Marilyn Monroe leyendo Hojas de hierba de Walt Whitman en 1952
Cien años de Marilyn Monroe, la «rubia tonta» que tenía más de 400 libros y leía 'Ulises' por su sonoridad
Sus lecturas ponen en evidencia las de cualquier lector medio. Además de a Joyce, leía a los rusos del XIX, a Rilke o a su favorito Walt Whitman, entre muchos otros
Detrás de las estrellas de cine, y más de los mitos, se encuentran historias sorprendentes, increíbles para el público acostumbrado al perfil público. Esta pequeña historia no es tan sorprendente porque ya se conoce, aunque quizá no lo suficiente.
'Blonde'
Lo que se conoce mayormente de Marilyn es su inestabilidad mental, su voluptuosidad física, su vulnerabilidad psicológica o su superficialidad personal, alguna de estas características asociables al viejo concepto de «rubia tonta».
Joyce Carol Oates profundizó en esa personalidad estigmatizada en su dura novela Blonde, que se hizo cine bajo la dirección de Andrew Dominik y la piel de una Ana de Armas casi de Oscar. «Blonde» significa «rubia», de pelo rubio, el título que es la metáfora de la imagen vacía de Marilyn.
Pero lo vacío solo esa imagen. Es seguro que la propia Norma Jean se sentía vacía, en constante búsqueda de una estabilidad imposible y zarandeada por una fama impresionantemente incómoda que no le hacía bien ni justicia.
Truman Capote escribió un retrato famoso sobre ella titulado Una adorable criatura donde mostraba casi a partes iguales rasgos de genialidad, frivolidad e indefensión. Una «criatura» es también una manera de definirla. Como un cachorro, no como una persona.
Marilyn Monroe y Truman Capote en El Morocco Club en Nueva York
Pero siempre se supo que era un cachorro que leía. Cuando murió se encontraron más de 400 libros en su casa. Famosa es la fotografía donde aparece leyendo Ulises de Joyce casi como un oxímoron por la representación pública del personaje con la que la gran novela choca como en un accidente.
Pero (otra vez) se sabe que lo leía porque le gustaba como sonaba su prosa, una inocente y acertada apreciación sobre la escritura del genio irlandés. Marilyn admitió que leía por pasajes, nunca completo, el difícil periplo de Leopold Bloom precisamente por complejo y críptico, pero sí lo llevaba consigo como quien escucha una canción.
El Ulises tenido como una canción es algo que probablemente ni el más sesudo experto crítico literario en esta obra universal hubiera hallado, pero sí lo halló Marilyn, quien leía con avidez impropia del concepto «blonde» o «criatura».
Marilyn Monroe con su marido, el dramaturgo Arthur Miller
Porque sus lecturas ponen en evidencia a cualquier lector medio: los clásicos rusos del XIX, Dostoievski (una vez dijo que le gustaría hacer de la Grushenka de Los hermanos Karamazov), Chéjov o Tolstoi. Le gustaba la poesía y (sobre todo) Walt Whitman y Rilke y el teatro de Tennesee Williams. Leía a Thomas Mann y a Scott Fitzgerald y a D.H. Lawrence.
En su notable biblioteca también estaban Hemingway y Faulkner. Y su marido Arthur Miller. Y Proust y Mark Twain y Flaubert. Y hasta Platón y Aristóteles, entre muchos otros. La llamaban «rubia tonta», pero no podía serlo. No al menos en el sentido intencionado. Puede que solo fuera «rubia» («blonde») o «una adorable criatura» o ninguna de las dos. Es posible que solo quisiera ser Norma Jean a la que buscaba casi en secreto y con desesperación entre los clásicos.