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Imagen de satélite que muestran los destrozos causados por Estado Islámico en las ruinas de Palmira

Imagen de satélite que muestran los destrozos causados por Estado Islámico en las ruinas de PalmiraEuropa Press

¿Deben volver las antigüedades a Siria? El debate entre seguridad y reparación histórica

La devolución de obras arqueológicas a Siria plantea la cuestión de la seguridad del arte en un país que ha vivido una de las mayores destrucciones de patrimonio del siglo

Con permiso de la destrucción de los Budas gigantes de Bamiyán, en Afganistán, a manos de los talibanes en 2001, el mayor episodio de destrucción de patrimonio y obras de arte lo protagonizó el grupo terrorista Estado Islámico durante el tiempo en que controló partes del norte de Siria e Irak entre 2014 y 2017.

Los terroristas de Estado Islámico fueron los responsables de la destrucción de varios monumentos romanos de cerca de dos mil años de antigüedad en las ruinas de Palmira.

En concreto, con la excusa de que eran lugares paganos, dinamitaron los restos del Templo de Bel, el Templo de Balshamin, el Arco de Triunfo y partes de la escena del teatro, además de ejecutar públicamente al arqueólogo Khaled al-Asaad, responsable de la protección del monumento.

También destruyeron restos de la civilización asiria, como esfinges aladas y otras esculturas, además de estructuras arquitectónicas de 3.000 años de antigüedad, en los restado de la antigua Nínive, en Raqqah o la destrucción total de los restos de Nimrud.

En Irak los terroristas cometieron destrucciones similares, siendo las más emblemáticas la destrucción de piezas de alto valor arqueológico (como estatuas o restos de escritura) depositados en el Museo de Mosul, o la destrucción de la Gran mezquita de Mosul, del siglo XII.

Esta fiebre destructora ha sido una de las mayores catástrofes culturales y arqueológicas de los tiempos recientes, y sus efectos son irreparables. En concreto, la destrucción de Nimrud supuso la desaparición de los restos de una de las cunas de la civilización, de enorme valor arqueológico.

Paradójicamente, muchas de las obras imprescindibles de estos lugares arqueológicos (de Palmira, de Nimrud o de Nínive) se salvaron de las ansias destructoras de los islamistas gracias a que se encontraban a salvo en museos occidentales como el del Louvre en París, el Británico en Londres o el de Pérgamo en Berlín.

Por eso ha llamado la atención que el gobierno francés haya autorizado recientemente el traslado a Siria de varios objetos arqueológicos de distintas épocas que se encontraban en los museos franceses.

El propio presidente francés Emmanuel Macron, habría escenificado la entrega de las piezas al Estado sirio durante su reciente viaje a Damasco.

Según Associated Press se trata de 23 tesoros arqueológicos sirios depositados en Francia durante 15 años y que la guerra en Siria impidió su retorno hasta la caída del régimen de Bashar al-Assad.

Sin embargo, críticos con la medida recordaron que, pese al intento que el actual régimen presidido por Ahmed al-Sharaa, pese a su intento de normalizar relaciones con las democracias occidentales, tiene una clara impronta islamista en su origen.

Al-Sharaa del islamista Frente al-Nusra, una organización yihadista que formaba parte de la red de Al Qaeda hasta su separación y transformación en un nuevo grupo llamado Hayat Tahrir al-Sham. Como tal, Al-Sharaa fue la imagen visible de la lucha contra Al-Assad.

Las piezas, 23 que van desde el noveno milenio antes de Cristo hasta piezas de arte islámico de los siglos XIV y XV, pasando por tesoros de época Omeya pensados para la Mezquita de Damasco, quedarán temporalmente depositados en la sala de exposiciones de la ciudadela de la capital siria.

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