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Jesús Trillo-Figueroa, con su libro 'El Reino de las Autonomías'

Jesús Trillo-Figueroa, con su libro 'El Reino de las Autonomías'

Jesús Trillo-Figueroa: «Zapatero es un desastre en la historia reciente de España. El inicio del cáncer»

El doctor en Derecho y abogado del Estado publica El reino de las autonomías' con el que propone un modelo regionalista que evite las políticas separatistas

Erradicar las políticas separatistas y superar el anacronismo centralista para volver a la unidad nacional es lo que propone el abogado Jesús Trillo-Figueroa con su libro El reino de las autonomías (Deusto), en el que ofrece una propuesta para reformar la distribución del poder político y favorecer la regeneración democrática. El Debate charla con él sobre las polémicas autonómicas actuales, su origen y su solución.

-Propone recuperar el verdadero sentido del reino de las autonomías. ¿Cuál es?

-Creo que en la Transición hubo un doble consenso relativo a la concordia nacional. Era cerrar viejas heridas entre la izquierda y la derecha, las dos Españas y también entre el centro y la periferia. Ese segundo acuerdo de reconciliación ha sido absolutamente quebrado, donde en el momento se ha puesto de manifiesto la alianza entre la izquierda y los partidos separatistas, particularmente el PSOE. Ello se produce a partir de Rodríguez Zapatero que realiza el pacto con ETA y, en consecuencia, con los partidos que sustentan a ETA, que son Bildu actualmente; y el pacto de Estella en País Vasco, y posteriormente el pacto de Tinell en Cataluña. Todo el desastre se debe precisamente al que está de moda ahora: al señor Zapatero, a ese que se le mitifica por la izquierda. El señor Zapatero es un desastre en la historia reciente de España. El inicio del cáncer para España. Hay un libro publicado en el año 2005. He llegado recién llegado Zapatero al poder que se llama La ideología invisible, firmado por el que te habla, en donde analizaba la nueva izquierda radical que llegaba al poder de la mano de Zapatero y decía que iba a ser un desastre por diferentes motivos, entre otras cosas, por lo que estamos hablando del tema autonómico y así ha sido.

-¿Cómo cambiar y volver atrás en el tiempo?

-Lo que yo quiero es que se vuelva a recuperar la reconciliación, se acabe con la bipolarización de este país y podamos vivir en paz en una España que reivindica las regiones como entidades comunidades autónomas frente a las naciones. No hay una España que sea nación de naciones porque eso es imposible. Es un oxímoron en sí mismo. Una nacion exige por sí misma el derecho a la autodeterminación y a la soberanía. Y la soberanía es el poder más alto que tiene un Estado. En consecuencia, no puede haber una nación de naciones, porque sería soberanía sobre soberanía.

-¿Que haría falta para lograr ese regionalismo autonómico?

-Haría falta un reconocimiento de que existe una teoría del regionalismo, que es en el fondo la que dio lugar a la Transición. Lo que tendría que haber es una desaparición o prohibición del separatismo y una recuperación del legítimo regionalismo autonómico con una organización constitucional como la que hay, donde se aplican los cinco principios que lo regulan, entre otras cosas, la lealtad constitucional, es decir, la lealtad del Estado para con las autonomías. Lo que es imposible es tratar de convivir con unos señores que están permanentemente queriéndose separar y además queriendo destruir la unidad nacional.

-¿Cree que hay posibilidad ahora de una reforma constitucional?

-Yo creo que sí que hay posibilidades de una reforma constitucional. En mi libro lo expongo, y siempre que hubiera una mayoría suficiente para esa reforma en base al artículo 168 de la Constitución. Como usted sabrá, en la Constitución hay dos vías de reforma: la reforma normal y la reforma agravada, por así decirlo. El 168 permite la reforma de la Constitución con 2/3 de ambas cámaras. Por lo tanto, esa es la reforma que yo postulo en muchos aspectos, como por ejemplo el Senado, como cámara de representación territorial. Yo también en el libro incluso ensayo una posibilidad de reforma del título 8.º de la Constitución, que creo que se redactó mal y esa mala redacción ha sido aprovechada por los nacionalismos y su fuerza desintegradora y centrípeda para llegar a la situación actual del pequeño desastre en que vivimos.

