Fundado en 1910
Luis García Casas

El largo camino hasta la IA

Desde los primeros ábacos hasta los microprocesadores de última generación, las máquinas con las que calculamos han seguido una evolución fascinante. Pocos sitios reúnen tantas piezas para estudiarla como este museo.

Act. 16 jul. 2026 - 17:10

(Foto de ARCHIVO)
Imagen de archivo de una persona con una calculadora

REMITIDA / HANDOUT por JCYL
Fotografía remitida a medios de comunicación exclusivamente para ilustrar la noticia a la que hace referencia la imagen, y citando la procedencia de la imagen en la firma
15/7/2025

Una persona con una calculadoraJCYL

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La Inteligencia Artificial parece haber surgido de la nada. Sin embargo, el propio término tiene fecha de nacimiento: en 1955 el profesor John McCarthy lo utilizó por primera vez al pedir fondos a la Fundación Rockefeller para financiar sus investigaciones. La historia de cómo hemos conseguido que las máquinas lleguen a poder aprender y a simular respuestas inteligentes se remonta incluso a mucho más atrás.

Un repaso a esta historia, desde los primeros ábacos a los microchips de última generación, lo podemos encontrar en Arithmeum, el Museo de la Aritmética de la Universidad de Bonn, entre cuyos patrocinadores se cuentan IBM, la Fundación Alfried Krupp, la caja de ahorros local SparKasse o Zeiss, que hoy día no se limita a fabricar únicamente lentes ópticas, sino toda clase de componentes de precisión.

El origen y la finalidad

En conexión con el Museo y, de hecho, en sus mismas instalaciones, está el Instituto de Investigación para las Matemáticas Discretas de la Universidad de Bonn, dedicado al diseño de microprocesadores para la industria. Ambos fueron fundados por el catedrático Bernhard Korte en 1988 y, diez años después, se mudaron al actual edificio, diseñado por el propio Korte y financiado con cinco millones de marcos alemanes por el fondo de compensación acordado para la ciudad cuando la capitalidad pasó a Berlín tras la caída del Muro.

El origen del Museo fue la donación inicial de la colección privada de máquinas de calcular de Korte al Instituto de Investigación que había creado. El catedrático, fallecido en abril del año pasado, adquirió en 1960 una pequeña calculadora Brunsviga M. y, desde entonces, fue ampliando su colección hasta reunir más de diez mil piezas, lo que la convierte en una de las más importantes del mundo.

Entre las más destacadas se puede ver la primera máquina de calcular, construida en 1623 por Wilhelm Schickard para el astrónomo Johannes Kepler, o el ejemplar original más antiguo que se conserva de una Pascalina, la calculadora de Blaise Pascal, que data de apenas veinte años después. La directora del museo, Ina Prinz, nos confirma que es original y que funciona.

Retrato de Kepler, obra de un artista desconocido (1620)

Retrato de Kepler, obra de un artista desconocido (1620)

«El activo más valioso del Arithmeum es su personal y sus estudiantes, pues gracias a su entusiasmo, investigación y comunicación, los tesoros del Arithmeum se mantienen vivos y el conocimiento sobre ellos se preserva para las generaciones futuras», valora Prinz. Y aunque afirma que es difícil destacar una pieza del museo entre todas, admite que «la primera máquina de calcular original de Blaise Pascal que se conserva se considera un verdadero tesoro, ya que fue la primera vez que se mecanizó la aritmética con números».

«Esta máquina, capaz de sumar y restar en el sistema monetario francés de su época (alrededor de 1645) y en el sistema decimal, puede calcular soluciones sin errores y, además, es muy estética», nos dice. También destaca otras como el 'Arithmaurel' de 1796, la máquina de calcular más rápida del siglo XIX o un compás proporcional de Thomas Pregell de 1627, construido tan solo veinte años después de la invención de Galileo.

