La publicación de 'Doctor Zhivago' le valió a Boris Pasternak una feroz persecución y cancelación por parte de las autoridades comunistas rusas
De Muñoz Seca a Boris Pasternak: cinco escritores represaliados por el comunismo
Represión, censura, persecución e intentos de cancelación… Estos cinco escritores pagaron con su libertad e incluso con su vida su vocación literaria
Perseguidos, encarcelados e, incluso, asesinados. En el mejor de los casos, cancelados y condenados al ostracismo.
En su obsesión por el control de todo resquicio de libertad de la sociedad el comunismo puso a escritores en su punto de mira allí donde gobernó. La libertad creadora de los escritores era incompatible con el totalitarismo comunista.
Sin embargo, su obra y su trayectoria trascendería el tiempo y sobreviviría a los mismos regímenes que quisieron destruirlos. Repasamos la trayectoria de cinco grandes escritores que sufrieron el golpe de la persecución comunista.
Pedro Muñoz Seca
Cuando se habla de la represión comunista y el asesinato de escritores por parte de las milicias republicanas durante la Guerra Civil el primer nombre que se le viene a casi todo el mundo es el de Pedro Muñoz Seca.
Escritor superdotado, uno de los principales exponentes del teatro español de la primera mitad del siglo XX y gran renovador de la escena española con la introducción de nuevos géneros, como el astracán, o de figuras como el retruécano, Pedro Muñoz Seca fue, sobre todo, un gran intelectual católico y un monárquico convencido, además de un firme defensor de la libertad.
Pedro Muñoz Seca supo manejar como nadie el recurso de un humor elegante, plagado de dobles sentidos, y con el don de conectar con el público como nadie. Su popularidad se hizo universal gracias a La venganza de don Mendo, pero con lo que se granjeó adhesiones y odios fue con sus sainetes repletos de crítica política.
Tras el estallido de la Guerra Civil fue denunciado y detenido por católico y monárquico junto con su esposa por milicias izquierdistas. Unas horas antes había estrenado en el Teatro Poliorama de Barcelona su obra La tonta del erizo.
Los milicianos trasladan al matrimonio primero a Valencia y luego a Madrid, donde son internados en la Cárcel de San Antón. Mientras que su esposa es liberada por tener nacionalidad cubana, Pedro Muñoz Seca permanece en prisión, en condiciones deplorables, hasta el 28 de noviembre, cuando es trasladado a Paracuellos del Jarama y fusilado.
Stanislaw Lem
A pesar de ser socialista por convicción, el escritor polaco Stanislaw Lem –conocido por sus visionarias novelas de ciencia ficción como Solaris, Astronautas o La voz del amo– sufrió las consecuencias de la depuración ideológica, la represión y la ingeniería social puesta en marcha por las autoridades soviéticas en la Europa oriental que acabaría bajo su órbita tras la Segunda Guerra Mundial.
Nacido en la ciudad de Leópolis en 1921 –hoy Leópolis forma parte de Ucrania, pero entonces era una ciudad polaca–, Stanislaw Lem se matriculó en la Facultad de medicina para ser médico igual que su padre.
En 1939, sin embargo, Stalin y Hitler se reparten Polonia. Primero fue la Alemania nazi la que invadió y ocupó la zona occidental de Polonia. Luego fue la rusia soviética la que tomó por la fuerza su pedazo de pastel.
Las tropas nazis entraron en Leópolis y sometieron la ciudad a una feroz ocupación. Ante la limpieza étnica emprendida por las autoridades alemanas contra la población polaca, Lem optó por permanecer oculto con una falsa identidad. Así, tanto él como su familia evitaron la deportación y la muerte segura en las cámaras de gas.
Finalizada la guerra, Stanislaw Lem volvió a frecuentar la Facultad de Medicina, convencido de que las nuevas autoridades comunistas garantizarían sus estudios. Lo que se encontró fue algo muy diferente.
Sus discrepancias ideológicas con el comunismo impuesto desde Moscú le llevó a abandonar sus estudios como único recurso para impedir el ser alistado como médico militar, algo que iba contra sus convicciones antimilitaristas.
Con todo, la imposibilidad de terminar sus estudios sería el menor de sus problemas con las autoridades comunistas.
En los movimientos de fronteras posteriores a la contienda mundial Polonia fue una de las grandes perdedoras. Amplios territorios de la Polonia ocupada por las tropas soviéticas terminaron anexionados a Rusia y a Ucrania. Así, Leópolis acabó como ciudad ucraniana.
Stalin, entonces emprendió un radical proceso de sustitución poblacional, deportando a la fuerza a amplias bolsas de población polaca y ubicando en su lugar a población rusa y ucraniana. En ese contexto, Stanislaw Lem fue deportado a la fuerza a la ciudad de Cracovia. Será a partir de entonces cuando inicie su carrera literaria.
