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César Wonenburger
Bocados de realidadCésar Wonenburger

¡Qué vienen los chinos!, ¿hay que alegrarse?

El último desconcierto del gobierno revela inquietantes movimientos sobre el dominio chino de la economía mundial, con el añadido espionaje militar, mientras se fragua el estallido de una próxima burbuja en EE.UU.

El presidente estadounidense Donald Trump y el presidente chino Xi Jinping

El presidente estadounidense Donald Trump y el presidente chino Xi JinpingGTRES

Cada visitante occidental que acude estos días al llamado civilizador de esa nueva China que se ofrece a todo el mundo, ahora mismo, como el modelo supremo de sociedad avanzada, suele regresar a casa asombrado con los prodigios allí presenciados.

No existe actividad en la que los asiáticos no sienten cátedra, desde las colosales obras públicas capaces de alterar el mismo ecosistema hasta el orden y la seguridad garantizados. Aunque lo que más se suele ponderar resulte siempre el dinamismo de su comercio e industria, la pujanza de las empresas, líderes mundiales de la robótica, donde sus bien remunerados trabajadores pueden aspirar a la vida de lujos asequibles (viviendas razonables, vehículos modernos, viajes, ropa de marca, …) que sus colegas europeos comienzan a ver cómo se esfuman entre las sombras de una precariedad aún lejos de tocar fondo.

El pionero Den Xiao Ping

Pero yo, mosca cojonera, en estas sesiones amistosas cargadas de encendidos elogios, halagos sin tasa y deslumbramientos cómplices ante el milagro chino, siempre suelo chinchar a mis arrobados interlocutores de la misma manera.

Efectivamente, les digo: desde el pionero Den Xiao Ping, que no se preocupaba del color del gato siempre que este que cazara ratones, los gobernantes de esa milenaria nación han aplicado a todos sus súbditos aquella conocida máxima de… Franco: «Haga como yo, no se meta en política». Y así les va.

Para entonces el lío ya suele estar montado. «¿Pero qué necesidad había de invocar en una conversación amable a esa reliquia, un sanguinario dictador que sumió a España en el oscurantismo?», suele escucharse del lado de algún interlocutor agraviado por mi inocente insinuación.

¿En qué quedamos? China prospera en lo económico, mientras sus habitantes no pueden expresar ningún tipo de discrepancia que rompa con la unanimidad en torno a los postulados del único partido político, comunista, que rige sus controladas existencias hasta en asuntos tan íntimos como la procreación. Allí no existe libertad de expresión ni derechos políticos, salvo el esencial de callar y obedecer mientras se le rinde pleitesía a la máxima autoridad.

Operario asiático en una fábrica de coches de China

Operario asiático en una fábrica de coches de China

A cambio, si decides someterte al destino que para ti ya ha diseñado la exclusiva cúpula organizadora; si actúas como un responsable representante de la comunidad, siempre un peldaño por encima de la voluntad individual (sin olvidar afiliarte al partido único), el estado benefactor te garantiza que algún día podrás disfrutar de un asueto bien obtenido en Ibiza, o cenar en el Amazónico tras visitar el museo del Real Madrid.

Está claro: Xi y los otros jerarcas en el poder son unos visionarios capaces de garantizar el deseado logro del bien común, manteniendo a raya la incorregible naturaleza egoísta del individuo, incapaz de ver más allá de sus propios intereses contaminados por los vicios, la codicia y la ausencia de empatía.

Y para garantizarlo, si alguien osara desviarse del camino trazado, el gobierno ya se reserva, por cierto, el derecho de apartar del rebaño al rebelde, o mero discrepante de la línea oficial, quizá para siempre. Desde luego nada que ver con Franco, que era un tiranuelo provinciano, negligente y malvado.

¿Una inversión o un caballo de Troya?

Quizá por todo lo anterior, para que el modelo a imitar en estos tiempos se conozca, aplique y divulgue de la mejor manera posible en otros lugares, el proverbial altruismo chino ha querido ofrecer una lección al mundo en la piel de los ferrolanos, de donde por casualidad era el general español.

Allí, situándolo en los remotos confines del Finisterre, una empresa de capital estatal, SAIC motor, pretende establecer lo que más que un ejemplo de negocio, que solo aportará prosperidad, se va pareciendo a una versión renovada del caballo de Troya.

Al fabricar sus coches en esta localidad, la compañía ya no tendrá que pagar los gravosos aranceles de la UE a los eléctricos importados, con lo que podrá dedicarse plácidamente a hundir un poco más a la propia industria de los automóviles del viejo continente, que precisamente aún elabora algunos de sus anticuados modelos unos kilómetros más abajo, en Vigo.

