Piezas de azulejo puestas a la venta en un puesto de la Feira de Ladra, en Lisboa.
El mercado clandestino de azulejos amenaza el patrimonio de Lisboa
La tendencia se remonta a principios de siglo, pero tras años de recesión las autoridades temen que el repunte desemboque en un daño irreparable para la ciudad
El patrimonio arquitectónico de Lisboa lleva meses viviendo bajo la amenaza del mercado ilegal. Ya el año pasado, el robo de azulejos en fachadas y monumentos se cuadruplicó hasta ser investigado en una veintena de ocasiones, y ahora todo parece ir a peor.
Los ladrones destinan las piezas robadas a la venta a turistas, despreciando así uno de los mayores símbolos de identidad de Portugal y perjudicando la imagen de las fachadas, que quedan descubiertas. Es habitual verlos en mercadillos por apenas cinco euros, aunque algunos pueden ascender a varias cifras.
LISBOA, 21/05/2026.- Parte de una fachada azulejada queda al descubierto cerca de la plaza de Rossio
El origen de los robos se remonta a principios de siglo. Los años 2001, 2002 y 2006 fueron especialmente graves, con miles de azulejos sustraídos. Tras varios años de recesión, el fenómeno vuelve a convertirse en una de las principales preocupaciones de las autoridades lisboetas.
El Gobierno vecino nunca ha cesado en sus esfuerzos de defender a uno de los testigos de la vida de la ciudad. La legislación tipifica la sustracción de azulejos históricos como un delito contra el patrimonio cultural.
Además, desde 2013, la demolición de fachadas decoradas con azulejos está prohibida en Lisboa sin autorización previa del Ayuntamiento.
Azulejo roto para su restauración en un taller en el barrio de Marvila
Las asociaciones vecinales denuncian la existencia de un mercado clandestino con epicentro en la Feira da Ladra, uno de los mercadillos más frecuentados de la ciudad, que se celebra semanalmente, los martes y sábados.
Aunque las autoridades no tienen cifras exactas sobre la cantidad de azulejos que se roban y revenden cada año, el director regional de la Policía Judicial (PJ) de Lisboa, João Oliveira, señaló que pueden llegar a ser miles.