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Gloria y tragedia de Álvaro Serrano: brindó el toro a su abuelo y este murió tras abrir la Puerta Grande

Al emotivo brindis y el gran triunfo del novillero madrileño le siguió la triste noticia del fallecimiento

Álvaro Serrano, exultante tras cruzar a hombros la Puerta Grande de Las VentasX: @LasVentas (Plaza 1)

El toreo tiene un lado oscuro, como el de los jedi de George Lucas, que no es oscuro por malo, por malvado, sino por oculto. Pero en su secretismo o invisibilidad ese reverso es pilar ineludible del significado de la Fiesta.

La razón de ser de torear encierra mil historias como en Las mil y una noches. Mil historias que se suceden e incluso que se contienen en ellas como las matrioskas rusas. Hay tanto sentimiento, pasión o fe, que lo que se piensa o lo que se siente y padece crea realidades diferentes.

Es lo de la pasta de los toreros, que es distinta. Esa pasta es como masa, barro para esculturas. El toreo es un compendio de las artes donde la muerte ocupa el centro del rito. Álvaro Serrano, joven novillero en su gran tarde en Las Ventas, brindó entre lágrimas el último toro a su abuelo enfermo y salió a torear con el alma. Y al alma se la vio toreando desde los tendidos vestida de luces.

Cuando se ve el alma se percibe el sentido y la sensibilidad. Es un lenguaje ignoto y perceptible, emocionante, como si pasara algo más de lo que pasa o de lo que solo parece que pasa.

Había algo en Álvaro, todo eso que no es ni sustancia, sino pellizco fantasma, que levantó a la Plaza. No se sabe cómo. Como en un cuento fantástico. La frontera entre la vida y la muerte. El amor de los Righteous Brothers sonando cuando Molly puede volver a ver a Sam en Ghost.

Álvaro se desgarró como llevado por el mas allá del abuelo que se marchaba, el abuelo taurino, el abuelo que fue quien más le apoyó al torero, según dijo él mismo, que se partió en el brindis de forma directamente proporcional a cómo se entregó con el toro.

Y todos lo vieron. El rito central de la muerte en la plaza y en la vida. Nadie lo sabía. Tampoco el protagonista. Álvaro salió a hombros exultante en una bella y terrible imagen más para la historia de la tauromaquia, la vida y la muerte: Álvaro Serrano naciendo y su abuelo yéndose para siempre, pero no sin dejar al nieto encaminado por la calle de Alcalá.