Rafael Sánchez Saus
Rafael Sánchez Saus: «No hay otro caso como el de las mujeres mártires de Córdoba»
Entrevistamos a Rafael Sánchez Saus a propósito de su documentado y sugerente libro «Historia de los mozárabes en Córdoba. Mártires cristianos bajo el dominio omeya».
Para comprender la historia de los mozárabes en Córdoba lanzas la mirada atrás, a la monarquía visigoda. ¿Qué rasgos tenía que la singularizaban respecto de otras monarquías germánicas de su tiempo?
El reino visigodo es juzgado ahora de forma más positiva que en otros tiempos: se valora mucho más lo que era como construcción política e institucional. De hecho, hay autores que llegan a señalar que en realidad, si vamos a buscar un paralelo, no serían tanto otros reinos germánicos, como el lombardo, el franco o los anglosajones, sino más bien el Imperio Romano de Oriente, Bizancio, aunque a un nivel superior. Estamos pues ante una realidad política, jurídica, social y cultural más evolucionada que los otros reinos germánicos o que había conservado mejor el pasado romano.
Un aspecto fundamental era el grado de institucionalización, muy en relación con la sacralización de la monarquía goda y con el papel de la Iglesia católica, especialmente a partir de la época de san Isidoro, en la primera mitad del siglo VII. Además, el reino visigodo era también, muy posiblemente, bastante más rico que los otros reinos. Las invasiones mantuvieron en España mucho del legado previo, no fueron tan destructivas como en otras zonas, incluyendo la riqueza de las zonas más romanizadas, donde su nivel económico se mantuvo en buena medida. De hecho, cuando se produce la conquista árabe, el botín es impresionante, de tal forma que la conquista de España se consideró al nivel de las más importantes entre las realizadas por el imperio árabe islámico, precisamente por ese enorme botín.
Y sin embargo, parece desmoronarse ante el avance musulmán. ¿Fue la conquista de España tan rápida y fácil como nos la explican?
La realidad es otra: hubo resistencia y hubo gran violencia. En total 8 años de campañas militares y eso que estamos hablando del ejército más poderoso de la época, que había conquistado medio mundo conocido, desde los límites de China hasta el Atlántico. Pero es cierto que la resistencia quedó muy mermada desde muy pronto, sobre todo por dos motivos: la desaparición del rey en la batalla de Guadalete y la rápida conquista de Toledo, conseguida de modo verdaderamente brillante y, sin duda, sugerida por nobles godos, porque hubo traidores que apoyaron a los moros casi desde el principio, tal vez porque pensaban que acabarían beneficiándose de la aniquilación del rey Rodrigo.
Tras la conquista de Toledo, capturado el tesoro del reino, agotadas las posibilidades de resistencia organizada, ante la situación creada, algunas zonas decidieron pactar con los invasores. Así se hizo, por ejemplo, en toda la zona del noroeste tras la caída, después de un duro cerco, de Mérida. Ese pacto preservó todas las estructuras políticas y sociales de la región, lo que explica después la rápida expansión del reino de Asturias sobre esos territorios. En la zona oriental, desde Zaragoza hasta Tarragona, que se encontraba en rebeldía contra Rodrigo cuando llegó la invasión, la conquista fue mucho más dura. Hubo ciudades, como parece que Huesca, que resistió un larguísimo asedio. La arqueología muestra hoy muchas señales de conquista violenta y muy destructiva. Aquello no fue, desde luego, un paseo militar.
¿Cómo actuaron los obispos españoles ante esta complicada situación?
Ante la desaparición del reino y la clarísima imposibilidad de una resistencia militar exitosa, lo que preocupó más a los obispos fue la defensa de su grey y de sus diócesis. Buscaron evitar que se produjesen daños mayores, porque allí donde no hubo pactos y hubo resistencia, también hubo destrucción de iglesias, saqueos, matanzas, etc. Además, muchos pudieron pensar que aquella iba a ser una situación pasajera. Posiblemente nadie creyó al principio que la conquista musulmana iba a ser algo definitivo y los pactos ayudaron a mantener esa ficción.
