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Ejemplares de la Biblioteca de Barcarrota

Ejemplares de la Biblioteca de BarcarrotaInstituto Cervantes

El enigma de los diez libros prohibidos del siglo XVI, entre ellos un 'Lazarillo', ocultos en un muro

El hallazgo de diez libros heterodoxos y prohibidos del siglo XVI emparedados en el muro de una vivienda de Extremadura en 1992 fue uno de los descubrimientos bibliográficos más importantes en décadas

El hallazgo en agosto de 1992 de un hatillo con diez libros prohibidos por la Inquisición en su interior emparedado en la pared de una casa del siglo XVI en un pequeño pueblo de Extremadura fue uno de los sucesos más llamativos de su género.

El descubrimiento no se hizo público hasta 1995, pero una vez levantada la liebre, las teorías de toda clase empezaron a circular entre expertos y aficionados.

Los libros aparecieron durante los trabajos de reforma de una vivienda antigua en el pueblo extremeño de Barcarrota. Se trataba de diez libros impresos y un manuscrito del siglo XVI cuidadosamente envueltos y protegidos de la humedad y otras inclemencias climáticas con una capa protectora de paja y ceniza.

La Junta de Extremadura compró a los propietarios el lote y los puso a disposición de expertos en manuscritos y restauradores para su estudio. Las preguntas se acumulaban. ¿Quién escondió los libros? Y, sobre todo, ¿por qué?

Las respuestas empezaron a desvelarse poco a poco. Lo primero que llamó la atención fue el título de los ejemplares: todos incluidos en el Índice de libros prohibidos del inquisidor Fernando Valdés.

Entre ellos, una rara edición de 1554 del Lazarillo de Tormes previa a la tijera a la que lo sometió la Inquisición para su publicación.

Además del Lazarillo, se había ocultado la Lingua de Erasmo de Roterdam, el líbelo satírico titulado Alborayque, dos tratados sobre la ciencia de la lectura de manos, un manual para realizar exorcismos, un devocionario, un ejemplar de la Oración de la emparedada y un libro erótico que circulaba de manera clandestina.

El conjunto hallado abarcaba obras escritas en italiano, portugués, latín, hebreo y francés.

En un principio se apuntó como propietario de la llamada Biblioteca de Barcarrota y responsable de ocultarlos en una hornacina en la pared protegida por ladrillos, a Francisco de Peñaranda, judío converso que ejercía la medicina y al que pertenecía la vivienda.

Sin embargo, estudios posteriores dieron un resultado muy distinto. El dueño de aquellos libros habría sido el hidalgo Fernão Brandão, hidalgo portugués refugiado en Extremadura y proveniente de Roma (adonde trató de huir primero) perseguido por la Inquisición por blasfemia y práctica de magia.

El responsable del descubrimiento fue el investigador e la Universidad Autónoma de Barcelona Pedro Martín Baños.

En su obra La biblioteca oculta de Barcarrota y el hidalgo portugués Fernão Brandão, publicado en mayo de 2026, defiende Martín Baños la autoría del hidalgo portugués y describe sus viajes escapando de la Inquisición portuguesa.

El investigador define al hidalgo como un heterodoxo, y resalta el hecho de que, junto con los libros, había oculto un amuleto. En su conjunto, todo ello resultaba muy comprometedor para el portugués, apunta Pedro Martín Baños.

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