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Andrés Amorós
Crónica deAndrés Amorós

«No hay billetes», calor bochornoso y toros sin fuerza ni casta en la Feria de San Miguel

Sólo Alejandro Talavante logra un trofeo, con un público muy poco exigente

Talavante lo intenta por bajo ante el segundo de su lote

Talavante lo intenta por bajo ante el segundo de su loteEuropa Press

La gran asistencia de público a la novillada, a pesar del calor, ha marcado el clima de optimismo con el que se vive en este momento la Fiesta en Sevilla. Se confirma rotundamente esta tarde: con un calor extremo, sin que toreen Morante ni Roca Rey, se coloca el cartel de «No hay billetes». ¿Quién dijo que la Fiesta ya no interesa a la sociedad española? El ministro Urtasun y sus colegas, tan bien informados y tan ecuánimes…

Llegamos ahora al meollo de esta Feria: tres corridas de toros con primeras figuras, en las que se va a llenar la Plaza de los Toros de Sevilla.

Y el feliz remate: las tres corridas van a poder verse en directo, en abierto, en Canal Sur. (También fuera de Andalucía, a través de Movistar). El éxito de audiencia es seguro. El servicio a la Fiesta, enorme. Todos advierten ahora –algunos, con mucho retraso– cómo se equivocaron gravemente los diestros que basaron su estrategia en limitar sus apariciones en la pequeña pantalla. Hay que felicitar sin reservas a todos los que lo han hecho posible: Canal Sur, toreros y empresa.

Los toros salmantinos de El Puerto de Santa María (y de La Ventana de el Puerto) siguen siendo preferidos por las figuras aunque en Madrid, donde la exigencia de trapío es mayor, han fallado mucho. Con su nobleza, han colaborado en muchos éxitos. Esta tarde, han sido manejables pero han mostrado muy poca fuerza, casta y bravura.

Pese al calor extremo, el santo público (demasiado santo, muy poco exigente) ha aplaudido todo lo que ha podido, que no ha sido mucho. Sólo Talavante ha conseguido cortar una oreja , en su primero.

José María Manzanares ha heredado de su señor padre el especial cariño de la afición sevillana. Creo que no está en su mejor momento pero no sé las causas: quizá el invierno le sirva para reflexionar…

Luce el primer toro un pelo singular, castaño salpicao. Ya embiste al ralentí en las verónicas de saludo. Le busca las vueltas al caballo y se va enseguida; además, tiene las fuerzas justas: lo alivia Manzanares con el capote y miden el castigo pero se desploma, en banderillas. A la muleta acude bonancible pero con un viaje corto y, en cuanto el diestro le baja la mano, rueda por la arena. Con este toro, José María está muy cómodo, logra algunos muletazos estéticos pero el trasteo carece de emoción. Un pinchazo hondo es suficiente para que el toro se eche: aquí no ha pasado nada. Sentencian, a mi lado: «El toro no tenía poder ninguno». Es verdad. No sé si algunos elogiarán su bondad…

Tiene el cuarto toro más pitones pero pronto flaquea : surgen protestas. El animal queda corto, no dice nada y vuelve rápido. Los intentos de José Mari resultan infructuosos y el sudoroso público se impacienta. En cuanto le dejan, el animal se raja a tablas. Aprovechando el viaje, Manzanares deja un espadazo.

Cuando le salen toros manejables, Talavante está sumando éxitos en muchas Plazas con su estilo personal, heterodoxo, que sorprende a los públicos.

Talavante da la vuelta al ruedo tras cortar una oreja al primero de su lote

Talavante da la vuelta al ruedo tras cortar una oreja al primero de su loteEuropa Press

Acude el segundo al caballo al relance y se va rápido; embiste con poco celo, se refugia en tablas y tiene querencia a chiqueros: claros síntomas de mansedumbre. Talavante hace la estatua, limitándose a dejarlo pasar, y el toro huye, como era de esperar. Cuando lo sujeta por bajo, el toro va y viene sin maldad, le permite ligar fáciles muletazos hasta que se raja a tablas escandalosamente. Le aplauden mucho a Alejandro rematar una serie de naturales mirando al tendido. ¿También en Sevilla? También. Hemos visto un manso manejable y una faena vistosa. Lo mejor: Talavante mata con gran facilidad, como si la espada entrara en mantequilla, y corta la oreja, Algunos aplauden a un toro tan evidentemente manso y huído a tablas… Así está el público.