Hay que recordar que en el reino godo los obispos eran nombrados por los reyes. Los gobernantes árabes heredaron esa legitimidad, y ellos nombraban también a los obispos ¿A quiénes van a nombrar los emires? Pues naturalmente a aquellos clérigos que les inspirasen confianza. De modo que en pocos años los obispos primigenios van siendo sustituidos por nuevos prelados más o menos afines al nuevo poder. No quiere decir con eso que necesariamente tuviesen que ser malos obispos, pero sí es verdad que los emires van a tener una amplia capacidad para designar y trasladar a los obispos. Este fue un factor decisivo, tanto para el sometimiento de la población cristiana como para la división interna de la Iglesia entre quienes eran del gusto de los emires y quienes se oponen al statu quo establecido.
Señalas que más del 80% de la población de Córdoba seguía siendo cristiana. ¿Cómo es que siendo tan mayoritarios no se rebelaron?
Al principio, lógicamente, la población cristiana era casi la totalidad y a finales del siglo VIII era todavía superior al 90% en el conjunto de Al-Ándalus. En la época de los mártires, hacia mediados del siglo IX, estaba entre el 70 y el 80%, dependiendo de la zona. Durante muchísimo tiempo, hasta la segunda mitad del siglo X, la población cristiana fue mayoritaria en Al-Ándalus. ¿Y por qué no se rebelaron? Aunque no hubo una sublevación general, en realidad sí se rebelaron, y bastante a menudo. ¿Cómo explicar si no la parición de los primeros principados cristianos? Y también las hubo, muy importantes, aunque las fuentes musulmanas nunca dan detalles sobre ellas, en el corazón de Al-Ándalus. La rebelión más importante tuvo lugar un par de décadas después del fenómeno martirial, la gran rebelión de Omar ibn Hafsún, Samuel después de su regreso a la fe de sus ancestros. Se trata de una rebelión tanto de cristianos como de musulmanes muladíes, es decir, convertidos al Islam recientemente, todos hispanos, que se rebelan contra un poder cordobés que se considera fundamentalmente árabe y opresor. Esa rebelión se mantuvo durante cuatro décadas y llegó a dominar buena parte de la actual Andalucía, pero fue aplastada por Abderramán III.
Pero lo que impidió una rebelión general fue la ausencia de una clase dirigente civil y militar cristiana que estuviese en condiciones de encabezar esos levantamientos. El poder musulmán se encargó muy bien de evitar que pudiese surgir ese tipo de élite y la única élite cristiana que existía era, precisamente, la de los obispos, que estaban muy condicionados y, en aquellos siglos, no empuñaban las armas jamás. Por eso, las grandes rebeliones, más que los cristianos, las protagonizan los hispanos convertidos al Islam, los muladíes, que ya no están sometidos a los obispos ni tienen ningún complejo de inferioridad y de sometimiento absoluto al poder musulmán y exigen igualdad a los árabes. Lo que hay que tener muy claro es que la historia de Al-Ándalus en los dos siglos entre la conquista musulmana y el califato de Abderramán III es una continua sucesión de conflictos y guerras civiles, de enorme crudeza, como no ha habido otra en la historia de España.
¿Qué supuso para los mozárabes de Córdoba la pérdida de la catedral de San Vicente?
Fue la constatación de que la cristiandad cordobesa salía definitivamente de la medina, de la vieja Córdoba y era expulsada a los arrabales. Ese fenómeno de expulsión ya se había producido tras la conquista de la ciudad, pero había quedado el reducto del complejo episcopal, que no era solamente el templo, sino también el palacio del obispo y otras dependencias de la Iglesia. Abderramán I, el primer omeya en Córdoba, comprende que es ahí donde tiene que construir la mezquita para hacer de su capital una imagen de Medina, en Arabia, que fue el primer estado islámico bajo Mahoma. Así que fuerza un acuerdo para que los cristianos abandonen la parte que todavía tenían, porque ya desde la conquista la mitad de la catedral la habían ocupado los musulmanes y la habían convertido en mezquita. Esto afectó desde el punto de vista moral: es la constatación de que has sido expulsado de tu propia ciudad, de la catedral que estaba en el antiguo foro de la ciudad romana, ahora plenamente islamizada. Ahora bien, a cambio Abderramán I concedió una importante suma que sirvió para construir templos en los arrabales.
