Santiago Carrillo al frente del PCE
Entrevista a Álvaro de Grandes, historiador
«En España en 1936 el PCE llamaba ‘socialfascistas’ al PSOE y ‘anarcofascistas’ a la CNT»
Álvaro de Grandes presenta su ensayo ‘El mito del comunismo internacional’, un libro que presenta el catedrático de Historia de la Universidad CEU San Pablo Luis Eugenio Togores
La victoria de los aliados sobre la Alemania nazi y sus aliados del Eje durante la Segunda Guerra Mundial tuvo un efecto inesperado: la perpetuación del comunismo como una ideología inmaculada, libre de toda culpa y mancha, pese a los millones de asesinatos de los que fueron responsables los diferentes regímenes comunistas en todo el mundo.
Los mitos del comunismo han llegado hasta la actualidad con fuerza y, empujados por el antifascismo militante, siguen permitiendo que el comunismo se presente ante la sociedad con un sello de supuesta pureza democrática.
Sobre ello reflexiona el historiador graduado en la Universidad CEU San Pablo Álvaro de Grandes en su libro El mito del comunismo internacional (SND Editores).
El historiador Álvaro de Grandes, autor de 'El mito del comunismo internacional'
Se trata de un ensayo que abarca desde 1919 hasta 1949, «con una cronología de lo que era la organización de la Internacional Comunista, o Komintern: sus estrategias, su propaganda, su distribución por medio de varios partidos comunistas en todos los continentes, Europa, América, Asia…», explica el autor.
Al mismo tiempo, se explica «cómo fue evolucionando el Komintern en su forma de llevar a cabo la revolución mundial y, al mismo tiempo, sus contradicciones y sus retos frente a distintas idiosincrasias, así como la lucha contra el fascismo, que es también un eje central de este libro».
Álvaro Grandes analiza también en su libro «cuestiones historiográficas y cómo ha trascendido el legado del comunismo hasta nuestros días, así como el discurso antifascista, y cómo en ocasiones ha llegado a ser muy contradictorio para la causa del marxismo».
Por eso llama la atención que, a pesar de ser responsable de millones de muertos a lo largo de la historia, el comunismo no tenga la condena generalizada ni el rechazo que tienen otros regímenes totalitarios similares, como los fascismos.
«Hay varios factores que lo explican», señala el autor. «Por un lado, el comunismo empezó con la premisa de la liberación de la clase trabajadora frente a las clases explotadoras o burguesas, tal y como lo advertía Karl Marx en el siglo XIX».
Sin embargo, «las circunstancias llevaron a que, en vez de realizarse la revolución en un país industrializado, como era Alemania, se diese en uno bastante atrasado como lo era Rusia, que en ese momento contaba con una autocracia zarista».
«Después de los eventos de la Revolución Rusa llegó esta contradicción de la emancipación de la clase frente a lo que era una dictadura de verdad, que es lo que se llevó a cabo».
En ese sentido, «algo que han ocultado muchos intelectuales e historiadores es que ya desde el principio tanto Marx como Lenin hablaban de la dictadura del proletariado como una necesidad para una sociedad sin clases».
«En mi libro también defiendo que la causa del antifascismo dio una legitimidad al comunismo de cara al público porque se presentaba como un muro de defensa supuestamente por la democracia contra estos movimientos ultranacionalistas y expansionistas».
Este muro se construyó, al principio, «estableciendo alianzas con otros sectores más moderados de la izquierda, como los socialdemócratas o algunos liberales de izquierdas, pero, al mismo tiempo, hizo todo necesario para que sus propagandistas blanqueasen las atrocidades que se estaban llevando a cabo en la URSS: las purgas, las represiones, las deportaciones a los gulags…».
En ese sentido, «la Segunda Guerra Mundial, jugará a favor del comunismo» para su blanqueamiento, algo a lo que contribuye también el hecho de que los «vestigios de la propaganda marxista todavía perduren en cierta medida en Europa del este, si bien es verdad que ya no se reivindica un resurgimiento de la URSS».
Sobre la evolución actual del comunismo y de las izquierdas, donde la lucha de clases parece haberse sustituido por la lucha de identidades, explica Álvaro que «la izquierda actual poco tiene que ver con la izquierda marxista de los años 30».
«En ese momento el marxismo estaba perfectamente cohesionado y era muy homogéneo. Hoy, ya con la caída del Muro de Berlín y la desaparición de la URSS, el marxismo se ha dividido en múltiples corrientes y, en el caso de España, lo común es ver a grupos anarquistas o progresistas dispersos en las calles realizando manifestaciones o quemando contenedores».
«Pero la actitud no ha cambiado en sí. Es decir, tomemos Alemania como ejemplo: el KPD, el Partido Comunista, se pasó gran parte de su tiempo calificando a los socialdemócratas como socialfascistas. En España el PCE hizo lo mismo que su homólogo alemán llamando socialfascistas al PSOE y anarcofascistas a la CNT, lo cual es bastante curioso y es algo que mucha gente no suele tener en cuenta».