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Valérie Perrin, en una imagen reciente

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Entrevista a la autora

Valérie Perrin, escritora: «La gente se refugia hoy mucho más en los valores espirituales»

La autora de Cambiar el agua de las flores, que llegará al cine de la mano del director de Amelie, presenta el libro en España

Tras años como un superventas, por fin llega a España el exitoso libro Cambiar el agua de las flores (Duomo Ediciones), de la autora francesa Valérie Perrin, que ha sido traducido a más de 40 idiomas y ya tiene adaptación cinematogáfica dirigida por Jean Pierre-Jeunet. Una novela que no solo conmueve el alma sino que invita a la reflexión sobre el paso por la vida hasta la muerte y acerca un poco más a Dios al lector. La sencillez, según la autora, es la clave del buen vivir. El Debate ha hablado con la escritora sobre la espiritualidad que emana del libro y los mensajes que deja.

-¿Cómo surgió la idea de situar la novela en un cementerio y convertirlo en un lugar lleno de historias y humanidad?

-El punto de partida es la guardiana del cementerio. La idea se me ocurrió en un cementerio situado en Normandía, donde descansan los padres de mi marido. Después, poco a poco, surgieron las historias, la humanidad, la poesía, la intriga y, sobre todo, la razón de que esta mujer sea guardiana de cementerio y qué hace en ese en concreto de Borgoña.

-Afirma que «en los cementerios hay mucho amor». ¿Cree que nuestra sociedad ha perdido el sentido cristiano de la muerte como paso hacia la vida eterna?

-Eso depende. En mi opinión es un tema complicado porque, actualmente en Francia veo muchos pódcasts o entrevistas con personas que estarían, por decirlo de algún modo, en conexión con las almas y con el más allá. Y tengo la impresión de que la gente, en el período tan complicado en el que vivimos, se aferra a valores espirituales y eso se nota. Lo percibo a través de las redes sociales, por ejemplo, que cada vez están más llenas de espiritualidad.

-¿Ha tenido alguna experiencia personal que le haya hecho reflexionar sobre la vida después de la muerte?

-Sí. De hecho, viví una experiencia hace ahora trece años. Tengo una amiga de Marsella que perdió a su hijo en condiciones muy dramáticas: murió en el mar con 23 años. Trabajaba en un barco y se ahogó. Creo que, en cierta manera, quise responder a esa tragedia a través de esta novela. De hecho, se la dediqué. En la dedicatoria aparece esta mujer, Bakhita, aunque creo que en realidad yo ya quería hablar de la muerte y de la vida, de los que se quedan y de los que se han ido, y su tragedia provocó en mí el deseo de responder, en cierta manera, a algo que es insoportable.

Hay un movimiento de juventud cristiana y ahora la gente se refugia más en los valores que cuando escribí la novela

-Frente a una cultura que a menudo evita hablar de la muerte, su novela la pone en el centro. ¿Cree que necesitamos reconciliarnos con ella para vivir mejor?

-La muerte, de hecho, al igual que le sucede a mi protagonista, está todo el tiempo presente en nuestras vidas. Está siempre ahí, hasta el día en que nos atrapa. Pero nosotros no pensamos en ello, porque si pensáramos todos los días en la muerte, no lograríamos vivir tranquilos. Por otro lado, como sucede con la vejez, es una especie de tabú, algo de lo que no nos gusta hablar en nuestra sociedad. Cambiar el agua de las flores lo escribí en 2018. En España lo estáis descubriendo ahora, en 2026, y tengo la impresión de que todo lo que concierne a los valores espirituales ha cambiado mucho desde entonces. No sé si será por la influencia que ha tenido el Papa Francisco y su visita, que fue muy importante para la comunidad cristiana, y ahora por el Papa León XIV, pero hay un movimiento de juventud cristiana y ahora la gente se refugia más en los valores que cuando escribí la novela.

-Vivimos en una sociedad bastante secularizada. ¿Historias como la suya pueden reabrir preguntas espirituales?

-Sé que en Francia Cambiar el agua de las flores obtuvo en 2019 el premio de la Diócesis de Autun, Premio Cardinal- Perraud, porque para los lectores había valores dentro de la novela que daban pie a preguntas espirituales. De hecho, hay un personaje muy importante en la novela, el cura, el joven sacerdote con el que habla mucho mi protagonista. Conversan sobre Dios, aunque Violette dice que está enfadada con Dios porque le ha tocado vivir algo terrible. Mi idea era no imponer nada y que cada uno encuentrase lo que tenga ganas de encontrar.

-¿Por qué es tan importante no dejar que las historias de las personas desaparezcan con ellas?