Y al mismo tiempo se asiste a una floración de la vida monástica en la sierra que estará en el origen del movimiento martirial. ¿Cómo es que los gobernantes musulmanes lo permitieron?
Al imponerse una presencia cada vez más intensa en todos los órdenes del islam, aquellos sectores cristianos de espiritualidad más exigente, que se sentían cada vez más incómodos, prefieren abandonarla completamente y busca refugio en la sierra cercana, de escasa población y toda cristiana. Eso explica el florecimiento de la vida monástica en la zona. Las autoridades musulmanas lo permiten porque, en ese momento, no les importa gran cosa, a ellos lo que les interesa es Córdoba. Además, hasta aproximadamente el año 830 hay una situación de cierta tolerancia, después las cosas se pondrán más complicadas para realizar nuevas fundaciones. Pero en principio no había grandes problemas siempre y cuando se tratase de lugares sin musulmanes y donde se hiciese una vida apartada.
Además, la vida monástica se convierte también en refugio para aquellos que huyen de una determinada forma de entender el cristianismo que les parece demasiado complaciente con el poder musulmán. Este fenómeno de huida es contemplado inicialmente con tolerancia por la autoridad musulmana porque tampoco le viene mal.
¿Qué ocurre el año 850 que hace que surja el movimiento martirial?
El detonante fue la ejecución de un sacerdote, Perfecto, que, fue llevado ante el tribunal del cadí, acusado de blasfemia, y lo acaban condenando a muerte. Probablemente, en tiempos anteriores no se había condenado por delito de blasfemia en Al-Ándalus, pero la corriente malikí, que considera la blasfemia merecedora de muerte y que, favorecida por los omeyas, acaba teniendo el monopolio de la vida jurídica y religiosa en Al-Ándalus, iba cogiendo cada vez más fuerza. Además, los ulemas y los alfaquíes van tomando un control cada vez mayor de la vida religiosa y social. Situaciones que hasta no hacía mucho se contemplaban con laxitud por parte del poder musulmán, a partir de cierto momento ya no son toleradas.
Muy poco después hay otro incidente que ya no afectó a un sacerdote, sino a un simple comerciante, Juan, al que acusaron de hacer burla de Mahoma cuando pregonaba su mercancía, lo que él negó vehementemente. Eso le llevó a un tormento durísimo, lo que afectó mucho a la cristiandad cordobesa, que veía estrecharse el cerco. La respuesta a esta situación es la de Isaac, el monje que primero se presenta ante el cadí para dar testimonio y situar a la autoridad musulmana ante la realidad de su actuación frente a los cristianos. En mi libro estudio muy detenidamente las circunstancias de la decisión de Isaac y su comportamiento ante el cadí, así como la reacción de este, porque todo ello es fundamental para comprender el fenómeno martirial.
¿Se puede hablar realmente de persecución en aquella Córdoba?
Esta cuestión ya se debatía en la época. San Eulogio, que narró los hechos, habla claramente de una situación no de persecución sangrienta, pero sí de hostigamiento continuo que sufrían los cristianos a manos de los musulmanes en Córdoba. Los mártires se presentaban ante la autoridad para declarar su fe y trataban de establecer un «diálogo» religioso al modo de la época, es decir, proponiendo una polémica religiosa. Hoy sus modos nos pueden parecer agresivos, pero en aquel tiempo el debate religioso tenía esas características en todas partes, como sabemos por los tratados tanto de cristianos como de musulmanes o judíos.
Una parte de los cristianos cordobeses, sobre todo aquellos que estaban más acomodados, rechazaban la actitud de los mártires y la consideraban muy peligrosa para la comunidad, y otros muchos, sin embargo, los apoyaban. Inicialmente el apoyo era mayoritario, pero cuando comienza la represión musulmana sobre el conjunto de los cristianos cordobeses, muchos se echan atrás, ahondando en la división entre las dos posturas.
Es necesario insistir en que los mártires no eran rebeldes. Con su actitud reconocían de hecho la legitimidad de la autoridad islámica, no intentan organizar un motín, cosa que les hubiese resultado muy fácil, ni usan jamás la violencia. Eso sí, se presentan ante la autoridad y proclaman su fe y la consecuencia lógica de esa fe: que Mahoma es un falso profeta. Si consideras que Cristo es Dios, entonces el islam es un error y eso es lo que proclamaban.
