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Bad Bunny en su 'casita'

Bad Bunny en su 'casita'

La 'casita' de Bad Bunny: de icono de la humildad a ser acusada de machismo y escaparate de famosos

El espacio VIP es foco de polémica en redes sociales por la presencia de celebridades, el debate sobre el acceso y las críticas a su deriva elitista

Los llenos y el éxito de los conciertos de Bad Bunny se están viendo acompañados por la presencia habitual de famosos en su 'casita', algo que ha encendido las redes sociales. Marta Ortega, Ester Expósito, Lamine Yamal, Los Javis, Hiba Abouk o Arturo Valls son algunas de las personalidades que han pasado por un espacio que se concibió como signo de la humildad y los orígenes del artista puertorriqueño.

Mientras, en el público general, las personas anónimas costean entradas de 400 o 500 euros para vivir hacinadas en el recinto. Paradojas de la vida: ciudadanos de a pie pagando cantidades desorbitadas a cambio de incomodidad, y famosos accediendo a zonas reservadas gratis y con barra libre. Además, a las críticas por estas contradicciones se suma la supuesta selección de mujeres 'imagen' que el equipo del artista realiza para acceder a esa codiciada 'casita'.

La existencia de ese equipo de ojeadores de chicas atractivas choca con las ideas autoproclamadas de Bad Bunny, lo que alimenta un debate sobre la coherencia entre discurso y práctica. Para algunos críticos, resulta difícil de conciliar con la imagen que proyecta el artista en sus canciones y en su posicionamiento público, donde es un icono de la izquierda woke pese a sus letras machistas.

El cantante puertorriqueño fue de los primeros artistas en promover la inclusión, abogar por los derechos de las minorías y defender el feminismo. Sin embargo, ahora su entorno es cuestionado por la selección de mujeres para figurar en la 'casita' como parte del espectáculo, lo que algunos interpretan como una forma de cosificación y una puesta en escena de roles de género.

Los orígenes de la 'casita', hoy lejos de la idea original

La 'casita' de Bad Bunny se concibió como un icono para el cortometraje Debí Tirar Más Fotos, lanzado a principios de 2025. La idea original era rendir homenaje a sus raíces y enaltecer la identidad de Puerto Rico. La casa utilizada en el cortometraje es real y se ubica en Humacao (Puerto Rico), con el objetivo de trasladar esa esencia de hogar, nostalgia y cultura caribeña.

Este escenario adquirió tal relevancia que se incorporó como pieza clave de la gira mundial Debí Tirar Más Fotos World Tour. Sin embargo, el concepto inicial ha acabado desvirtuado, según estas críticas. Ese símbolo de humildad se ha convertido en un espacio percibido como elitista, asociado al estatus y al privilegio, lo que contrasta con el discurso de cercanía que acompaña al último álbum del artista.

Resulta contradictorio que mientras en los altavoces de la gira resuena su discurso de «yo soy igual que todo el mundo, yo no soy más que nadie», la barrera de la fama para acceder a esa 'casita' recuerde que, en el negocio de la música global, no todos los fanáticos son iguales.

La 'casita' también se ha visto envuelta en controversia judicial. Román Carrasco, propietario de la vivienda utilizada en el cortometraje, mantiene un litigio con el artista y su equipo por un presunto enriquecimiento injusto. La demanda civil reclama un millón de dólares por daños y perjuicios, además de cinco millones adicionales por el uso de la propiedad.

En este contexto, a las críticas sobre determinadas letras consideradas denigrantes se suma el debate sobre la cosificación de las fans y la existencia de dinámicas de exclusión dentro de un evento artístico como un concierto, así como la incomodidad de parte del público que queda fuera de ese entorno reservado.

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