Wenceslao Fernández Flórez
El destino de Wenceslao Fernández Flórez –autor de célebres novelas como El bosque animado, El malvado Carabel o El hombre que compró un automóvil– parecía sellado cuando el estallido de la Guerra Civil le sorprendió en Madrid.
El escritor era un reconocido monárquico y conservador que no había ahorrado críticas al Frente Popular. Su detención se convirtió en una obsesión para las milicias republicanas, pese a lo cual, logró escapar después de una accidentada huida por la retaguardia madrileña que dejó plasmada en su libro de memorias El terror rojo.
Refugiado en la embajada argentina en Madrid y luego en la holandesa, consiguió ser incluido en un grupo de refugiados protegido por salvoconducto diplomático para abandonar España en barco desde el puerto de Alicante.
En el último momento, sin embargo, su salvoconducto fue rechazado, por lo que tuvo que abandonar la zona republicana por carretera sabiendo que le seguían muy de cerca para detenerlo.
Vasili Grossman
Nacido en la ciudad ucraniana de Berdíchev en una familia judía, Vasili Grossman fue un firme defensor de la revolución rusa, a la vez que un detractor de Stalin y sus purgas. Con todo, con motivo de la invasión alemana de la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial, fue uno de los más destacados propagandistas que, con su obra literaria y artículos periodísticos, luchó por enardecer los espíritus de los rusos en su resistencia frente al invasor y en destacar la valentía de los soldados soviéticos.
Fruto de esa actividad saldrían dos novelas: El pueblo es inmortal y Stalingrado. Sin embargo, las injusticias, purgas y crímenes del estalinismo minarán sus principios y convicciones. Ese desencanto se mostró en su novela Vida y destino, su gran obra maestra.
Planteada como una continuación de Stalingrado, el tono y la finalidad de Vida y destino es muy diferente. Ya no hay propaganda comunista, ni se alaba la maquinaria de guerra y estatalista de la Unión Soviética. Más bien, al contrario. En Vida y destino se critica de una manera nada velada el totalitarismo estalinista, la represión en las propias filas soviéticas, el papel represor de los comisarios del pueblo.
En su lugar, lo que se destaca es la capacidad de resistencia de un pueblo que, frente al invasor nazi, ansía libertad, y no represión comunista.
El cambio no pasó desapercibido por los censores comunistas. El borrador de Vida y destino fue requisado antes de que llegara a la imprenta, así como el original de otra de sus obras, Todo fluye, y varias crónicas de guerra escritas desde el frente que aún no se habían publicado.
Grossman perdió las únicas copias que conservaba de su obra y murió convencido de que se había perdido para siempre. No fue así. El original de Vida y destino, al igual que los textos de sus otras obras requisadas, se sacaron de Rusia tras una peripecia inverosímil y vería por fin la luz en 1980 con una primera edición publicada en Suiza.
Boris Pasternak
Considerado a la altura de los grandes novelistas rusos, como Dostoyevski o Tolstoi, Boris Pasternak alcanzó la fama universal con Doctor Zhivago.
Depositaria de la larga herencia del realismo ruso y la espiritualidad ortodoxa, Pasternak plasma en Doctor Zhivago una prosa más autorreflexiva, y es que la legitimidad moral del socialismo y del comunismo rusos, así como la legitimidad de la Revolución Rusa y el régimen liberticida impuesto como resultado de ella son los grandes temas de una novela que, sin embargo, tiene en el tema universal del amor, la familia o las raíces del hombre con su tierra, sus asuntos centrales.
Pasternak comenzó a elaborar la novela durante la Segunda Guerra Mundial y la finalizó en 1955, cuando Stalin llevaba ya varios años muerto. Sin embargo, desde su primer intento de publicarla en una publicación periódica de Moscú en 1956, la novela desató una feroz persecución de las autoridades comunistas contra Pasternak y su cancelación.
Las autoridades comunistas consideraron que Doctor Zhivago difamaba la Revolución de Octubre y al comunismo ruso, y se acusó a su autor de estar al servicio de intereses extranjeros enemigos. La publicación de Doctor Zhivago era imposible en Rusia. No obstante, Pasternak pudo sacar el borrador de Rusia y la editorial italiana Feltrinelli se encargó de su edición tanto en italiano como en ruso en 1956.
La publicación en Italia de la novela desató en Rusia una feroz campaña contra Boris Pasternak, quien fue expulsado de la Unión de Escritores Soviéticas, principal fuente de ingresos del escritor.
En 1958, la Academia concedió a Pasternak el Premio Nobel, que debió rechazar por presiones internar. Pese a que la novela fue un éxito absoluto de ventas y crítica a nivel internacional, su autor no recogió los frutos de su fama, debido a la cancelación sufrida en la Unión Soviética, donde solo se publicará Doctor Zhivago en 1987.