La torería de Diego Urdiales, bajo el diluvio
Los fallos con la espada le impiden cortar trofeos, en una tarde de fuerte tormenta
El diestro Diego Urdiales toreando
Yendo hacia la Plaza, en el Metro, me sorprende ver a casi todo el mundo en mangas de camisa: debe de ser –supongo– por el bochorno que hemos vivió por la mañana. Pero ese bochorno no se queda ahí: debe de traer inexorablemente una gran tormenta. Ya lo decían los manuales escolares: «Oscuro y tormentoso se presentaba el reinado de Witiza».
Así ha sucedido. Ya en el primer toro, las nubes han cubierto el cielo, se ha hecho casi de noche y ha habido que encender los focos. A las seis y veinte minutos, de golpe, ha caído sobre Las Ventas el diluvio. Bajo una manta de agua, Diego Urdiales ha continuado luciendo su torería, la armonía clásica de su estilo: una estampa insólita y emocionante.
En pocos minutos, el ruedo se ha encharcado . Hubiera sido lógico suspender el festejo pero, después de unos minutos de deliberación, escuchados los toreros, el presidente decide parar unos minutos, para ver si escampa. Y acierta: funciona bien el drenaje y puede darse la corrida completa, aunque el agua sigue cayendo, a ratos.
Los toros de Alcurrucén, serios, bien armados, con casta, dan juego desigual; varios, ofrecen posibilidades de lucimiento. Por pinchar, antes de la estocada, Urdiales pierde la oreja en sus dos toros, después de unas faenas plenas de armonía. Fortes se luce en algunos momentos pero no redondea los trasteos. El joven Christian Parejo se muestra voluntarioso.
El diestro Diego Urdiale dirigiéndose al público
Abre cartel el riojano Diego Urdiales, que triunfó en San Isidro y está desarrollando una gran temporada. En la etapa final de su carrera, ha conseguido que muchos aficionados – no sólo una inoría, como antes– adviertan que es uno de los diestros que mejor torean . Lo reciben con una ovación.
Bien armado y veleto es el primero, que queda corto en el capote; lo lleva al caballo con torería. Lo cuidan, en varas. En el quite, Fortes resbala en la cara del toro pero se libra del percance. Después de doblarse bien por bajo, Diego corre la mano con suavidad: aunque el toro tiene poco recorrido, la torería es evidente: la escena tiene una impresionante belleza. Por pinchar antes de la estocada, pierde la segura oreja.
El cuarto, un precioso colorado ojo de perdiz, se va del capote de Urdiales, es incierto. Aunque le cuesta embestir, le saca buenos lances. Comienza la faena con preciosos y adecuados doblones a dos manos. (¡Qué bonito es ver torear a dos manos y qué pocos diestros lo hacen!). El toro es un mansito que embiste dormido y se para pronto pero Diego traza muletazos llenos de torería; algunos, al ralentí. No entiendo que algunos discutan la colocación en un conjunto lleno de armonía, en las antípodas de las rutinas actuales, que paladeamos muy a gusto. Modifico el verso de Rubén Darío: «Naturalidad, divino tesoro…» Lucir esa naturalidad delante de un toro bravo serio, bien armado, es un espectáculo magnífico. Otra vez tiene Urdiales en sus manos la oreja y otra vez la pierde por pinchar, entrando de lejos. Es raro, en un matador tan seguro, que conoce bien la técnica de la suerte suprema.
También agradó mucho al público de San Isidro el malagueño Fortes: sin duda alguna, ahora torea mucho mejor que en su primera etapa. Todavía adolece de cierta irregularidad pero intenta torear con clasicismo.
Recibe al segundo, sin probaturas, con unas verónicas magníficas, de categoría. El toro es noble y Fortes muletea con mucho gusto, con aplomo, pero dos desarmes deslucen el conjunto. Todavía consigue una buena serie de mano baja pero el trasteo ha sido largo e irregular. Sobran las bernadinas finales, suena el aviso antes de coger la espada, que maneja mal y sale perseguido hasta la barrera. (Las cuadrillas han debido estar más atentas para hacerle el quite).
El quinto, descarado de pitones, se quiere ir; lo pican trasero. Fortes intenta torearlo bien pero no lo consigue del todo. Al final, liga una buena serie pero el toro protesta. No ha logrado la necesaria conjunción. No me ha parecido verle muy ágil: quizá se ha lesionado algo en la carrera, perseguido por el toro anterior. Mata de media perpendicular y falla con el descabello.
El diestro Diego Urdiales bajo la lluvia
Completaba el cartel la confirmación de alternativa del vallisoletano Mario Navas, un torero con clase, pero una fractura de clavícula se lo ha impedido. Lo sustituye el gaditano de Chiclana Christian Parejo, que ha vivido años en Francia. El gran público no lo conoce pero los aficionados saben que causó sensación en Las Ventas hace poco, en una dura corrida de Pedraza de Yeltes. Entrar en este cartel de figuras es su gran oportunidad.
Recibe al tercero con delantales, una moda actual que me gusta poco. El toro cumple bien en el caballo, cuando el picador se coloca de frente; es noble pero flaquea. Christian intenta seguir el estilo de César Rincón, llamándolo de lejos: el animal acude, galopando con alegría, pero la suerte no se redondea. Al rematar los derechazos o naturales con el pase de pecho, queda fuera de cacho y eso desluce el trasteo. En corto, sufre una voltereta. Se vuelca al entrar a matar y el toro lo prende, abriéndole la taleguilla de arriba abajo. Se ha librado de la cornada pero lleva una paliza.
El último empuja bien en el caballo en la primera vara, metiendo los riñones; es pegajoso, en banderillas. Lo llama Parejo con el compás excesivamente abierto (otra moda actual) , aguanta parones pero no logra brillar y prolonga el trasteo sin necesidad. El público, empapado desde hace un par de horas, está deseando irse a casa a secarse. Falla el diestro con los aceros.
Con su variedad, me ha interesado el juego encastado de los toros de Alcurrucén. Christian Parejo ha estado voluntarioso; Fortes, irregular. Urdiales ha lucido su madura maestría toda la tarde, salvo al matar. Y nos ha dejado una estampa inolvidable por su torería, bajo el diluvio.
Anuncian los hombres del tiempo que las borrascas van a continuar por lo menos hasta el lunes. Y me temo que, ese día, seguiremos con el bochorno que hoy hemos sentido… Para librarnos de esa vergüenza, como cantaba Bob Dylan, tiene que llover a cántaros.
Ficha
- Madrid. Plaza de Las Ventas. Feria de Otoño. Viernes, 2 de octubre de 2026. Lleno aparente: 21.383 espectadores.
- Toros de Alcurrucén, serios, bien presentados, con casta, de juego variado.
- DIEGO URDIALES, de rioja y oro, pinchazo y estocada (saludos). En el cuarto, pinchazo y estocada (saludos).
- FORTES, de purísima y azabache, dos pinchazos y estocada (aviso, silencio). En el quinto, media perpendicular y cuatro descabellos (silencio).
- CHRISTIAN PAREJO, de azul y oro, estocada (saludos). En el sexto, cinco pinchazos y cinco descabellos (aviso, silencio).
- La corrida se interrumpió veinte minutos después del primer toro, por la caída de una fuerte tormenta.