muy en corto, con enganchones, crece el enfado del público. No ha habido nada, ni toro ni torero: una sensación penosa. Se lo quita de delante con facilidad: silencio.
El cuarto cumple en la primera vara, no en la segunda; se mueve, sale suelto, embiste con docilidad a la muleta, le deja a Talavante estar plenamente a gusto. Dibuja suaves muletazos a un toro tan obediente que los derechazos acaban convirtiéndose en circulares. Sube la emoción en los naturales, arrastrando la muleta por la arena, con su conocida facilidad. Ya sin la ayuda, juega con él como quiere, por los dos lados. Ha logrado poner al público en pie. Mata con su habitual facilidad: dos orejas y vuelta al ruedo al nobilísimo toro de Cuvillo: Ganador, cuatreño, de 552 kilos, colorado chorreado en verdugo. Ha sido un toro para disfrutar toreando, como ha hecho Talavante.
Talavante, con el segundo de su lote, de nombre Ganador y 552 kilos, reconocido con la vuelta al ruedo
Juan Ortega, sevillano de Triana, ha logrado ya colocarse en el primer grupo del escalafón gracias a su personal esteticismo, con raíces clásicas. Todos los aficionados recordamos haberle visto preciosos lances y muletazos; más raro es, en cambio, recordarle faenas completas, macizas.
También protestan la escasa presencia del tercero. Apenas dibuja conatos de lances Juan Ortega, entre gritos de «¡miau!». No pican nada al toro; aún así, flaquea claramente. Aumenta el enfado por el mitin, en banderillas. El diestro traza muletazos con gusto, componiendo la figura, a un animal de embestida mortecina. En el primer remate por bajo, el toro se arrodilla. En Las Ventas, con reses así, no hay nada que hacer. Mata a la cuarta.
El quinto, un jabonero sucio, acude bien al caballo pero lo pican trasero y se va. Después de un quite vistoso, comienza Ortega la faena con muletazos muy estéticos, rodilla en tierra. El toro acude con nobleza, un poco rebrincadito. Juan corre la mano con gusto pero surgen algunos enganchones, por falta de mando, y la faena se diluye. Al final, vuelve a subir, cuando cuaja algunos muletazos limpios. Ha habido momentos hermosos, en un conjunto desigual. No es la primera vez que eso le sucede. Mata a la segunda y suena un aviso. Todo ha quedado a medias, sin redondear.
Juan Ortega, este viernes en Las Ventas
¿Por qué eligen las figuras los toros de algunas ganaderías, como la de Núñez del Cuvillo? Lo hemos visto esta tarde: algunos toros son pitados, por su escasa presencia y fuerza; apenas los pican. Con ellos, la figura hace un mohín de disgusto, los mata y se acabó. A cambio, es frecuente que algún animal saque gran nobleza, como el cuarto y quinto de esta tarde. Ese tipo de toros facilitan las faenas estéticas que el público actual desea.
POSDATA. En el treinta aniversario de la muerte de mi amigo Luis Miguel Dominguín, me pregunto qué le sorprendería más a él de las corridas actuales, además de la presencia de tantos jóvenes. Creo que sería algo muy concreto: en su tiempo, si a un diestro le tocaba un buen toro en Madrid o en Sevilla y no lo cuajaba, o no remataba con la espada una buena faena, salía de la Plaza desesperado, dándose cabezazos contra las paredes, echándose la culpa a sí mismo por sus fallos. Ahora, en cambio, si pasa algo de esto, muchos diestros declaran que se van tan contentos, porque el público ha podido ver algo de su arte… En el toreo –y en la vida–, con ese conformismo no se llega a ningún sitio.
FICHA
- Madrid. Plaza de Las Ventas. Primer festejo de la Feria de San Isidro. Viernes, 8 de mayo de 2026. «No hay billetes».
- Toros de Núñez del Cuvillo, nobles, en general; flojos los tres primeros, pitados; obedientísimo el cuarto, premiado con la vuelta al ruedo; noble también el quinto.
- TALAVANTE, de blanco y oro, con cabos negros, en el segundo, estocada atravesada (silencio). En el cuarto, estocada (aviso, dos orejas y salida en hombros).
- JUAN ORTEGA, de purísima y oro, en el tercero, tres pinchazos y estocada (silencio). En el quinto, pinchazo y estocada (aviso, silencio).
- TRISTÁN BARROSO, de añil y oro, que confirma la alternativa, en el primero, pinchazo y estocada caída y cuatro descabellos (dos avisos, silencio). En el sexto, dos pinchazos y estocada defectuosa (palmas de despedida).