-Porque creo que, mientras piensas en alguien, aunque esté muerto, en alguna parte sigue vivo. La memoria y el pensamiento consiguen que algo de las personas que han desaparecido permanezca, a pesar de todo, entre nosotros por medio de la vida, de un jardín, de los árboles o de la naturaleza. Por medio de pequeñas cosas podemos pensar en alguien que ha desaparecido, y en el hecho de que está en alguna parte con nosotros, en lo invisible, pero cerca de nosotros.

-Además hay un mensaje muy positivo en la obra: que en medio de la oscuridad también hay luz...

-Sí, Violette ha encontrado la luz en medio de la oscuridad. Es una definición muy bella. Y creo que esa es la razón de que el libro llegue de esa manera. De hecho, hay muchos lectores que me cuentan que ella les ha ayudado a sentirse mejor, que este personaje repara muchas cosas.

-¿Es la clave del tremendo éxito internacional que ha logrado el libro?

-Precisamente me llegaron las cifras hace unos días: ¡ha sido publicada en sesenta países y traducida a cuarenta idiomas! Sí, el éxito internacional, sin duda, es debido a la protagonista, a esta mujer que nos lleva de la mano y nos cuenta su historia personal y, mediante su historia nos habla de valores más universales como el amor, la muerte, la traición. Creo que hay, además, algo que atrapa con fuerza al lector: una intriga. Al igual que Violette, el lector quiere comprender muchas cosas, y la novela contiene también una especie de investigación policial. En realidad, podríamos decir que hay una doble investigación: una estrictamente policial, donde poco a poco se van descubriendo verdades, pero también una búsqueda en paralelo, una búsqueda de la sencillez. En mi opinión, los valores de la protagonista son valores de sencillez, de pequeñas cosas que pueden transformar nuestro día a día en un paraíso, sin necesidad de ser ricos. Simplemente ser ricos en el presente. Creo que son esos valores los que más han conmovido a los lectores.

-¿Cómo fue el trabajo de documentación para esta novela?

-Lo que hago sistemáticamente cuando voy a escribir una novela es reunirme con personas que ejercen los oficios que quiero abordar. Así que para Cambiar el agua de las flores, me reuní con un sepulturero que me habló mucho de su día a día y también mencionó las rutinas de la guardiana del cementerio que trabajaba con él. Me reuní con el encargado de la empresa de pompas fúnebres, que me explicó lo que las familias solían pedir: la elección de la música, las preferencias en la madera del ataúd, si la gente quiere descansar en tierra o si quiere ser incinerada. También hablé mucho con él y me inspiré en su día a día, que mezclé con mi ficción. Fue muy interesante. De hecho, el sepulturero al que interrogué se convirtió en uno de los personajes de Cambiar el agua de las flores, Nono, que trabaja cerca de Violette y que es también un amigo cercano.

-Sabemos que Cambiar el agua de las flores será llevada al cine por Jean-Pierre Jeunet. ¿Cómo ha sido su implicación en este proyecto?

-El director y yo hemos hablado mucho por teléfono cuando estaba en preparación, mientras elaboraba el guión. Escribió varias versiones y cada vez que terminaba una me la enviaba. Yo las leía y luego intercambiábamos opiniones con respecto a los personajes, en especial, sobre el personaje de Philippe Toussaint, el marido de Violette, que se marcha un día y nunca regresa. Yo diría que a Jean-Pierre Jeunet le encantó el libro en cuanto lo leyó y comprendió de inmediato quiénes eran todos los personajes. Captar a Philippe Toussaint era mucho más complicado y, por lo tanto, debatimos mucho sobre cómo representarlo. Él fue muy receptivo. Creo que Jeunet es la persona perfecta para adaptar mi libro.

-¿Qué aspecto de esta novela le parece más difícil de trasladar al cine: la atmósfera, los silencios o la voz interior de los personajes?

-Diría que las tres cosas. Las tres son difíciles de trasladar a la pantalla. En realidad, hay que ser un gran cineasta para, precisamente, lograr percibir esas voces interiores y esos famosos silencios. Creo que siempre es muy complicado. Sin embargo, como el universo de Jean-Pierre es bastante cercano al mío en los personajes secundarios, en la poesía, y también en el humor, creo que ha logrado plasmar perfectamente ese cometido.

-Si tuviera que resumir en una idea lo que espera que el lector se lleve al cerrar el libro, ¿cuál sería?

-Pues… que llamemos a las personas con las que estamos enfadados para hacer las paces. No hay que irse enfadado. Hay que irse en paz con los tuyos.

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