'Presentación de la Virgen', de Alberto Carlieri
¿Cuáles son las pinturas de fuera de Cataluña que cuelgan en el MNAC?: los frescos de Sijena no son las únicas
La colección permanente del museo conserva decenas de obras maestras procedentes de otros territorios de España y de las principales escuelas europeas, con pinturas de El Greco, Velázquez, Rubens o Zurbarán
El largo conflicto por los frescos de Sijena entrará en su fase definitiva el próximo 6 de julio, cuando el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) inicie el traslado de las pinturas murales al monasterio oscense en cumplimiento de las resoluciones judiciales. Hasta ese momento, la institución ha agotado las vías legales y técnicas para retrasar la devolución, una postura a la que se sumaron los partidos independentistas. Sin embargo, los frescos de Sijena no son las únicas obras de fuera de Cataluña —ni siquiera de España— que forman parte de la colección del museo.
La colección del MNAC reúne decenas de pinturas de autores españoles y europeos ajenos a Cataluña. Entre las obras medievales, renacentistas y barrocas figuran lienzos de El Greco, Velázquez, Zurbarán, Ribera o Rubens, además de piezas procedentes de Castilla y León, Aragón, Italia, Alemania, Bélgica y los Países Bajos. A ellas se suman numerosas obras anónimas originarias de Burgos, Zamora, Navarra, Jaén, Salamanca o Madrid.
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En la colección de arte medieval solo sobresalen dos pinturas de procedencia ajena a Cataluña. Se trata del Milagro del monte Gargano, obra de Nicolás Francés realizada en el siglo XV y procedente de Zamora, y de la Epifanía, de Fernando Gallego, también del siglo XV y originaria de Salamanca.
El grueso de las obras de fuera de Cataluña se concentra en la colección de Renacimiento y Barroco. Entre sus piezas más destacadas figuran dos lienzos de El Greco, Cristo con la Cruz y San Pedro y San Pablo; el San Pablo, de Diego Velázquez; San Francisco de Asís según la visión del papa Nicolás V, de Francisco de Zurbarán; y San Jerónimo, de José de Ribera.
'San Pablo', Diego Velázquez
A ellas se suman tres obras de Pedro Pablo Rubens: el retrato Lady Alethea Talbot, condesa de Arundel; La Virgen y el Niño con santa Isabel y san Juanito; y San Roque como patrono de las víctimas de la peste. Las dos últimas pertenecen a la Colección Thyssen-Bornemisza y se exhiben en el MNAC en régimen de depósito.
Junto a estos maestros, el MNAC conserva obras de otros grandes nombres de la pintura española y europea, como Pedro Berruguete, Luis de Morales, Juan Bautista Maíno o Claudio Coello. La representación internacional incluye además a Lucas Cranach el Viejo, Tintoretto, Annibale Carracci, Luca Giordano y otros artistas procedentes de Italia, Francia, Alemania, Flandes y los Países Bajos.
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La llegada de estas obras al MNAC responde a vías muy diversas. Una parte ingresó mediante legados de coleccionistas privados, como las colecciones Cambó, Plandiura o Vidal-Quadras; otras fueron adquiridas por la Generalitat o por el propio museo a lo largo del siglo XX.
Y algunas se exhiben en régimen de depósito, como varias pinturas de la Colección Thyssen-Bornemisza o de la Real Academia Catalana de Bellas Artes de Sant Jordi. La presencia de arte no catalán en el museo es, por tanto, el resultado de décadas de compras, donaciones, herencias y cesiones institucionales.
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Ese es también el motivo por el que el conflicto de Sijena no puede equipararse al resto de piezas de la colección. Las pinturas murales fueron arrancadas del monasterio durante la Guerra Civil para evitar su pérdida tras el incendio del cenobio y trasladadas a Barcelona para su restauración y conservación.
Su incorporación al museo y la posterior reclamación de Aragón han dado lugar a un prolongado litigio que ha concluido con resoluciones judiciales firmes ordenando su restitución al monasterio.
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La variedad de procedencias demuestra que el MNAC se ha convertido en uno de los grandes depositarios del patrimonio artístico español y europeo. Precisamente por ello, el conflicto de Sijena ha adquirido una dimensión que trasciende el traslado de unas pinturas.
Mientras el museo defiende su papel como garante de la conservación del patrimonio, ha mantenido durante años una férrea oposición a cumplir unas resoluciones judiciales firmes que ordenan la restitución de los murales al monasterio aragonés.
Para sus detractores, esa estrategia ha acabado situando a la institución en el centro de un debate que ya no es solo artístico, sino también jurídico y político, alimentado por el respaldo de la Generalitat y de los partidos independentistas. La realidad es que los frescos de Sijena volverán a donde tienen que estar, el Monasterio de Sijena.