Fundado en 1910

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ayer en el CongresoEuropa Press

Filosofía para todos

La falacia sobre la que Sánchez ha sostenido su presidencia

El presidente del Gobierno volvió a recurrir al falso dilema para abordar la invasión de Ceuta

El asalto masivo a la ciudad autónoma de Ceuta ha permitido a varios políticos del PSOE hacer un ejercicio extrañamente filosófico. La semana pasada comentábamos cómo Patxi López se abonaba a la teoría de la doble verdad para mediar en la polémica entre la versión de los ministros Robles y Marlaska sobre la información que manejaba el CNI en los días previos. Le ha sucedido el mismísimo presidente Sánchez al utilizar un viejo sofisma con el que ha intentado salir al paso de las críticas sobre la pasividad de los cuerpos de seguridad a la hora de defender las fronteras españolas.

Aunque en el lenguaje coloquial usamos el término falacia para referirnos a un argumento engañoso o fraudulento, la lógica y la filosofía también usan la palabra sofisma. Con ella nos referimos al ejercicio de oratoria con el que «se quiere defender algo falso y confundir al contrario», como señala Ferrater Mora en su clásico diccionario. La lista de sofismas es amplísima y fue Aristóteles en sus Refutaciones sofísticas quien primero hizo un análisis de algunos de ellos.

Llegamos así al ejemplo concreto: el pasado jueves, Sánchez compareció en el Congreso para explicar el papel de su Gobierno en la invasión de Ceuta y afirmó que «el pasado 30 de julio nuestros agentes tuvieron que elegir entre garantizar momentáneamente la estanqueidad de la frontera o defender la vida humana». Ante semejante dicotomía, el propio presidente concluyó que su permisividad a la hora de permitir la entrada irregular de miles de personas en territorio español supuso «lo correcto, lo más inteligente y valiente».

Aunque parece lógico pensar en una conclusión como la que plantea el presidente, lo que verdaderamente encontramos es una falacia conocida como «falso dilema» o «falsa dicotomía». Se identifica este tipo de argumento como aquel que pone sobre la mesa tan solo dos posibilidades, o blanco o negro, obviando, deliberadamente o no, la existencia de otras opciones. Además, es habitual que este tipo de sofisma se asiente sobre las posibilidades más extremas, haciendo todavía más evidente el intento por conducir al interlocutor a la tesis que se quiere defender.

Un recurso habitual del presidente

La famosa viñeta de la revista Hermano Lobo en la que un político advierte a los ciudadanos que tienen que elegir entre «nosotros o el caos» deja claro que este tipo de falacia es muy recurrente en el debate partidista. En el caso de Pedro Sánchez, el falso dilema ha sido uno de los recursos más habituales a la hora de movilizar a sus electores.

Tan solo hace falta hacer un poco de memoria para recordar uno de los argumentos más repetidos por el presidente para justificar sus pactos de gobierno y su negativa a adelantar las elecciones: o se mantiene en el poder o se abre la puerta a la «ola reaccionaria», como dijo en una reciente entrevista, con la que identifica a los partidos de la oposición.

La campaña electoral de 2023 se sostuvo sobre esa misma premisa: «O apoyamos a aquellos que no hemos hecho otra cosa que trabajar para proteger a la gente o damos la razón a aquellos que lo único que han hecho es destruir, destruir y destruir todo lo que hemos hecho estos 4 años». Como se ve, un falso dilema en el que se restringe la elección a dos opciones y una de ellas se presenta de antemano como moralmente inaceptable.

Como hemos visto, la falacia también le ha sido útil a Sánchez para justificar sus decisiones respecto a la crisis en Ceuta. La trampa es evidente: hemos de asumir que las posibilidades en aquel momento se reducían a permitir el paso de miles de personas o poner en peligro sus vidas.

La lógica clásica no es suficiente para resolver una cuestión tan sumamente compleja, pero sí nos ayuda a identificar un argumento con el que se quieren reducir deliberadamente las opciones. Por mucho que algunos quieran obligarnos a discutir dentro del marco que ellos han escogido, muy pocas cosas pueden quedar limitadas por el blanco o el negro. La primera pregunta debería ser siempre si realmente solo existen esas dos opciones.