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Joaquín Díaz: «Los actuales problemas de salud mental tienen que ver con la pérdida del sostén de la religión»

Joaquín Díaz: «Los actuales problemas de salud mental tienen que ver con la pérdida del sostén de la religión»

Una exposición organizada por su fundación y la Fundación Municipal de Cultura recoge en Valladolid una colección antropológica de variados objetos devocionales bajo el título “Responsura. Las respuestas de la fe’

'Las respuestas de la fe' es el ambicioso subtítulo de la exposición ‘Responsura’ que puede verse estos días en Valladolid. La muestra, organizada por la Fundación Joaquín Díaz y la Fundación Municipal de Cultura puede interpretarse como una expresión más de ese «giro católico» del que se habla tanto últimamente. Cuestiones relacionadas con la espiritualidad vuelven a interesar y, especialmente, aquellas que exploran dimensiones de la religiosidad popular habitualmente menospreciadas, como la devoción, tal y como ocurre en esta muestra. ‘Responsura’ expone una significativa selección de objetos de fe cotidianos y populares procedentes de una vasta colección recogida por la antropóloga alemana Christiane E. Kugel que, al morir, donó a la fundación vallisoletana.

Detentes, relicarios, estampitas, aleluyas, evangelios o benditeras, entre otros objetos, forman parte de esta singular muestra, que podrá verse hasta el 22 de noviembre en la Sala municipal de las Francesas. No encontrará el espectador obras de arte aquí, aunque sí algún objeto artísticamente relevante. Lo que hallará, en cambio, es un recorrido por la piedad popular que, con suerte, podrá reactivarle recuerdos y vivencias. Si usted se ha mantenido al margen de ese mundo de creencias y todo esto es nuevo para usted, quizás esto estimule su curiosidad.

Joaquín Díaz: «Los actuales problemas de salud mental tienen que ver con la pérdida del sostén de la religión»

Hablamos sobre ‘Responsura’ con Joaquín Díaz, impulsor de la fundación que lleva su nombre y corresponsable del diseño de la exposición. Celebra el retorno al interés por la espiritualidad que hace unos meses se resumió en la expresión ‘giro católico’, y admite que esta exposición pueda situarse en ese contexto. «Muchas veces vas andando por un camino y no te das cuenta de que hay mucha gente que va andando por el mismo camino, mientras tú vas a lo tuyo. Son coincidencias que no están mal».

Su interés por las expresiones culturales asociadas a las creencias religiosas es, en su caso, una tendencia que se remonta en el tiempo. Especialmente relevante es su trabajo de recuperación de canciones populares que, si bien no se limitaban a esta faceta, sí la representaron abundantemente. Discos suyos dedicados a la Navidad, a la música de Semana Santa o a las misiones, forman parte de su abundante discografía. Una discografía a la que, aparentemente, ha decidido poner fin ahora con un trabajo, ‘El arcano de la música’, que recoge algunas grabaciones olvidadas.

«La música siempre ha sido muy importante en la religión. En buena medida, las misiones en Hispanoamérica se basaban en las canciones. Pero también la predicación aquí», explica Joaquín Díaz. «Son canciones que no se han olvidado porque, al ir unidas a un momento en el que uno hacía una reflexión sobre la propia vida, se quedaban. Uno no recuerda las canciones porque sean bonitas, sino por el momento en el que las aprende». Este impacto de las canciones lo vincula el folclorista castellano con el caso de Rosalía y su disco ‘Lux’ que interpreta como una actualización involuntaria de este recurso de predicación. «Pienso en Rosalía y pienso en las canciones de las misiones, aunque sean muy distintas. No hay otra forma de entenderlo».

Joaquín Díaz: «Los actuales problemas de salud mental tienen que ver con la pérdida del sostén de la religión»

La exposición ‘Responsura. Las respuestas de la fe’ surge, en todo caso, de una inquietud personal. «Yo las exposiciones siempre las hago muy personales, basándome en esa curiosidad que siempre me produce cualquier pieza que encuentro». Y el resultado final también está pensado para que el espectador se relacione con los objetos desde su vivencia personal. «Para una persona totalmente separada del mundo espiritual, un detente no significa nada, es sólo un cacho de tela que tiene un adorno de un corazón. Pero para una persona que ha sufrido una guerra, o ha tenido una dificultad que ha logrado superar, un detente es algo que se guarda para toda la vida. Es algo en lo que uno cree y en lo que tiene absoluta confianza; confianza que le protegerá de los males que puedan venir».

