El honor y la infamia
Urtasun ha calificado de infame que el Ayuntamiento de Cádiz no haya retirado el nombre de Pemán al teatro al aire libre del parque. Pero los jueces han dejado claro que no se puede perseguirse por las leyes de memoria los honores atribuidos a alguien en razón a hechos y cualidades ajenos a lo político
Ernest Urtasun, en una imagen de archivo en el Congreso de los Diputados
El proceso conocido como Transición a la democracia comenzó en 1975. Supuso para la inmensa mayoría de los españoles –para todos hubiera sido imposible– enterrar el enfrentamiento que dio lugar a la Guerra Civil. En 1982 fue designado presidente del Gobierno Felipe González. Para muchos esta fue la consumación de la Transición. Ese año nació don Ernest Urtasun Domènech, actual ministro de Cultura, que no vivió, por tanto, la Transición. Como le sucede a muchos españoles, sus antecedentes familiares se encuentran situados en campos políticos divergentes.
El señor Urtasun orientó su vida política hacia el ecologismo y la izquierda, radical, extrema, o, simplemente, más a la izquierda del PSOE. Formó parte del partido ICV (Iniciativa per Catalunya Verds) que se integró en Catalunya en Comú, que se unió a la coalición Sumar que, a su vez, forma parte del gobierno de Pedro Sánchez.
El señor Urtasun centró sus estudios universitarios en la economía y en las relaciones internacionales, es decir, al margen de la literatura y de las letras en general. Su vida académica y profesional ha sido brillante pero no le ha acercado especialmente a ese mundo.
Fue designado Ministro de Cultura en el actual gobierno de coalición presidido por Pedro Sánchez. Representa en el gobierno una posición nacionalista no independentista. Es de destacar su discurso en catalán en el Congreso en 2024 para contestar a Gabriel Rufián. No sé si ha sido el primero que se ha pronunciado en el Congreso en catalán; desde el banco azul, sin duda.
Su discurso en catalán debe interpretarse como un gesto nacionalista, aunque de intensidad ambigua, como sucede en general con las posiciones nacionalistas. En lo que no hay ambigüedad alguna es en su rotundo apoyo a la lengua catalana.
Me trajo a la memoria un artículo publicado por José María Pemán en 1970 –Urtasun no pudo haberlo leído– con el título «El catalán un vaso de agua clara». La razón de ser de este artículo era la discusión en las Cortes (franquistas) de una ley de educación que prohibía la enseñanza en catalán. Josep Andreu Abelló, uno de los fundadores de ERC, le pidió a Areilza que buscara un escritor conocido, no catalán, que estuviera dispuesto a defender la lengua catalana. Areilza no lo dudó y señaló a Pemán, que lo publicó en la tercera de ABC el 19 de abril de 1970.
Decía entre otras cosas: «Se es lengua cuando se tiene alojada con sus palabras una gran literatura. Nadie puede, votar contra Curros Enríquez, Rosalía de Castro, Verdager, Maragall, o Sagarra. Hay pueblos bilingües. Eso es todo… El catalán no es un hecho pasivo sino activo que significa enriquecimiento y aumento para España».
En Barcelona se celebró en su honor un almuerzo multitudinario al que asistió toda la intelectualidad catalana.
Hay pues un paralelismo claro, casi identidad, podría decirse, entre el ministro Urtasun y Pemán, en lo que atañe a su opinión sobre la importancia de la lengua catalana... expresada con una diferencia de cincuenta años nada menos, y a partir de unas trayectorias políticas claramente diferenciadas.
Pero ahora, cincuenta años después, Urtasun ha calificado de infame, es decir de «carente de honra, crédito y estimación», que el Ayuntamiento de Cádiz no haya retirado el nombre de Pemán al teatro al aire libre del parque. Este nombre fue acordado en 1964 en razón a los méritos del gaditano Pemán como orador, escritor y dramaturgo; los mismos méritos por los que en 1955 se le nombró hijo predilecto de Cádiz.
Las dos leyes de memoria histórica (Zapatero y Sánchez) tienen un ámbito de aplicación perfectamente delimitado. Persiguen la glorificación del levantamiento de 1936 y de la dictadura posterior. No amparan ni la inquina ni el rencor visceral entre españoles de uno u otro bando en la guerra.
En el libro El caso Pemán se analiza en profundidad la intachable trayectoria política del escritor, y no es este el momento de reiterar los hechos y argumentos que allí se detallan y que demuestran esa trayectoria.
Pero es que, además, los jueces han dejado sentado con claridad que no pueden entenderse perseguidos por las leyes de memoria histórica los honores atribuidos a alguien en razón a hechos y cualidades ajenos a lo político. El Tribunal Superior de Justicia del Andalucía ha ratificado recientemente esta doctrina en lo que atañe a los honores otorgados a Pemán como ciudadano ilustre de Cádiz por sus méritos literarios.
Por tanto, dar su nombre al teatro al aire libre del parque, no solo no es infamia, sino que es un acto de reconocimiento y de recompensa plenamente merecido y ajustado a Derecho.
- José María del Cuvillo Pemán, Rafael Núñez, Jaime Pemán Díez y Daniel García-Pita Pemán son familiares del escritor José María Pemán