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Miguel de Unamuno en 1925

Cuando los intelectuales de izquierda señalaron a Unamuno como fascista en la Guerra Civil

Desde la revista El Mono Azul, donde entre otros escribía Alberti, se señaló a Unamuno como fascista, amigo del general Mola, traidor y se le definía como «viejo sin alma»

La Guerra Civil dejó un rastro de viles y crueles asesinatos a uno y otro bando. Lamentablemente, en la España sanchista, de la memoria y el guerracivilismo, sólo se recuerda a unos (a las víctimas del franquismo) y se silencia y olvida a los otros.

Un ejemplo reciente se vio estos días cuando el diario El País recordó a las Trece Rosas, trece jóvenes socialistas fusiladas tras la guerra.

Rápidamente, muchos lectores recordaron al diario en redes sociales que hubo otros casos similares durante la Guerra Civil de religiosas asesinadas por milicianos de izquierda y que rara vez la prensa de izquierda o el Gobierno recuerda. Es el caso, por ejemplo, de las 14 religiosas de la Orden de la Inmaculada Concepción, asesinadas en Madrid entre julio y noviembre de 1936 tras ser torturadas.

Los asesinatos llegaron, por supuesto, al ámbito de la cultura y la intelectualidad. Entre otros, murieron asesinados Federico García Lorca, Pedro Muñoz Seca o Ramiro de Maeztu, y tuvieron que huir, con la muerte muy cerca de sus talones, Wenceslao Fernández Flórez, Agustín de Foxá o Manuel Chaves Nogales.

En el bando republicano, desde la retaguardia madrileña, se puso en circulación la revista El Mono Azul, órgano propagandístico izquierdista puesto en marcha por la Alianza de Intelectuales Antifascistas y que contaba con firmas como la de Rafael Alberti.

El Mono Azul fue uno de los capítulos negros de Alberti y uno de los ejemplos más vergonzosos de la actitud de muchos españoles durante la guerra, que encontraron en el conflicto el contexto idóneo para sacar a relucir sus instintos ideológicos más bajos azuzados por una polarización asesina.

Primer número de El Mono AzulBiblioteca Nacional

La revista El Mono Azul, que se publicó entre el 27 de agosto de 1936 y febrero de 1937, era, básicamente, un órgano de propaganda desde donde se señalaba a los buenos intelectuales, de izquierdas, republicanos y partidarios de la dictadura del proletariado, y a los malos intelectuales: monárquicos, católicos, liberales que se negaban a ser cómplices de los crímenes de una República entregada a los designios de la Rusia comunista de Stalin.

El dedo acusador de El Mono Azul apuntaba a intelectuales considerados fascistas, traidores o, simplemente, no adeptos a la causa revolucionaria, en un momento en el que cualquier señalamiento podía suponer la checa y la muerte.

Particularmente vergonzoso fue el señalamiento desde las páginas de El Mono Azul a Miguel de Unamuno. Curiosamente, hoy Unamuno es una figura reivindicada por la izquierda como defensor de la democracia y los ideales republicanos frente al golpe de Estado y el franquismo.

El argumento que emplean fue el enfrentamiento en la Universidad de Salamanca con Millán Astray y la famosa frase que pronunció como respuesta al «viva la muerte»: «Venceréis, pero no convenceréis». Un episodio que, por otro lado, no está claro si sucedió en los términos en que se ha hecho famoso.

Ejemplo de esa apropiación de la figura de Unamuno por parte de la izquierda española de hoy es la película Mientras dure la guerra, donde se recoge el enfrentamiento.

Unamuno sufrió el señalamiento en la sección ¡A paseo! De la revista El Mono Azul, sección cuyo nombre remitía al término eufemístico con que durante la guerra se hacía referencia a los traslados de prisioneros a lugares apartados para ser fusilados.

Página de El Mono Azul donde se señala a UnamunoBiblioteca Nacional

En dicha sección, se definía, en el primer número de la publicación, a Unamuno como «esa especie de fantasma superviviente de un escritor, espectro jugado de un hombre», y le acusa de alzarse «al lado de la mentira, de la traición, del crimen», en referencia a las críticas de Unamuno a la deriva revolucionaria del bando republicano.

En la misma página, el escritor Armando Bazán le dedica un artículo muy duro titulado Unamuno, junto a la reacción donde se dice: «Unamuno está disparando sus más envenenados fuegos desde la trinchera enemiga». «Después de haber mantenido en el más completo engaño a casi todo el mundo del pensamiento, nos ha descubierto toda la mezquindad de su espíritu, toda la fealdad monstruosa de su inhumanidad».

«Este hombre, maculado por el vicio de un orgullo satánico, de un egocentrismo feroz, paseaba ante el mundo una albeante testa de apóstol venerable».

«El marxismo nos enseñaba a gritos que la obra de Unamuno estaba toda alimentada de sangre reaccionaria, que su aliento venía desde la misma noche medieval», se afirma en otra parte del artículo.

Y finaliza: «No hemos tenido que esperar mucho tiempo para ver con nuestros propios ojos el hundimiento de Unamuno en medio de un mundo de generales, de obispos y terratenientes».

La obsesión de los colaboradores de El Mono Azul con Unamuno fue constante y en más ocasiones lo señalaron como fascista, traidor, reaccionario y enemigo del pueblo español.

En el segundo número de la revista, el intelectual Ilya Ehrenburg dedica una carta a Unamuno donde le llama «colaborador del general Mola», le acusa de reírse del hambre y miseria de los campesinos españoles e insiste en llamarle fascista: «Los escritores se apartan de usted, y se ha quedado usted con los civiles, que en otro tiempo le llevaban a la cárcel y que ahora estrechan la mano del fascista Unamuno».

El artículo termina llamando a Unamuno «viejo sin alma»: «Es usted uno de aquellos viejos sin alma, enamorados de sí mismos».

Unamuno no fue el único intelectual señalado desde las páginas de El Mono Azul. En otro artículo titulado Escritores conscientes se señalaba a «poetas católicos» como Leopoldo Marechal y Francisco Luis Bernárdez por haber expresado su adhesión a las «hordas africanas», en referencia a Franco y a la Legión, y concluía: «recuerden para siempre el nombre de estos miserables, solo dignos de desprecio y de las náuseas».

Unamuno, una vez fue testigo de las atrocidades de la represión en la retaguardia nacional, también expresó su rechazo a la España que se estaba construyendo en el bando franquista, lo que suscitaría su enfrentamiento con Millán-Astray en Salamanca. Pero El Mono Azul nunca rectificó en su señalamiento. Unamuno moriría en diciembre de 1936, encerrado en su casa y profundamente desencantado con una España que se despedazaba en el campo de batalla y en la retaguardia.