Al quinto, abierto de pitones, apenas lo pican, mansea claramente, se duele en banderillas, huye a tablas. No vemos ni un lance lucido. Ha de acudir de nuevo Alejandro a los tendidos de sol, donde el toro se ha refugiado; esta vez, desde el comienzo de la faena. Lo somete bien por bajo y logra naturales con mérito, aunque el toro protesta y puntea el engaño. Me felicitaba yo porque ayer no habíamos visto ningún muletazo cambiado por la espalda (¡Laus Deo!). Por desgracia, Talavante ha vuelto a las andadas y resulta que eso es lo que el público ha aclamado más, como si fuera lo nunca visto… A la hora de matar, el toro se pone difícil, el diestro pincha y suenan dos avisos.

Optó la Empresa por separar esta vez en los carteles a la pareja de diestros, Ortega y Aguado, que, con su estética sevillana, dividen ahora mismo a esta afición. Me parece una decisión sensata: juntar a los dos no ha dado a veces buen resultado.

Dentro de la Sevilla dual, bifronte como el dios Jano –decía Antonio Burgos–, Juan Ortega sigue la línea trianera de arrebato y pasión. Bastantes tardes le he visto dar preciosos lances y muletazos; pocas veces, en cambio, cuajar plenamente a un toro o dominar sus dificultades. Este tipo de diestros tiene siempre sus partidarios acérrimos.

Juan Ortega durante la segunda de abono de la Feria de San Miguel en la Real Maestranza de Caballería

Juan Ortega durante la segunda de abono de la Feria de San Miguel en la Real Maestranza de CaballeríaEuropa Press

Sale muy suelto el tercero, ha de bregar mucho Ortega para fijarlo y lograr unas verónicas lentas. Lo lleva al caballeo galleando aunque el toro se quiere ir y se derrumba. El toro se queda sin picar y al público le da igual. (En Las Ventas, la bronca hubiera sido épica). Brinda al público Juan y corre la mano con suavidad; cuando remata rodilla en tierra, el flojo animal también se arrodilla. El toro se ha venido abajo y la faena, también. Acaban pidiendo que lo mate cuanto antes. Sin estrecharse, deja un pinchazo hondo y el feble toro se echa.

El último toro no permite ni un lance lucido. Brinda Juan Ortega a Manzanares. Intenta conducir con suavidad las débiles embestidas. Al no conseguirlo, se arrebata, con muletazos variados. Al final, logra algunos naturales templados, con el toro desentendido. Una vez más, le hemos visto una faena hecha de retazos desiguales, como esas telas de varios colores… Y ha matado sin confianza.

Hacía falta ganas de verdad para sentarse esta tarde en un tendido de sol. Éste no es el habitual «veranillo de San Miguel» sino un bochorno insólito, en estas fechas. La gente ha pasado la tarde comprando botellines de agua –hoy, una necesidad– y comentando el número de grados que había visto, en un termómetro de la calle…

Manzanares ha tenido una tarde gris. Igual que otras veces, Juan Ortega ha dejado algunos lances y muletazos para el recuerdo pero no una faena completa. Talavante ha mostrado su facilidad y seguridad actuales. Me gustaría mucho más si dejara de mirar al público para suscitar los aplausos, un feo detalle. Y, por supuesto, si se mantuviera dentro del toreo clásico, sin esas innovaciones heterodoxas que prodiga pero él es así, ha elegido ese camino y le va bien con él…

A riesgo de ser pesado, hay que insistir una vez más en algo elemental, indiscutible: sin toros con fuerza, casta y bravura, los triunfos son de tono menor, aunque el público actual, tan poco exigente, los aplauda y aunque algunos los canten . Las figuras del toreo que los eligen no tienen motivos para quejarse cuando salen flojos, como era de esperar. El santo público que llena las Plazas merece ver otros toros.

FICHA

  • SEVILLA. PLAZA DE TOROS DE LA REAL MAESTRANZA DE CABALLERÍA. Viernes, 25 de septiembre de 2026. «No hay billetes».
  • Toros de El Puerto de San Lorenzo (2º, 3º y 4º) y La Ventana de El Puerto (1º, 5º y 6º): todos, manejables pero con muy poca fuerza y casta.
  • JOSÉ MARÍA MANZANARES, de azul y oro, pinchazo hondo (silencio). En el cuarto, estocada (silencio).
  • TALAVANTE, de berenjena y oro, buena estocada (oreja). En el quinto, pinchazo y cuatro descabellos (dos avisos, ovación).
  • JUAN ORTEGA, de corinto y oro, pinchazo hondo (silencio). En el sexto, pinchazo, estocada y tres descabellos (aviso, silencio).
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