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Luis García Montero y Ana Belén en 2019 en la Caja de las Letras del Instituto CervantesInstituto Cervantes

De Miguel Ríos a Ana Belén: los legados en la Caja de las Letras que dudosamente existirían sin García Montero

El curioso «tesoro» del Instituto Cervantes, en la antigua caja del Banco Central que albergaba antaño el edificio, se ha llenado en los ocho años de dirección del poeta de amigos y afines ideológicos

Ocho años como director del Instituto Cervantes, camino de nueve, dan para mucho. También para guardar en la Caja de las Letras, casi se diría que a discreción, a unos cuantos amigos y afines ideológicos que, sin la presencia de García Montero como director, dudosamente hubieran recibido el honor de guardarse su legado en tan culturamente cotizadas casillas.

La lista es larga. Y para empezar, el mismo grupo de amigos íntimos, de habitual contacto y reunión durante décadas, el círculo personal de García Montero, sin ningún tipo de reparo. Ana Belén fue llamada a guardar su legado en 2019, casi recién llegado el responsable al cargo, la primera de todo el grupo. La siguieron Joaquín Sabina en 2021, Miguel Ríos en 2022 y Víctor Manuel en 2023.

Si esto no es favoritismo o una suerte de nepotismo, que se demuestre por qué el matrimonio formado por Ana Belén y Víctor Manuel, más allá de su relación personal con el actual director del Cervantes, merece recibir el mismo homenaje que los hermanos Machado o Miguel de Unamuno.

Y así casi todos los «inquilinos» de la Caja de las Letras escogidos por el ínclito poeta durante su ya larguísima etapa en la dirección del Cervantes, cuya relación con él mismo no se aleja en ningún caso de la relación personal o la afinidad ideológica.

De este modo, existe el curioso caso (en realidad nada curioso) de la escritora argentina María Teresa Andruetto, también con relación personal de amistad con el protagonista, e ideológica: autora feminista, defensora del español de América frente a la «imposición» del español de España o defensora también del lenguaje inclusivo. Desde 2019 se guarda su legado.

Otro curioso caso (igualmente no tan curioso atendiendo al perfil del personaje que ocupa estas líneas) es el legado (desde 2021) del escritor Bernardo Atxaga, quien escribe exclusivamente en euskera. Es decir, el legado de un escritor español que no escribe en español guardado en el lugar donde específicamente se promueve la enseñanza, el estudio y el uso del español.

La Agencia EFE resulta llamativa, pero aún más la Cadena Ser (habitual medio donde colabora García Montero) y, si cabe, Iñaki Gabilondo, el fundamental ariete radiofónico del imputado expresidente Zapatero. También cabe decir que todo queda casi perfectamente «en casa». Todos estos acogimientos los ha decidido este insospechado «padre de familia».

Un «hogar» a cuya familia también pertenecen, entre otros, Rosa Montero, Gioconda Belli, Manuel Rivas, Maruja Torres o Aitana Sánchez-Gijón, todos ellos con notorias y evidentes conexiones más allá de sus méritos (¿las letras de Sánchez-Gijón al lado de las de, por ejemplo, Ana María Matute?) en lo que atañe concretamente a la Caja de las Letras.

Si García Montero fuese Pulgarcito y se siguiera su rastro de piedrecitas para poder salir del bosque se iría encontrando con estos y otros, como Alberti, comisario político y ejecutor, además de poeta y espejo del propio García Montero, Azaña, de tan reconocido prestigio literario como sectario, al igual que Max Aub, cuyo régimen ideal era la II República que tantos intelectuales, incluidos los de izquierda, rechazaron.

En el «régimen» de García Montero como director del Cervantes ha habido alguna excepción como la inclusión del legado de Luis Rosales, poeta de derechas, amigo de Lorca, o el de Rafael Sánchez Ferlosio, sin los palmarios y sectarios enchufes habituales. El último amigo metido en el cofre del tesoro ha sido Serrat en 2025, pero hasta su marcha (la de García Montero, quien al menos permanecerá en su aposento hasta 2027, como su señor Sánchez) aún hay tiempo para nuevas y afines, ya no asombrosas, admisiones.