Los mártires buscaban hacer ver que los cristianos no podían proclamar su fe ni evangelizar, mientras los musulmanes podían, en cualquier parte, exponer la suya sin limitaciones y arrastrar a muchos cristianos a islamizar. La libertad religiosa no es solo la libertad de culto, como a menudo se piensa, sino que abarca también la posibilidad de explicar y proclamar la propia fe, algo que se les negaba radicalmente a los dimmíes.
El primero de los mártires que se presentan ante el cadí, Isaac, un hombre que había trabajado para los emires y conocía bien la situación, astutamente consigue llevar al cadí a una disputa teológica. Como tal, de ella no debía derivarse nunca la pena de muerte. Se trataba de una discusión religiosa, y si no hubiese sido porque los cristianos estaban bajo el régimen de dimma, que no les permitía afirmar su fe públicamente, no hubiera debido tener ningún tipo de de castigo. Luego, lo que está haciendo Isaac es poniendo de manifiesto la falta de libertad religiosa, de libertad de conciencia, de libertad de expresión. Por eso yo sostengo que los mártires son ante todo mártires de la fe, sí, pero también de las libertades civiles, de las que fueron adelantados más allá del aparente anacronismo. Quieren expresar su fe públicamente y eso les cuesta la vida. A los que dicen que eran unos suicidas porque provocaban a la autoridad, yo les recuerdo todos los luchadores por las libertades que ha habido en la historia a los que proclamar sus ideas les costó la vida. No son suicidas, son mártires de la fe y de la libertad.
Inicialmente gran parte de los mártires son monjes o sacerdotes, pero pronto abarca una gran diversidad de perfiles. ¿Es porque el movimiento martirial va ganando apoyos en ámbitos sociales más amplios?
En un primer momento casi todos son monjes y además relacionados entre ellos, proceden de unos pocos monasterios e incluso tienen vínculos familiares o de amistad. Asumir lo que hicieron y sus muy probables consecuencias exige un recorrido espiritual que no lo hace uno solo, aunque el momento decisivo puede llegar antes o después. Hay un momento a partir del cual san Eulogio asume el liderazgo moral e intelectual del movimiento martirial. Y Eulogio no es un monje, sino un sacerdote de enorme prestigio e influencia: hay que pensar que incluso fue elegido obispo de Toledo, aunque las autoridades musulmanas no le permitieron tomar posesión. A partir de ese momento aparecen gentes que, bajo la influencia de Eulogio y sin ser ni monjes ni clérigos, dan ese paso.
Y hay también un giro importantísimo provocado por las primeras mujeres mártires, Flora y María. Ya no estamos ante personas que se presentan ante el cadí y son acusadas de blasfemar, sino que su delito es la renuncia al islam, que era su religión primera, para confesar la fe cristiana, es decir, estamos ante el delito de apostasía, para el islam mucho más grave que la blasfemia. Santa Flora no se presenta voluntariamente, sino que es llevada ante el cadí porque en su entorno familiar se descubre que era cristiana oculta, una criptocristiana. En la Córdoba de esos momentos debía de haber muchos criptocristianos, muchos por razones familiares, porque había muchos matrimonios mixtos, y otros por arrepentimiento de haber dejado previamente el cristianismo. Desde el punto de vista musulmán es algo imperdonable que, además, podía hacer tambalearse el orden social islámico. Por ello, se extrema la persecución de estas personas.
Llama también mucho la atención la presencia tan señalada en el movimiento martirial de mujeres que asumen un papel de liderazgo. Es llamativo que se hable tan poco de ellas.