Díaz explica que hay cinco palabras en torno a las que gira todo el planteamiento de la exposición. Y, no por casualidad, la primera es la confianza. «La confianza es la que permite desarrollar la fe, luego llegan las creencias, porque una vez que uno confía en algo, cree en ello. Y luego es importante la fidelidad, que permite que tus creencias se lleven a la práctica y se conviertan en una costumbre. Todo esto es para mí el eje de la exposición y sobre eso he articulado ‘Las respuestas de la fe».

Todo este conjunto de creencias y prácticas asociadas a la religión -algunas de las cuales no eran, o son, estrictamente ortodoxas, aunque el clero suele respetarlas- son las que han sostenido a generaciones enteras de personas, otorgando una consistencia a sus vidas. «Según estaba preparando la exposición, no me podía olvidar de toda esa gente que ha vivido, por ejemplo, en el medio rural, y que no ha tenido más ayuda psicológica que sus creencias. Y eso ha sido un sostén, una fortaleza tan grande que les permitía vivir y morir en una cierta confianza», explica el folclorista y etnógrafo castellano.

Joaquín Díaz: «Los actuales problemas de salud mental tienen que ver con la pérdida del sostén de la religión»

Este carácter de sostén de las creencias religiosas ha terminado por ser reconocido incluso por pensadores ateos como Richard Dawkins que, al menos, han admitido esta dimensión benéfica de la religión. Una dimensión que quizás se percibe con más claridad ahora que tantas personas la han perdido, como consecuencia del derrumbe de la religiosidad en Occidente.

«Todos estos problemas de salud mental que tenemos ahora están, en parte, relacionados con haber perdido ese sostén de las creencias. El caos que se ha creado en la mente de las personas, por no tener un orden, y por no responder a ese orden, que era el que daba unas normas y valores… ese desorden mental, ese caos, antes no se tenía ni había», explica Joaquín Díaz. «Había casos, por supuesto, en los que ni ese sostén funcionaba, pero, en general, sí. Cuántas veces, indagando en la vida de muchas personas te reconocían la importancia que había tenido para ellos la religión. Muchos te admitían: ‘si no hubiera sido por la barca de María, o por la de tal santo u otro, yo me hubiera hundido’. Esto te lo decían a veces con unas palabras sencillas, pero te dabas cuenta del gran apoyo psicológico que había supuesto para ellos la devoción. La devoción es importantísima. Por eso creo que el retorno a determinados apoyos espirituales es fundamental. Lo veo en la gente joven que, a lo mejor ahora va más por el camino de la emoción que del raciocinio, pero ya se irán dando cuenta».

Y del mundo de la devoción trata, después de todo, ‘Responsura’, pues los objetos que muestra son, en gran medida objetos devocionales, o que expresan la confianza en la fe. «La devoción es la forma más clara de expresar la confianza en que existe ese ser superior en el que crees y que le tienes una consideración. Es como una reverencia, más que un sometimiento, aunque también lo es, en cierto modo. Pero vamos, yo creo que es más algo familiar que de protocolo».

Joaquín Díaz: «Los actuales problemas de salud mental tienen que ver con la pérdida del sostén de la religión»

«La devoción es la manifestación externa de una confianza interna. Todo eso pasa por la mente, por el espíritu, por el alma, pero luego hay que hay que demostrarlo», explica el creador de la Fundación Joaquín Díaz, quien admite que el modo como la religión católica integra el mundo emocional «es una de sus fortalezas», frente a otras religiones más ‘cerebrales’.

Entre los objetos, destacan los detentes, ya mencionados, que eran objetos de protección y, por eso mismo, muy usados por los militares cuando tenían que afrontar batallas. «Los detentes se fueron convirtiendo en un símbolo, sobre todo para los bandos vencedores», como los tercios del Imperio español, explica Díaz. Pero su uso ha llegado hasta épocas más recientes. «El detente del corazón en llamas ha sido muy común durante la época de las guerras carlistas. Prácticamente todos los militares del ejército carlista lo llevaban. Su lema era: ‘Detente, enemigo, que el corazón de Jesús está conmigo», una frase que a veces iba rodeando la imagen del corazón”.

Pero los detentes no eran el único objeto de protección. Muy común era también el uso de unas bolsitas que contenían en su interior la reproducción de cuatro fragmentos de los evangelios y que, por ello mismo, se llamaban así, evangelios. O dóminas, porque las bolsitas las solían hacer las monjas. «Esa protección se llevaba colgada del cuello en forma de escapulario y contenía unas palabras mágicas, que eran las palabras contra el mal. Eso yo creo que se mantiene hasta hoy día. Todavía sé de algunas monjas que siguen bordando esos sobrecitos en los que meten esas hojitas pequeñas que se pueden ver en la exposición».