Contribución alemana

En la aportación alemana a esta historia destacan Leibniz, que «trabajó en Hannover en la primera máquina calculadora capaz de realizar las cuatro operaciones aritméticas básicas» hasta su muerte en 1716, o el pastor Philipp Matthäus Hahn, que al frente del equipo de mecánicos de Carlos IV -porque en esa época estas máquinas no estaban al alcance de cualquiera- también realizó avances importantes.

Sin embargo, Prinz destaca la aportación actual. «Los ordenadores modernos son, en el sentido más amplio, máquinas de calcular, con la única diferencia de que pueden realizar cálculos con extrema rapidez en el sistema binario», explica. «Actualmente, en Alemania, más concretamente en Bonn, se está produciendo una contribución a la historia de la computación que pasa casi desapercibida, pero de la que todos nos beneficiamos», afirma refiriéndose a los algoritmos diseñados en el propio Instituto de Matemáticas Discretas del Museo, «que optimizarán y acelerarán aún más los chips de la próxima generación de ordenadores».

Ramón Verea, retrato

Ramón Verea, retratoEl Blog de la Ingeniería

Entre las aportaciones españolas destaca la calculadora patentada en Estados Unidos por el periodista e inventor Ramón Verea. «Desarrolló una de las primeras calculadoras de multiplicación directa, cuyo prototipo presentó en una exposición industrial en Cuba. Se decía que era realmente extraordinaria. Desafortunadamente, este prototipo se ha perdido con el tiempo», explica. «Si alguno de sus estimados lectores de El Debate tiene más información sobre esta calculadora, por favor, póngase en contacto con nosotros», añade.

Piezas únicas y otras colecciones

Como por ese lado la colección no podía prácticamente ampliarse más, se creó una colección de calculadoras y ordenadores electrónicos antiguos. Se puede, por ejemplo, ver previa cita una Zuse en funcionamiento (el primer ordenador personal que se comercializó en la RDA, la Alemania comunista). O demostraciones de cómo funcionaba la máquina Enigma, lanzada por Siemens en 1934 para el mundo empresarial y luego acaparada por los nazis para su uso exclusivo por el Ejército en sus comunicaciones secretas.

Como complemento, las paredes del museo se adornan con una gran colección de arte geométrico, así como con esculturas y muebles de diseño de diversas procedencias. El museo tiene el proyecto de digitalizar un inventario de todas sus colecciones y ponerlo en línea en su página web, aunque de momento sólo se puede ver una pequeña muestra de las piezas.

Se ruega no tocar

Como la mayoría de museos alemanes, la concepción del Arithmeum es muy didáctica. Muchos de los mecanismos tienen una réplica de mayor tamaño para que los visitantes puedan comprobar el funcionamiento trasteando con sus manivelas y palancas. Además, ofrece cursos para escolares de todas las edades que abarcan desde la utilización de todos estos sistemas de cálculo hasta iniciación a la criptografía, pasando por la resolución de problemas clásicos de la computación como el de los puentes de Königsberg o la optimización al unir mediante carreteras las ciudades de un mapa.

Isaac Newton

Isaac Newton

También destaca su colección, no expuesta al público directamente, de más de tres mil libros históricos de Matemáticas. Entre esos incunables de encuentran muchos de los hitos de la disciplina, desde Adam Ries, uno de los primeros en publicar en alemán, hasta los 'Principia Mathematica' de Newton. Este desarrolló el cálculo infinitesimal, lo que le permitió, entre otras cosas, calcular las órbitas de los planetas en el Sistema Solar. Lo que poca gente sabe es que, prácticamente, por cada página que escribió sobre Física, escribió unas diez sobre Teología.

Y es que, como escribió Galileo Galilei, «las matemáticas son el lenguaje con el que Dios ha escrito el universo». Aquí se puede ver un recorrido por todos los instrumentos que el hombre ha ido fabricando a lo largo de la historia para ayudarse a traducirlo con los cálculos.

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