-¿Cuál sería el método para asegurar un reparto de competencias claro?

-Hacer un nuevo reparto de competencias más claro. En la jurisprudencia del Tribunal Constitucional, en la disputa de las competencias entre el Estado y las comunidades autónomas, hay un concepto que es 'competencias concurrentes', pero eso no es posible. ¡Eso no se le ocurre a nadie! En definitiva, hacer un reparto de competencias que sea normal, como el que hacen todos los países federales o de la Unión Europea. Esto es: el principio de atribución, usted atribuye las competencias necesarias del Estado para que desarrolle su función como Estado nacional y las que no estén atribuidas pues podrán ser de las comunidades autónomas, pero de una forma ordenada y clara.

-¿Qué opina de la idea de una financiación singular para Cataluña?

-La Constitución se basa en esa conformación de la unidad nacional a través de la diversidad de sus partes, no de la homogenización, pero no obstante, en base a unos principios constitucionales que deben ser cumplidos y que no se han cumplido y que si no se cumplen es imposible la convivencia nacional. Y entre los principios está el principio de solidaridad. El principio de solidaridad no es la argumentación a una espontánea en gratuidad o generosidad de unas comunidades autónomas con otras. La Constitución Española en su artículo 2º cuando habla del derecho a la autonomía de las regiones y nacionalidades que lo integran. Habla de «la solidaridad entre todas ellas». Es decir, forma parte estructural de lo que es la autonomía, de tal manera que no se puede entender la concesión de la autonomía a una parte del territorio si no se entiende bajo el principio de solidaridad. Entonces ese principio de solidaridad se rompe totalmente cuando se producen acuerdos bilaterales, no multilaterales, de financiación autonómica. Lo que sería un concierto con Cataluña sería totalmente contrario a la Constitución.

-¿Cómo se puede lograr la solidaridad real entre las autonomías?

-Muy sencillo. En España tenemos un sistema de financiación autonómica en donde las autonomías que más renta generan o aportan a la masa común. Y de esa masa común detraemos recursos para los que menos renta generan, para ayudarles a realizar sus servicios. ¿Cuáles son? Madrid, sin lugar a dudas, la primera. Cataluña, la segunda. Lo que no puede ser es ese principio de ordinaridad que quieren sacarse los socialistas en común acuerdo con los de Junts y los de Esquera Republicana que buscan decir que quien más aporta es quien mas recibe. Eso es contrario a la soliridad y el reparto progresivo.

Los partidos nacionalistas y separatistas deberían de ser ilegales

-¿La ley d'Hont debería de ser un factor a revisar para que los nacionalistas tuvieran menos peso en el Congreso?

-Lo que no tiene sentido es que en España es el abuso y chantaje al Estado que han hecho esa minoría mayoritaria para dejarlo seguir gobernando. Ahora, el problema no es ese. El problema es dejarse hacer por parte de los partidos centrales y, por otro lado, el tener y permitir partidos nacionalistas y separatistas. Yo creo que deberían de ser ilegales. ¿Cómo va a permitir usted que haya partidos que concurran a las elecciones que no quieren ser España? Es absurdo y hay que cortarlo de alguna manera. ¿Cómo vamos a convivir con un señor que quiere matarme?

-Entonces claramente el modelo actual ha sido una víctima de una mala aplicación política...

-Totalmente. Los culpables han sido los políticos, no el sistema. Insisto en que el artículo 21 en el artículo 8.º de la Constitución estaba muy mal redactado. El actual presidente de la Real Academia de la Lengua, Santiago Muñoz Machado, en 2012 también lo dice, que sin lugar a dudas es un fiasco desde el punto de vista técnicojurídico, pero ello no es excusa para que estemos donde estamos.

