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Papa León XIV en Barcelona

Papa León XIV en BarcelonaDr. Guillermo Simón-Castellví

El Debate de las Ideas

León desafía a Humpty Dumpty

Una de las cosas más patéticas y desagradables con la que nos podemos topar es un político o un experto incapaz (o que a causa de su cobardía moral se pone de perfil) de expresar una verdad verificable o un hecho demostrable.

Como, por ejemplo, que una mujer no puede ser un hombre (y viceversa), o que no es posible ser un gato incluso si uno se identifica como un gato. Nos lo podemos tomar como una broma, pero en realidad el control y la falsificación del discurso son tan peligrosos como malévolos y se están extendiendo rápidamente por toda Europa.

La prensa mundial, que acostumbra a hacerse eco de lo que dice el Papa solamente cuando parece confirmar sus valores o cuando se trata de declaraciones peculiares o inusuales, se fijó en una línea del discurso del Papa León al cuerpo diplomático del pasado 9 de enero de este año.

Después del acostumbrado y bastante aburrido catálogo de eventos del año anterior, el Pontífice empezó a hablar del lenguaje y de su corrupción o abuso. La frase que algunos de los miembros más serios de la prensa destacaron fue su descripción del desarrollo de un lenguaje de estilo orwelliano, algo que, resulta interesante destacar, el Papa señaló que era un fenómeno particular de Occidente y que no suele encontrar cabida en lo que publica la prensa, pero que es profundamente importante.

Si bien no es infrecuente escuchar esta apreciación en el marco de la crítica al lenguaje de la cultura woke (una apreciación que algunos dirán que se ha convertido en un cliché debido a su sobreutilización), parece ser que es la primera vez que un sucesor de San Pedro utiliza este término.

A día de hoy, los gobiernos de la Unión Europea y de Gran Bretaña están haciendo un gran esfuerzo para intentar controlar y limitar la libertad de expresión, a menudo, como el mismo Papa León señaló, justificándolo en el absurdo de su obligación de garantizar la propia libertad de expresión, un ejemplo perfecto del doble pensar orwelliano. Es pues refrescante y alentador escuchar al Papa hablar con claridad sobre este asunto, cuando hay tantos líderes religiosos que permanecen en silencio.

Pero aunque la frase orwelliana está muy bien, las palabras del Papa León previas a ella fueron, en mi opinión, incluso más importantes y proféticas. Hay que recordar las palabras de Monseñor Ronald Knox cuando decía que un profeta no es alguien que prevé el futuro, sino alguien que «ve los males de su tiempo con una mirada clara». Como buen agustino, fiel a su maestro, el Papa se detuvo en las palabras y su significado. Esto es importante «ad intra» (dentro de la Iglesia) cuando, por ejemplo, la comprensión del sentido del lenguaje, tanto teológico como eclesiástico, se limita muy a menudo solamente a los estratos profesionales en la Iglesia y no a los fieles. Este es también un factor significativo que se suele pasar por alto cuando se habla del creciente número de personas que asisten a la iglesia en Navidad o en Semana Santa. De lo que no se habla es de si esas personas regresan y de si entienden o no el significado de lo que escuchan, y no me estoy refiriendo al uso del latín litúrgico.

Pero es en referencia al uso contemporáneo de las palabras y el lenguaje, el «ad extra», cuando la reflexión de León XIV asume un peso profético y cumple así su oficio de enseñar al servicio de la verdad.

El Papa León afirma que «Redescubrir el significado de las palabras es quizás uno de los principales retos de nuestro tiempo. Cuando las palabras pierden su conexión con la realidad… la realidad misma se vuelve discutible». Es ésta una descripción precisa del estado actual de Occidente. En oposición a León, encontramos a Humpty Dumpty, digno seguidor de Poncio Pilatos, patrón de los políticos, académicos y personalidades mediáticas desleales y poco escrupulosas. Humpty Dumpty aparece como un personaje en las canciones de cuna inglesas, un huevo antropomórfico que, tras su famosa caída desde el muro sobre el que estaba encaramado, «ni todos los caballos del rey, ni todos los hombres del rey/pudieron a Humpty recomponer». Luego, en A través del espejo, de Lewis Caroll, Humpty Dumpty declara en términos extraordinariamente modernos: «cuando yo uso una palabra quiere decir lo que yo quiero que diga, ni más ni menos».

La filosofía política del dumptysmo, si se me permite inventar este término, es justo de lo que León nos previene, y con su llamamiento a que las palabras vuelvan a «expresar ciertas realidades de forma inequívoca» llama a la Iglesia a dar la batalla contra la falsificación de la realidad. Estamos rodeados de dumptysmo; es ésta la infección que necesita del antídoto de la verdad, y es por ello que debemos declararle la guerra al dumptysmo.

De mayor importancia incluso que la corrupción orwelliana, el papa León, con mirada atenta y profunda, sostiene que «la libertad de expresión está garantizada precisamente por la certeza del lenguaje y el hecho de que cada término está anclado en la verdad». Es esta una apreciación esencial, que haríamos bien en meditar y en convertir en algo así como un manifiesto, una proclama para todos los que buscan participar en política. Un ancla mantiene al barco firme en la tormenta, es garantía de seguridad. Cuando sabemos que una palabra es verdad, cuando sabemos lo que significa, entonces estamos seguros de que no puede ser corrompida ni falsificada. Estamos anclados tanto en la verdad como en la realidad.

Este «reto crucial» ante el que el Papa nos pone, depende y encuentra su origen en la Palabra, el Logos eterno, que se hizo carne y habló palabras de verdad que, tal y como prometió, nos harán libres porque Él es la Verdad misma. Estar «anclados en la verdad» es estar anclados en la realidad, y es verdaderamente parte de la obra misionera de la Iglesia y de la barca de Pedro ofrecernos ese ancla en un mar de confusión.

Vaclav Havel, hablando de los efectos de vivir bajo el comunismo, el lugar de nacimiento filosófico de la «mentira consciente» de Solzhenitsyn, escribió que la gente «enferma moralmente porque nos hemos acostumbrado a decir cosas diferentes de lo que pensamos». La llamada evangélica del Papa León a la claridad lingüística y a la realidad nos traerá el remedio para esa enfermedad moral, ahora presente no en los fracasados países comunistas, sino en el mundo de la cancelación de aquellos que osan decir la verdad.

Esta llamada a la limpieza del lenguaje, arrancada la falsedad y recuperadas las palabras que son inequívocamente verdaderas, puede ser el primer signo de la dirección del pontificado leonino, un pontificado en lucha por la libertad de afirmar palabras verdaderas. Una lucha con enormes consecuencias, porque no hay libertad religiosa sin libertad para decir la verdad, como aquellos que han sido arrestados en el Reino Unido por sus oraciones silenciosas y sus «pensamientos» ya han descubierto.

Uno de los primeros mártires de la Iglesia, San Ignacio de Antioquía, dijo que Cristo es «la boca que no puede mentir». El discurso claro y nítido del Papa León va encaminado a hacer de la Iglesia el Cuerpo que no puede mentir, y así traer a este mundo enredado en la irrealidad (no ya de las fake news, sino de las palabras fake) la alegría, la esperanza y la libertad de decir y comprender la verdad. Humpty Dumpty y el dumptysmo deben, pues, caer del muro y no ser recompuestos jamás.

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