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Cuando García Montero rompió el consenso entre la RAE y el Cervantes como Zapatero el de la Transición

El ataque del director del Cervantes al director de la RAE en 2025 significó un antes y un después en el camino de unión original de ambas instituciones

Madrid

García Montero y Zapatero

García Montero y ZapateroGTRES

El Instituto Cervantes nació como un nuevo brazo del cuerpo de la lengua española, que podría decirse que quedó completo del mismo modo que no quedó el Eduardo Manostijeras de Tim Burton, al que le faltaron las manos.

La RAE funcionaba y funciona, pero el español necesitaba de un impulso para mantenerse y crecer. Cuatrocientos millones de hablantes bien valían el avance, el refuerzo. Nadie lo expresó mejor que el mítico académico Lázaro Carreter: «Somos ministros de una misma iglesia; nosotros somos los padres conciliares y ellos los misioneros».

Camino de cuatro décadas de existencia, ha habido nueve directores, cada uno con su impronta y personalidad. Ninguno de ellos se significó tanto como Luis García Montero. Y su mayor significación es la línea roja sobrepasada: el ataque a la RAE y su director, Santiago Muñoz Machado, en 2025.

Una suerte de «guerra civil» o de cisma institucional, siguiendo la acertada metáfora de Lázaro Carreter, por querer o sugerir una partición de esa «iglesia», en cuyo caso siempre hay una que puede prevalecer sobre la otra. Un conflicto inimaginado.

Víctor García de la Concha, director de la RAE entre 2012 y 2017, recordó el trabajo «codo a codo con la visión clara de que la lengua a la que sirven (ambas instituciones) es un patrimonio compartido con más de veinte naciones».

No es baladí la importancia de la original y fundamental unión de la Academia y el Cervantes, por lo que no es baladí, en el sentido contrario y negativo la desunión que produjo, con daños estructurales que aún perduran, el ataque político e insospechado de García Montero.

Fue el mismo modo de actuar de cuando Zapatero resquebrajó la Transición con la Ley de Memoria Histórica o las negociaciones políticas con ETA. El panorama español después de aquello es otro completamente distinto, afianzado y extendido «contra natura» por Pedro Sánchez.

Precisamente el presidente del Gobierno fue quien nombró a Luis García Montero director del Cervantes, el responsable más político y sectario que nunca ha tenido la intitución. Ocho años acumula en el cargo, cuando ninguno de sus predecesores superó los cinco.

Mientras Sánchez siga en la Moncloa, García Montero seguirá en el edificio que antes se conocía como el de «las cariátides», antiguamente el Banco Central. Un comisario político con rango de secretario de Estado que utilizó la posición adquirida para romper el consenso esencial histórico entre la RAE y el Cervantes como hizo Zapatero con la Transición.

«Divide y vencerás», reza el dicho. Es la confrontación para el asalto habitual de la izquierda. La búsqueda de un enemigo para edificarse. «No hay que estar al servicio de ningún dogma ni interés partidista, sino del proyecto que defendemos», afirmó García Montero en la clausura de la última Reunión Anual del Cervantes el miércoles.

La misma reunión donde el ministro Albares definió la institución como «insustituible» y «gran emblema de la política y acción exterior española»,que «contribuye a estrechar lazos, a fomentar el diálogo y a proyectar una España abierta, diversa e innovadora».

Palabras amables y conciliadoras que no se corresponden con el ataque furibundo de García Montero, tachado por académicos de renombre en el momento como «mediocre y paniaguado director del Cervantes» o «es un burócrata, tiene vocación de burócrata, como la mayor parte de comunistas que yo conozco» como Pérez-Reverte y Álvaro Pombo, respectivamente.

García Montero dijo de Santiago Muñoz Machado, director de la RAE, con el que cerraron filas los académicos, que era «un catedrático de Derecho Administrativo experto en llevar negocios desde su despacho para empresas multimillonarias».

El Pleno de la Academia expresó «su absoluta repulsa por las incomprensibles manifestaciones del señor García Montero, por completo desafortunadas e inoportunas». El daño permanece igual que el de la Transición a la que golpeó Zapatero como García Montero el consenso constitutivo entre la RAE y el Cervantes.

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