Fundado en 1910

La galería central del Museo del Prado, sin cuadros, durante la Guerra CivilMuseo del Prado

El mito de la República como salvadora del Museo del Prado durante la Guerra Civil

El olvido de la labor de Sotomayor para recuperar el tesoro artístico del Museo del Prado constituye una injusticia histórica en el 90 aniversario del inicio de la Guerra Civil

Injustamente olvidado por sus supuestos vínculos con el franquismo, y cada vez más reivindicado como uno de nuestros pintores más sobresalientes del siglo XX, el pintor ferrolano Fernando Álvarez de Sotomayor jugó, como director del Museo del Prado, un papel esencial para la recuperación del tesoro artístico español tras la Guerra Civil.

La web del Prado dedica al episodio únicamente una lacónica referencia: «Tuvo un importante papel en la recuperación de los cuadros que se habían depositado en Ginebra durante la contienda».

Con motivo de los 90 años del estallido de la contienda, se publican los diarios de Manuel de Arpe, el restaurador de la pinacoteca que, con un empeño digno de un 'Quijote' y con gran bizarría, puso a salvo los tesoros del Prado ante las bombas de la aviación del bando nacional y la destrucción iconoclasta de las milicias izquierdistas.

La labor de Arpe, sin embargo, se ha aprovechado desde la izquierda pro republicana para construir el mito de la República salvadora de los tesoros artísticos nacionales, obviando que gran parte de la pérdida del patrimonio español durante la guerra se debe a la destrucción de iglesias, conventos y palacios a manos del odio de las milicias anarquistas y comunistas.

Arpe organizó una red de medios de transporte para sacar los tesoros del Prado (y de otras instituciones) de Madrid y otras localidades situadas en el frente, y cuya integridad estaba seriamente comprometida.

Por medio de camiones y trenes, la red construida por de Arpe logró sacar 1.868 cajas de más de 140 toneladas en 72 camiones y 22 vagones, señala Efe a partir de los diarios.

El trayecto no estuvo exento de percances y, de hecho, El dos de mayo de Goya, o La carga de los mamelucos, resultó seriamente dañada durante el traslado.

Las pinturas vivieron un intenso periplo que las llevó de Madrid a Valencia, de Valencia a Barcelona y de Barcelona a Ginebra, donde quedan depositadas bajo custodia de la Sociedad de Naciones.

El empeño de Álvarez de Sotomayor

Tras la guerra, y el inicio de la contienda mundial, situó en un limbo el tesoro artístico español.

Es entonces cuando entra en juego el pintor Fernando Álvarez de Sotomayor. Director del Museo del Prado entre 1921 y 1931, fue apartado con el advenimiento de la Segunda República y tras la guerra recuperó su puesto.

Desde su regreso a la directiva del museo, su principal empeño fue recuperar las obras del Museo del Prado. Comienza entonces un proceso donde la diplomacia, habilidad negociadora y la capacidad de influencia del pintor gallego son esenciales para que la empresa llegara a buen puerto.

Fotografía de Fernando Álvarez de SotomayorWikipedia

Consciente de que las gestiones se debían hacer con tacto en un contexto en el que las democracias identificaban a España con las Potencias del Eje, Álvarez de Sotomayor organizó una gran exposición en Ginebra con las obras maestras del Prado.

Aquella exposición fue un absoluto éxito y despertó el interés en toda Europa por los maestros del Museo del Prado, situándolo como un museo de referencia. De esa manera, se comenzó a concienciar a la opinión pública de la necesidad de que el Prado recuperara su viejo esplendor.

La exposición se celebró en junio. En septiembre regresarían todas las obras a España. Pero no fue un proceso sencillo. La llegada de expertos y restauradores del Museo del Louvre para inspeccionar el lote levantó suspicacias. Pese al tiempo transcurrido, en 1939 el expolio de las tropas napoleónicas de obras de arte durante la Guerra de la Independencia seguía muy vivo en la conciencia de los españoles.

Tras el visto bueno para el regreso de todos los tesoros del Prado a Madrid, Sotomayor no quiso riesgos innecesarios. Organizó un convoy en un tren blindado, dando así el máximo valor posible a las obras de arte, un auténtico y verdadero tesoro.

El proceso no era sencillo. Con la Segunda Guerra Mundial en su apogeo, atravesar la Francia en guerra era un verdadero peligro. Para reducir el riesgo al mínimo se decidió que el tren viajaría de noche.

El tren con todos los tesoros del Prado llegaría intacto a Madrid el 7 de septiembre de 1939.