Funcionan mejor los Estados descentralizados que los Estados centralizados

-Frente a quienes defienden recentralizar competencias ¿qué argumentos ofrece para apostar por el regionalismo autonómico?

-Yo apuesto por el regionalismo desde el momento en el que te digo que España es el resultado de la unión de los distintos reinos bajo el principio de diversidad sin uniformidad. Esa expresión la utiliza el profesor Daniel del Corral desde hace mucho tiempo cuando habla de la monarquía hispánica. Por tanto, yo creo que cada región de España tiene su propia identidad, lo que llamo autoidentificación. Utilizando una palabra que utilizó para estos efectos Fraga por primera vez. Es decir, que cada región, la región es algo superior o la provincia inferior al Estado, que tiene una personalidad propia, que tiene una entidad reconocible de carácter natural, no artificial, sino natural: en la geografía, en la cultura, en su historia, incluso en su lengua. Por lo tanto, existiendo eso en España y habiendo habido una experiencia de centralismo no solamente en España sino en el mundo en general que demuestra que funcionan mejor los Estados descentralizados que los Estados centralizados, yo soy partidario de la descentralización. ¿Por qué? Porque en un mundo como el actual, en donde la gente está muy alejada de la política, está harta de la política y, por tanto, no quiere participar en política. Cuanto más acerques la política al ciudadano, más posibilitará su participación. Como decía la espléndida filósofa judío alemana Hannah Arendt, cuanto más espacios de autogobierno cercanos al ciudadano generes, más posibilidades de participación democrática habrá. Esa es la razón fundamental.

Sánchez le sigue los pasos a Zapatero y está, incluso, superando al maestro

-Zapatero es el origen, pero ahora Pedro Sánchez le está siguiendo los pasos...

-Sánchez le sigue los pasos y está, incluso, superando al maestro. Eso es una cosa increíble lo de Sánchez. Lo del espectáculo de Sánchez en el Congreso es asombroso. Es la persona con más falta de vergüenza y límite moral para decir lo que le da la gana, sin ningún límite con tal de seguir en el poder, descalificar al contrario y defender lo que es indefendible.

-¿La oposición no sabe luchar contra el discurso actual del Gobierno?

-Sí sabe luchar, pero el Gobierno tiene un discurso tan descarado, tan sin límites, sin coacción moral de ningún tipo... que es muy difícil tener otro discurso. Y como no hay otras armas que la democracia pues nos debemos a ello. No podemos dar un golpe de Estado.

-El modelo autonómico actual ha debilitado la idea de nación española. ¿Considera que con el regionalismo que propone sí se podría volver a esa idea?

-Yo entiendo que sí, porque reconocer la existencia de una región en España es reconocer a España por encima de todo. Yo creo que España es más rica en la medida en que es diversa. No creo en los uniformismos. Es un poco lo que el otro día explicaba el Papa León XIV sobre Babel, esa torre única cerrada jerárquicamente uniforme, y Nehemías, el constructor de Jerusalén, después de la marcha de los judíos a Babilonia. Hay que dialogar, hay que contar con el otro, hay que hacer todo en comunidad. No se puede uno establecer de manera arcaica, jerárquica y con poder absoluto.

-Si tuviera que resumir en una idea clave su propuesta de reforma, ¿cuál sería el principio irrenunciable para garantizar la cohesión de España?

-La lealtad constitucional que le ha faltado al Gobierno y a los partidos nacionalistas. En el libro propongo una reforma del Código Penal para introducir el delito que no existe actualmente de deslealtad constitucional. Como consecuencia del pacto entre los catalanes y el PSOE se acabó con el delito de sedición, entendido como lo que se llamaba ante rebelión impropia. Es decir, en España, el que una parte del territorio se alce contra la nación declarándose independiente antes era delito de dos formas: si se hacía con violencia o sin violencia; con violencia, rebelión; sin violencia era sedición. Nos hemos quedado sin defensa. Por tanto, yo vuelvo a hacer una propuesta de regulación del delito de deslealtad. La llamo deslealtad constitucional.

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