El buque de SAIC Motor durante la celebración del acto de recepción oficial e institucional del primer buque transportador de vehículos del gigante automotriz chino SAIC Motor

El buque trasnportador de vehículos del gigante chino SAIC MotorEuropa Press

La competencia se instala en la misma casa de los europeos, sin salir de la comunidad. Una jugada maestra, propia de una astucia milenaria.

Y, además, de paso, como seguramente les habrán advertido a sus correspondientes españoles esos odiosos norteamericanos, malos hijos de Trump, porque en el ministerio de Defensa de la señora Robles no hay gente de guardia capaz de reparar en esas tonterías, los asiáticos podrán aprovechar ahora la privilegiada ubicación norteña para colar a sus bien preparados espías hasta la cocina de Navantia.

De ese modo, birlarían algunos secretos militares relevantes para la lucha final: a la derrota económica le seguirá la más implacable de los ejércitos, quién lo duda.

Convendría liberar lo antes posible a Villarejo de todo enojoso trámite judicial, para que se ponga de inmediato a cargo ya, cuanto antes, de las labores de inteligencia para contrarrestar el posible daño por ese delicado flanco. Y tampoco estaría mal que sacaran a Pepe Amedo de su jubilación, que además conoce la zona porque nació cerca, y convocaran al pequeño Nicolás para colaborar en lo que pudiera hacer falta.

Los robots chinos serán rebautizados apropiadamente con nombres como Manoliño, Uxía, Breogán y Carmiña

Ahora que se averigua el tinglado, por no sé sabe bien qué luchas intestinas en el seno del gobierno socialista, que además amenaza con arruinar la reputación del puerto exterior construido en esa zona, también se dice que incluso los beneficios estimados para la depauperada región, mediante la instalación de la nueva factoría, tampoco eran para tanto.

Resulta que aquí solo se ensamblarían las piezas de los coches enviadas directamente desde aquel lejano país, para lo cual incluso podrían servirse de la fuerza laboral cibernética que están produciendo a marchas forzadas en sus propios cuarteles (caben en el mismo contenedor, si se apretujan un poco, con las carcasas de los futuros MG).

Pero hasta para eso puede que hayan perfilado ya una solución acorde con su ancestral sabiduría: los robots chinos serán rebautizados apropiadamente con nombres como Manoliño, Uxía, Breogán y Carmiña.

Algún día se estudiará en los libros de historia cómo aquella nación de la gran muralla logró colonizar el resto del mundo con prácticas perfeccionadas de las malas artes de aquellos pioneros, despiadados conquistadores ibéricos, capaces de intercambiar espejitos por minas de oro.

La IA, otra arma económica de guerra

Tampoco los EE.UU. se librarán de la maldición china, como no se decidan a actuar pronto. Quienes hayan invertido alegremente en Space X, al calor de los anuncios de futura prosperidad gracias a las multimillonarias inversiones en IA anunciadas, puede que vayan a perder esos dineros.

Solo durante el último semestre, el puñado de empresas tecnológicas, donde ahora se concentra casi todo el poder económico norteamericano, han invertido 200 mil millones de dólares en todo lo relativo a la IA. Una minucia si se tiene en cuenta lo que ya llevan gastado, o lo que aún falta y será necesario.

Y aquí van dos advertencias. La primera, que si las tecnológicas ganan la partida solo será a costa de lo siguiente: el resto de la humanidad tendrá que trabajar únicamente para asegurarles la rentabilidad de sus inversiones.

China tiene un plan para desplegar su IA por el mundo

China tiene un plan para desplegar su IA por el mundo

Para ganar dinero de verdad con el invento, necesitarán que este se convierta en imprescindible a unos niveles difícilmente imaginables. La vaca (los consumidores) deberá ser ordeñada casi a cada minuto, con desembolsos constantes, de modo que estas compañías se queden prácticamente con los salarios del resto de los mortales.

Pero si pierden la batalla, quizá lo más probable, será en gran medida por haber incurrido en el mismo error que en su día ya se llevó por delante a la industria automovilística de Detroit, su bastión de otro tiempo.

Y esta vez la amenaza vuelve a ser Asia. Como ocurrió con Japón en su momento, tropiezan de nuevo con parecida piedra. Los chinos, sí, están inundando USA con sus propios modelos de IA, más baratos, y por tanto asequibles para los bolsillos de la exhausta clase media, que no entiende de nacionalidades a la hora de hacer la compra. Algunas previsiones señalan que, en estos momentos, los más económicos equivalentes chinos de Chatgpt o Claude dominan ya más del 50 % del mercado yanqui, y subiendo.

La burbuja anterior de las tecnológicas podría resultar un chiste si al final llegara a estallar la de la IA norteamericana. La economía colapsaría, Wall Street casi tendría que cerrar. Mientras los chinos sonreirían. El mundo finalmente les pertenecería. ¿Una distopía propia de estos calores veraniegos?

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