‘Responsura. Las respuestas de la fe’ muestra también varios ejemplos de benditeras, pequeños recipientes que se colgaban de la pared y que contenían agua bendecida. «Las benditeras eran una devoción doméstica. Esa agua, que se bendecía en unos momentos determinados, especialmente después de la Semana Santa, se tenía en casa como protección contra los rayos, contra las tormentas, o bien como protección para el propio cuerpo. Las benditeras servían para que, cuando llegaba la noche, tomaras un poquito del agua bendita, te santiguaras con ella y durmieras tranquilamente». Su uso era tan frecuente que una de las que se muestran en la Sala de las Francesas procede de la casa del propio Joaquín Díaz. «Los curas de antes te daban una botellita de agua bendita para tener siempre en casa llena la benditera. Y todavía hay hoy curas que lo mantienen. Creo que hay gente que ha vivido tan de cerca eso que no puede dejar de considerarlo una parte de su educación», explica el folclorista castellano.

Pero, ¿estamos entonces ante objetos mágicos? ¿Son los objetos los que producen efectos o más bien la confianza de las personas en ellos? «Exacto. Los objetos no son mágicos, pero la confianza en ellos hace que efectivamente se produzcan efectos sobre la gente. Es así. Si tú confías en algo, eso añade seguridad a tu vida, y si no estás seguro, pues siempre estás dudando». Es verdad que siempre se puede pensar que la duda no es mala en sí misma, «pero, desde luego, es mejor que exista algo de estabilidad en las vidas de la personas. El que no quiera entenderlo, no comprenderá nunca la fuerza que tienen estas formas de devoción, pero la tienen, indudablemente».

La exposición aborda también un aspecto a menudo conflictivo de la devoción popular como es la costumbre de vestir los santos. «Los obispos, en sus visitas, solían prohibir que se vistiera a las vírgenes de forma mundana. Defendían que la imagen como objeto devocional es la imagen desnuda tal y como el artista la quiso representar, y sin necesidad de añadirle mantos de plata por encima. Lo que pasa es que la gente volvía a lo mismo. Era tan fuerte la creencia de que poniendo una capa de oro a la Virgen la añadía ese algo personal que no hacían caso».

El propio Joaquín recuerda una vivencia personal ligada a esta costumbre. «Recuerdo que una de las primeras cosas que me pasaron en Urueña es que quise saber qué había debajo del manto que cubría la imagen de la Anunciada. La gente decía: eso lo saben las mayordomas, que son las que la visten y desvisten. Entonces yo convencí a una mayordoma de que quería ver lo que había y entonces inmediatamente se me echaron encima todas las cofradías diciendo que había desnudado a la Virgen y que eso era indecoroso y un sacrilegio. Aunque, por supuesto, no estaba realmente desnuda, sino que lo que había debajo del manto era la imagen original, con la imagen de la Virgen con el niño sobre los libros de la sabiduría y el niño con la bola del mundo en sus manos. Pero luego, gracias a verla y gracias a la colaboración de Jesús Urrea, hicimos una restauración de la imagen, porque a la pobre le habían clavado un clavo tremendo para que se sostuviera la corona y todas esas cosas. Pero lo primero que me dijeron es que había cometido un sacrilegio. Y, por supuesto, luego siguieron vistiendo la imagen», explica el etnógrafo.

Con todo, Díaz encuentra una posible justificación a esta forma de proceder, además de la devocional. «Como las imágenes se deterioran por el paso del tiempo, la misma devoción llevaba a vestirlas para que no se viera esa imagen de abandono. O sea que también tenía una razón el vestirla. Pero bueno, el obispo siempre decía que no y la gente no le hacía caso».

Ese enfrentamiento entre la gente y los clérigos es uno de los aspectos de más viveza e interés de la religiosidad popular, y se manifestaba en muchos otros aspectos de la vida. Por ejemplo, en los pueblos de Valladolid, y quizás en los de otras zonas, había costumbre de organizar corridas de toros en los cementerios, cosa a la que se oponían sistemáticamente los obispos. Y muchos párrocos terminaron prohibiendo la representación de los Autos de Navidad dentro de las iglesias porque los pastores que recreaban a sus homólogos de la escena bíblica se empeñaban en que el fuego que les congregaba fuera de verdad, lo que alarmaba a los sacerdotes por el peligro que ello suponía.

«Había ahí una especie de tensión que yo creo que era positiva porque mantenía la tradición sin dejar de crear distintas formas de corregir los excesos. Yo creo que la religión católica se ha ido transformando y evolucionando gracias, muchas veces, a quienes trataban de combatirla. La religión se defendía y buscaba las fórmulas adecuadas para decir: lo ortodoxo es esto. Y a veces esa reacción iba también contra clérigos demasiado estrictos».