Más que llamativo es escandaloso que en nuestro tiempo, en el que la historia de la mujer ha alcanzado tanta relevancia, no se les haya prestado a estas mujeres prácticamente ninguna atención. Y, sin embargo, no existe, en todos esos siglos, un grupo tan numeroso y tan bien conocido de mujeres como las diez mártires cordobesas, de las cuales, gracias al relato de san Eulogio, conocemos detalles de su vida que no sabemos ni siquiera de la mayoría de los papas y reyes de la época. Algunas fueron mujeres de fuerte personalidad, otras de carácter menos acusado, pero todas de gran fe, de una vida religiosa personal muy intensa. Unas eran monjas, otras seglares, unas casadas, otras solteras, jóvenes la mayoría y alguna anciana. Ofrecen un panorama del universo femenino cordobés y cristiano que contrasta enormemente con la situación general de la mujer en Al-Ándalus. Son personas ciertamente extraordinarias, pero no se trata de mujeres excepcionales en su medio. Esto quiere decir que en la cristiandad hispana de la época las mujeres tenían un alto grado de libertad interior y de capacidad de dirigir sus propias vidas. No se dejan someter ni dirigir ni por los hermanos, ni por los padres, ni por la presión familiar. No hay nada parecido en toda Europa en ese momento, ni tampoco en los países islámicos es posible encontrar un conjunto de mujeres mártires cristianas como las que ofrece la Córdoba del siglo IX. Es algo muy excepcional, pero al mismo tiempo significativo de su entorno.
Frente a la dura represión musulmana, ¿cómo fue posible que el movimiento martirial durara una década?
Esto quiere decir que no fue cosa de lunáticos ni de psicópatas, la duración del fenómeno excluye que fuese la reacción momentánea ante un momento de especial dureza. Las causas de fondo existían y siguieron existiendo, y por lo tanto siguieron produciendo esos efectos durante un tiempo. Estamos ante una cristiandad acosada que es también una cristiandad muy martirial, cuya religiosidad está muy vinculada al culto a los mártires desde los tiempos antiguos.
Finalmente Al-Ándalus quedó totalmente islamizado. ¿Se puede decir que el movimiento martirial fracasó?
Sí, no consiguieron su objetivo, que era quebrar el régimen de dimma y conseguir un mayor grado de libertad religiosa. Con el martirio del propio Eulogio el golpe al movimiento martirial fue decisivo. Se demostró que esa vía no era eficaz. Los cristianos estamos muy influidos por el imaginario de las persecuciones romanas y creemos que los mártires siempre acaban triunfando. Pero no siempre es así.
Hay un momento en el juicio a Eulogio muy revelador: un esbirro que está junto a Eulogio le sacude una bofetada. Eulogio, siguiendo el mandato evangélico, le ofrece la otra mejilla y el otro le responde con otra tremenda bofetada. Yo tengo la convicción de que el islam es inmune al ejemplo de los mártires cristianos. El movimiento martirial se agota también como consecuencia de que con esos ejemplos heroicos el poder musulmán no se mueve ni un ápice, al revés, aumenta la opresión. Muchos cristianos se dieron cuenta de que el camino, con un poder musulmán establecido y una dimma ejercida de forma cada vez más intensa, no puede ser el ofrecimiento sin más de la vida. La siguiente generación asistió a la más fuerte y extensa rebelión contra el poder de los emires. Y, en último término, la cristiandad comprendió que la solución no era el martirio sino la cruzada. Al final la solución no la tuvieron los mártires, que jamás se rebelaron. Quien liberó a la cristiandad oprimida no fue el mártir, sino el guerrero.
¿Tenemos algún testimonio de cómo fue visto el movimiento martirial cordobés en los reinos cristianos del norte?
Les impresionó mucho. Viviendo aún Eulogio llegaron varios monjes desde el reino franco en busca de reliquias de los mártires cordobeses que se llevaron a Saint-Germain-des-Prés. Además, a fines del siglo IX las reliquias y las obras de Eulogio fueron llevadas solemnemente a Oviedo por orden de Alfonso III, en cuya catedral se conservan.
Se puede leer la historia de los mozárabes en Córdoba y del movimiento martirial como una advertencia para los cristianos que vivimos en Europa hoy?
No es posible trazar fáciles paralelos por encima de mil doscientos años. Lo que yo creo que tiene de enseñanza permanente es que las relaciones entre el islam y el cristianismo son siempre muy complicadas y nunca han sido lo que una historia interesada de Al-Ándalus nos pinta. Y desde el punto de vista cristiano, que no se puede aceptar nunca un estatuto de inferioridad en ningún orden porque, sobre ese principio, se construye un mundo de normas que hace la vida muy difícil y que, cuando se quiere reaccionar, ya no es posible porque esa opresión va destruyendo la capacidad de resistencia. Antes que admitir una situación de inferioridad es preferible la batalla y hasta la muerte.