Un 'tiovivo' vacío pero en marcha
EL ESPAÑOL DESDE DENTRO
El cólera y un mote: la curiosa historia de la palabra 'tiovivo'
¿Te has preguntado alguna vez por qué se le llama así a esta atracción de feria? Su origen esconde una simpática y pintoresca historia popular
Todos conocemos a gente con un mote e incluso lo tenemos nosotros mismos: el Narizotas, el Lobo, el Pecas, el Rey del Rock... Es algo que hacemos para identificar a una persona no por su nombre, sino por su cualidad o defecto más destacado, y no es novedad. Lo llevamos haciendo siglos y gracias a ello esta historia nos lleva al Madrid del siglo XIX.
En los años 30 había un empresario de espectáculos llamado Esteban Fernández que poseía, entre otras atracciones de feria ya desaparecidas como el juego de la sortija o un teatro de figuras en movimiento, un carrusel situado en la subida del Prado al Retiro y al que llamó 'la Fama del Prado'. Cuenta la leyenda que durante la epidemia de cólera que asoló la capital madrileña en 1834, a este personaje se le dio por muerto y que, estando en su propio cortejo fúnebre, 'resucitó' gritando: «¡Estoy vivo!». Este hecho tan singular marcó a los ciudadanos, quienes comenzaron a decir: «Vamos a la atracción del tiovivo» y años después, por el arte de la metonimia, el término se generalizó y al carrusel se le comenzó a llamar 'tiovivo'.
¿Exageración, verdad total, mentira a medias...? Es un misterio. Pero lo seguro y cierto es que el empresario realmente existió, era propietario de un carrusel y, según los testimonios de prensa de la época, pasada la epidemia de cólera, él seguía vivo. Tanto que en los medios le citaban como un tío muy vivo en cuanto a carácter. Al parecer, era un tipo que sorprendía por su elocuencia y verborrea a cuantos se acercaban a sus puestos, pero, además, también destacaba por «los suntuosos bailes que da todos los domingos y días de fiesta el llamado tío Vivo», narran los reportajes de la época.
Se trata de una simpática y pintoresca historia popular sobre 'los caballitos' que ha influido en cómo llamamos los españoles a esta entrañable atracción de feria que da vueltas sobre sí misma y que en otros idiomas su nombre solo hace referencia al movimiento. Así, en francés se le llama 'manège'; en italiano, 'giostra'; en alemán, 'karussell' y en inglés, 'carousel' o 'merry-go-round', por citar solo algunos ejemplos.